sábado, 11 de marzo de 2017

No esperes nada de nadie, espéralo todo de tí




En ocasiones, solemos poner expectativas muy altas en determinadas personas. Es algo inevitable y una costumbre que practicamos todos nosotros de un modo más o menos frecuente: pensar que tu pareja debe apoyarte en todo lo que haces sin discrepar, esperar que tu familia resuelva todos tus problemas o que tus amigos, estén ahí cada vez que los necesitas.
Establecer unas expectativas muy altas en quienes nos rodean, es también un modo de coacción, casi una obligación moral a que cumplan nuestros deseos. Es un modo de vetar sus libertades, cuando en realidad, de quien debemos esperarlo todo es de nosotros mismos.

Pasamos gran parte de nuestra vida “esperando cosas”, y que las personas, actúen a su vez de acuerdo a lo que pensamos de ellas. No obstante, no somos del todo conscientes que “esperar” es en ocasiones sinónimo de “desear”, y ahí está implícita una pequeña manipulación.

Siempre será mejor que las personas que forman parte de nuestra vida actúen con plena libertad y con voluntad propia. Si hacen algo por nosotros es porque así lo han querido desde lo más profundo de su corazón, y como tal, lo agradecemos, pero si no lo hacen, no es algo que deba preocuparnos u obsesionarnos.
Es de nosotros mismos de quien hemos de esperarlo todo, tú quién debes ser capaz de resolver tus problemas sin “someter” a otros a dicha obligación, tú quien debes afrontar tus miedos y no proyectarlos en los demás….

El peligroso poder de las expectativas

“No esperes nada de nadie, espéralo todo de ti”. Es posible que esta afirmación te haya parecido algo contundente. No obstante, estamos seguros de que te habrás identificado en alguna situación en la cual, esta idea describe muy bien lo ocurrido. Las personas creamos expectativas diariamente y en cada momento, y dentro de estas expectativas, se inscribe además cierta ilusión.

Puedes crearte unas expectativas muy concreta sobre tu pareja: el que siempre estará contigo, el que no renunciará a nada por ti y serás siempre su mayor prioridad. Sin embargo, están a punto de llegar las vacaciones y te comunica, por ejemplo, que quiere ir a un viaje con sus amigos/as. Una parte de ti no puede evitar sufrir una gran decepción, una pequeña parte de tus expectativas se han fragmentado y no sabes cómo afrontarlo.

¿Significa esto que tu pareja no te quiere? En absoluto. Se trata simplemente, de que tú mismo/a te habías construido unos esquemas demasiado idealistas. En este caso el riesgo ha estado en esa expectativa en la cual, se había instalado una anticipación, y además, se había predicho varios acontecimientos futuros que ahora empiezan a fallar.

Las personas tenemos una tendencia casi natural a anticipar hechos, y a atribuir suposiciones sobre los demás a través del “yo espero”, “yo deseo”. Y cuando algo falla, aparece la desilusión y sobre todo la decpeción ¿Y sabes en qué se inscribe y de qué se alimenta la decepción la mayoría de las veces? De expectativas muy concretas y esperanzas en las que habíamos instalado una “certeza” demasiado elevada.

Nunca des nada por sentado, la decepción será menor siempre y cuando evites las altas expectativas y los apegos exagerados, y a su vez, seas capaz de ofrecer libertad a los demás. Espéralo todo de ti, porque tú eres el artífice de tu propia vida.

Huye de las certezas, acepta lo imprevisto

Sabemos que cuesta, sabemos que no es fácil aceptar que la vida es cambiante, que quien te quiere hoy puede que ya no te necesite mañana, que quien ahora te apoya puede que dentro de una hora no piense lo mismo. ¿Cómo afrontar tantas incertezas cotidianas? Ten presente de nuevo esta frase “No esperes nada de nadie, espéralo todo de ti”.

Manteniendo el equilibrio y siendo el mástil de tu propia vida, porque eres tú esa persona en la que siempre debes confiar en primer lugar, tú quien debes resolver tus propios miedos y llenar tus vacios. No amarres a nadie a esa obligación, a tener que solucionar tus cosas o a ser el esclavo de tus expectativas por miedo a decepcionarte en algún momento.

Deja que te quieran en libertad y sin sometimientos, permite que hagan cosas por ti si así lo desean, y si no lo hacen, no los sanciones ni te hundas, déjales ser como quieran que sean. Sé tú como quieres ser, aprende andar por el mundo con seguridad y con madurez, construyendo tu propia felicidad con respeto a los demás. Espéralo todo de ti y vive en armonía con los demás.

(Fuente: Valeria Sabater)

martes, 7 de marzo de 2017

¿Tienes mala suerte en el amor?



¿Cuántas veces has pensado que tienes mala suerte en el amor?

¿Y si te digo que no es mala suerte? Que eres tú, que no eliges a las personas adecuadas, que te precipitas y te emocionas antes de conocerlas, que te dejas llevar solo porque le gustas, que alargas demasiado lo que ya no funciona, que la necesidad te bloquea los sentidos y que no eres capaz de pararte a pensar qué te gusta de una persona y si esa persona lo tiene de verdad.

Al final eres tú el que te metes donde no debes y luego te lamentas.

Siempre hay una vocecita que te dice… “esto no me gusta”, pero la apartas para seguir con la inercia de “mejor esto que solo/a” o “mejor ésto que nada”.

Si cuando nos diéramos cuenta de que algo no va a funcionar, nos fuésemos sin más, no tendríamos tanta mala suerte en el amor.

¿Por qué nos quedamos a pesar de saber que algo no funciona?

¡Cuánto miedo tenemos a estar SOLOS!

Sin ese miedo seríamos capaces de elegir a nuestras parejas de forma más positiva. Sin ese miedo terminaríamos las relaciones en el momento justo de escuchar la vocecita que te avisa de que algo no funciona.

Pues claro que da miedo estar sin pareja, que no es lo mismo que estar solo. Has de cuidar de ti mismo, has de mimarte, has de tomar tus propias decisiones, has de buscarte la vida para quedar con gente, has de llegar a casa y ser capaz de distráete sin nadie… Es toda una aventura ser independiente y autosuficiente. Una buena y bonita aventura que la mayoría de personas se empeñan en saltarse y cuando  se quedan solos… necesitan tanto volver a tener a alguien que cualquier alguien les vale. NO, NO y NO. Hay que disfrutar también de conocerse, de pensar en uno mismo, de no tener obligaciones ni ataduras, de disfrutar de una pequeña parcela de soledad.

Fomenta tu autoestima porque tú vales mucho, aún sin pareja

¡Cuánto miedo tenemos a sentir que hemos FRACASADO!

¿Por qué sentimos que una ruptura es un fracaso?

Nunca es un fracaso una relación que te ha hecho feliz.

Quizás deberíamos empezar por no creer tanto en el amor para toda una vida, que por supuesto existe, pero no es lo más común. La razón es porque  las personas cambiamos mucho a lo largo de la vida y a veces resulta complicado que dos personas evolucionen a la vez.

Si el tiempo que has estado en  pareja has sido feliz… ya hayan sido tres meses, dos años o quince, no puede ser considerado un fracaso solo porque se rompa la relación. Son cambios en tu vida, puertas que se cierran y ventanas que se abren, opciones, alternativas. Cuando una relación termina, solo termina eso, una relación, no termina tu vida, ni termina tu equilibrio, ni termina tu estabilidad.

Con ello no quiero decir  que no haya que trabajar por mantener una relación, por supuesto que sí, pero ninguna relación vale tanto como para que te dejes la vida en ella. El amor hay que disfrutarlo y no padecerlo.

La mala suerte en el amor no existe
Empieza por ser sincero contigo mismo y pregúntate:

1. ¿He pasado de una pareja a otra sin espacio entre las relaciones?
2. ¿He estado en relaciones donde sabía que no era feliz?
3. ¿Me he sentido inseguro, solo y triste estando sin pareja?
4. ¿Cuantas veces he elegido yo y cuantas veces me han elegido a mi?
5. ¿Tienes claros los valores que ha de tener la persona que te guste?

Una vez te hayas contestado, reflexiona sobre cuales pueden ser los motivos que te llevan a tener miedo a estar solo y los motivos por los que no eres capaz de terminar las relaciones que te hacen infeliz.

No te puedo dar una fórmula mágica para que dejes de sentirte así. Solo puedo decirte que tu miedo no es real. Que cuando estés sin pareja, asumas el hecho de llegar a casa y que no haya nadie y si te apetece compartas piso, que salgas más a menudo con amigos o que aprendas a disfrutar de una película en el sofá de tu casa… y que sobretodo y ante todo dejes de creer que la felicidad es exclusiva de los que tienen pareja.

Me dirás la teoría la sabemos todos, difícil está en la práctica. Pues sí. Ser capaz de ponerlo en práctica es lo que marcará la diferencia. El miedo se tiene siempre, pero si eres capaz de hacerlo a pesar del miedo, llegarás a dejar de tenerlo para darte cuenta de que en realidad NO PASA NADA. No pasa nada si estás sin pareja y no pasa nada si decides terminar con una relación. Somos más fuertes de lo que pensamos. La única fórmula mágica es ser valiente. Valiente para tomar decisiones y valiente para no dramatizar.

Así que la próxima vez que sientas que el miedo está tomando las decisiones por ti, pregúntate si permites que el miedo te atenace o tomas tú las riendas de tu vida.


domingo, 5 de marzo de 2017

Pensar que no eres mejor que nadie, ya te hace mejor que muchos


Ser mejor persona no debe hacernos creer que debemos ser mejor que nadie. La referencia seremos siempre nosotros mismos.
Seguramente también tú conoces a alguien que, por su actitud, comportamiento y modo de relacionarse, demuestra precisamente esa incómoda sensación de que siempre pretende ser mejor que tú.

Cuando no necesitar ser mejor que nadie nos hace mejor que muchos


A día de hoy se está dando una curiosa tendencia que los expertos etiquetan como “materialismo espiritual”. Se trataría de ese interés actual por alcanzar un autoconocimiento tan elevado de nosotros mismos.
Ese punto en el que muchos acaban alejándose de los demás.

En esa búsqueda por atendernos, por cuidar de nuestra autoestima y de ser cada día más fuertes y mejores, hay quien tergiversa un poco los conceptos y lo enfoca de modo erróneo: aspira a ser mejor que todos aquellos que le rodean.

Es pues necesario enfocar de forma adecuada esta idea. Podemos desarrollar nuevas estrategias para fortalecer nuestra autoestima, para enriquecer nuestras relaciones y alcanzar mayores logros, pero nunca a costa de sobrepasar a los demás o aparentar ser mejor que nadie.

La personalidad humilladora

Quien practica la soberbia, quien necesita competir y aparentar superioridad, en su interior suele esconder en realidad una baja autoestima.
El placer de aparentar “superioridad”, de mostrar unas aptitudes mejores e incluso de humillar al resto con esa actitud prepotente, les sirve muchas veces para complacer su bajo autoconcepto y reforzarlo.
En nuestro círculo social, en el trabajo, entre nuestros amigos o familiares, siempre tenemos a la clásica persona que suele utilizar la ironía o la burla para ridiculizar al resto, y así, evidenciar sus mejores aptitudes, su capacidad de ser mejor que nadie.
Asimismo, también suele ocurrir lo contrario. En ocasiones, también podemos encontrar esas personalidades a las que les gusta ir de víctimas.
“Son las que más sufren”, las que mejor entienden qué es el rechazo, qué es el sentirse apartados o poco valorados.
En el fondo, son reversos de una misma cara donde ahonda una misma dimensión: un bajo autoconcepto con el cual enfrentarse a los demás para sentirse reforzados, ya sea mediante la humillación o el descrédito.

La humildad de no desear ser mejor que nadie

Nadie debe necesitar ese afán de competición o de superación personal para alzarse como el mejor, si con ello lo que ocasiona es sufrimiento o humillación al resto.

- El mayor placer reside en superarse a uno mismo, en ser mejor persona cada día tomando como referencia nuestras propias necesidades, y nunca las debilidades de los demás.
- Si ayer nos sentíamos inseguros, si no confiábamos en nuestras capacidades para aspirar a ese trabajo, para relacionarnos con esa persona que nos atrae, y hoy ya lo hemos logrado, hemos conseguido, por tanto, “ser mejores”.
- Es ahí donde reside nuestra grandeza: lograr crecer y mejorar cada día tomándonos a nosotros mismos como reflejo y no a los demás. Porque quien vive obsesionado con aparentar, con competir y desafiar, se olvida de sí mismo.
- Quien busca ser mejor que nadie no es humilde. La humildad es esa aspiración que deberíamos saber aplicar cada día en cada una de nuestras obras, en cada uno de nuestros comportamientos.
- La humildad, lejos de ser debilidad o claudicación ante los demás, es la mejor de las fortalezas. Ello se debe a que nos permite en primer lugar tener un buen autoconocimiento de nosotros mismos para, después, aceptarnos.

Mejorar cada día como personas

Una vez nos aceptamos, nuestro mayor propósito no será otro más que seguir creciendo como persona y ser mejores cada día para aspirar a esa felicidad de las pequeñas cosas que tanto nos enriquece.
Además, el ser mejor revierte en quien nos rodea.
Para concluir, sabemos que si a algo hemos de acostumbrarnos es a esas personas cuyo corazón está habitado por la vanidad y el orgullo. Lejos de enfadarnos, de aumentar nuestra rabia o desprecio, hemos de pensar que no merece la pena cultivar emociones negativas.
- Lo ideal es aceptarlas tal y como son, marcar límites y alejarnos. El éxito real y auténtico no reside en alzarse como mejor que otros en un acto de soberbia.
- El triunfo más noble está en aceptarnos tal y como somos y, a su vez, respetar a los demás aunque no compartamos sus creencias, sus comportamientos.

Las recompensas siempre llegan al final, con el adecuado bienestar interior o, por el contrario, con la sensación de que nuestro afán competitivo nos ha llevado a una indeseada soledad.
(Fuente: Mejor con salud)

domingo, 19 de febrero de 2017

Aceptar es el arte de vivir en paz con aquello que no podemos cambiar




Nada hay que perturbe más nuestra tranquilidad de bombardearnos con todo tipo de pensamientos asociados a aquello que no está a nuestro alcance cambiar. Nuestra aceptación no es nuestro fuerte cuando el ego, que lo quiere controlar todo toma el poder, nos inquieta presentando ante nosotros todo lo negativo de una situación, nos atormenta con la idea de sus catastróficas consecuencias y nos tortura con todo lo que pudimos haber hecho de manera diferente para obtener otros resultados.

Esto es lo que debemos hacer antes de sentir culpa, antes de generar en nuestro interior, agentes dañinos, buscando vengarnos de nosotros mismos. Reconocer que hicimos lo mejor que pudimos con los recursos que tuvimos en un momento determinado. Sí, puede resultar duro afrontar las consecuencias de nuestros actos, pero es parte del aprendizaje y mientras más nobles seamos con nosotros mismos, mejor aprovecharemos cada experiencia.

Si es algo que tiene que ver con otra persona, o sencillamente no tenemos alcance a generar cambios, también debemos practicar la aceptación, entender que no todo lo podemos manejar y que las acciones de los demás son su responsabilidad y debemos respetarlas.

La aceptación debe ir de la mano con el perdón, con el dejar ir, todo aquello que nos haga mal, cualquier cosa que nos limite. Es fácil reconocer qué debemos dejar ir haciendo uso de nuestras emociones, que no son otra cosa que cómo reaccionamos a lo que pensamos. Si nos sentimos tristes, asustados, paralizados, furiosos o en cualquier otro estado que no esté acorde a nuestro bienestar, allí hay algo que debemos sanar, indagamos en nuestros pensamientos y revisamos su origen, le restamos validez si podemos, los aceptamos, pero no nos enganchamos a ellos y procuramos cambiar la perspectiva.

Aprende a mirar el futuro con esperanza, sabiendo que tienes muchos más recursos y aprendizaje para transitarlo, vive el ahora con amor, cada segundo es un regalo y es un milagro. Si aprendes a ver la vida con una actitud positiva, rescatando lo bueno de cada situación, cada vez estarás más cerca de ser feliz a pesar de las circunstancias, del pasado y de lo que podría resultar el futuro.
(Fuente: Rincón del Tibet)


miércoles, 15 de febrero de 2017

Quedate con las personas con las que puedes ser autotentico



Hay personas que sacan lo más sincero, genuino y verdadero de nuestro interior, toda nuestra esencia. Son aquellos que profundizan en nosotros, que exprimen nuestra esencia y que nos hacen disfrutar de lo maravilloso que es sentirse bien siendo uno mismo.


Son esas personas que tienen algo que no sabemos definir, que nos invitan a tener plena confianza y a sentirnos con total libertad para comportarnos como queramos y como nos pide el cuerpo en cada momento…

Poder ser uno mismo se ha convertido en una excepción más que en una regla actualmente, lo que ocasiona que muchas veces nos sintamos desubicados. Esto se debe al miedo a que nos juzguen y nos etiqueten, lo que acarrea que al final ocultemos nuestros verdaderos intereses y nos pongamos una máscara para no lidiar con ciertas situaciones.
“Uno no puede ser uno mismo de manera absoluta cuando se está en público, porque estar en público ya te obliga a cierta autodefensa.” -John Lennon-

El valor de la autenticidad

A veces negamos que nos guste cierta música o que estemos interesados en unas aficiones pero no en otras. En otros momentos podemos incluso obviar u omitir información sobre nosotros que nos solicitan o que estaríamos encantados de contar.
De esta manera, poco a poco, vamos dejando de ser nosotros mismos de cara a los demás o incluso en nuestra vida interna, lo que es mucho más grave y más preocupante.

Esto genera un empobrecimiento emocional que nos deja sumidos en una característica mezcla de tristeza, melancolía y desgana. Tiene sus consecuencias en nuestras relaciones, que a su vez se tornan cada vez más insatisfactorias.

Sin embargo, a veces encontramos personas con las que podemos ser nosotros mismos y con las que nos conseguimos sentir realmente bien sin tapujos. Gracias a ese empuje nos permitimos liberarnos de esas ataduras emocionales y empezar a ilusionarnos de nuevo.

Lo cierto es que este tipo de conexiones no abundan, por lo que tenemos que apreciar cada uno de los momentos que vivimos junto a ellos, ya que nos ayudan a contemplarnos y a trabajarnos en esencia.

“La amistad con uno mismo es de suma importancia, ya que, sin ella uno no puede ser amigo de nadie más en el mundo.” -Eleanor Roosevelt-

Sé tú con total libertad

Como hemos comentado, ser uno mismo con total libertad es bastante complicado ya que depende en gran medida de lo cómodos que nos sintamos con los demás. Sin embargo, el verdadero trabajo a realizar nos corresponde a nosotros; es decir, que ser uno mismo requiere de auotconocimiento y por supuesto de motivación para ello. En este sentido, vamos a analizar qué podemos hacer:

- Acéptate, eres una persona única e irrepetible. Es normal que quieras mostrar una versión más deseable de ti a los demás, pero no es necesario. De hecho puede llegar a ser contraproducente ya que nuestra parte más amigable es la natural.
- No te centres en la imagen que los demás tienen de ti, hazlo en cómo tú te consideras. Esto nos ayuda a ser más auténticos y espontáneos.
- Es importante que trabajes para ser cada vez mejor, pero no para parecerte o superar a nadie.

Uno de los retos más difíciles es ser nosotros mismos en un mundo en el que la mayoría está tratando de aparentar ser alguien más. Valorarnos es costoso, pero ningún precio es demasiado alto por el privilegio de ser uno mismo.

Las bases para estar enamorados toda la vida


En los tiempos que corren, parece difícil que la convivencia se perpetúe. Sin embargo, cuando descubrimos parejas con éxito en su convivencia, se observa que esencialmente se aman. No hay más secreto que el amor. Pero el amor como diría Erich Fromm: «Es todo un arte que hay que aprender y practicar».


Generalmente, cada miembro de una pareja espera que sea el otro el que pueda satisfacer todas sus necesidades y exigencias. Se proyectan unos sobre otros todo tipo de expectativas que generalmente culminan en frustración y conflicto. Parafraseando a Fromm, la mayoría de la gente espera ser amado en lugar de desarrollar la capacidad de amar al otro.

Existen escuelas psicológicas  que se dedican expresamente a la atención de parejas en conflicto. En todas estas escuelas se tratan temas comunes como por ejemplo, mejorar la comunicación, es decir, expresar los sentimientos, tanto positivos como negativos, y aceptar los de nuestro compañero o compañera manteniendo una relación limpia de resentimientos; manifestar constructivamente los desacuerdos, poder negociar y llegar a acuerdos.

Isabel y José María tienen 4 hijos y llevan casados 45 años. El camino recorrido no ha estado exento de problemas: la educación de los hijos, el trabajo de ambos para conseguir un patrimonio que les diera estabilidad, y qué duda cabe, las diferencias personales que llevan a las parejas a pelearse en la batalla cotidiana por disputarse el poder y la razón. Actualmente comparten una agradable vida en común. Parece como si no hubieran discutido nunca, aunque no ha sido siempre así. Ellos son ese tipo de parejas que han sabido expresar sus sentimientos, han compartido todas sus emociones, buenas y malas, han sido sinceros y desde la sinceridad han ido aprendiendo a comprenderse y respetarse mutuamente. Jose Mari decía: «Muchas veces he sentido disgusto contra ella, pero nunca he actuado con rabia, solo se lo he expresado con buenas palabras y casi siempre hemos llegado a un acuerdo».

La antítesis de una buena actitud para la comunicación son: pasividad, indiferencia o el silencio; éstas son refinadas formas de agresividad que hieren en lo más íntimo y que generan heridas difíciles de curar.

Otro aspecto en común de las parejas con éxito está relacionado con el equilibrio entre «dar» y «recibir». Con «dar» nos referimos a dedicarse y entregarse en la relación, como por ejemplo: hacer elogios, regalar y cuidar aquellos detalles que le gustan al otro, apoyar, estar disponible para construir una convivencia en común, entre otras actitudes. «Recibir» significa saber valorar lo que el otro nos da, aceptando que hace lo que puede y sabe, y no desvalorando lo recibido, esperando más o algo diferente.

Establecer bases de confianza mutua, es una actitud de suma importancia. Significa esencialmente crear y aceptar el compromiso de estar en la relación, de entregarse a ella, sin dañarla mezclándose con terceras personas. La fidelidad es un compromiso adulto y consciente, elegido libremente. Pero a lo largo de toda una vida de relación, la sombra de la infidelidad puede estar presente. Parece normal y humano, pero traiciona y destruye un pilar fundamental. Muchas parejas no logran superarlo. Si nos enamoramos de otra persona estando en una relación estable, normalmente hay problemas, o bien personales o bien debido a la dinámica de la pareja. Generalmente la infidelidad está vinculada a crisis de convivencia que no han sido ni expuestas ni superadas.

No es fácil aceptar totalmente a la pareja. Observamos frecuentemente la tendencia a intentar que el otro actúe, piense y sienta lo más parecido posible a nosotros mismos. Esta es una actitud que va minando poco a poco los cimientos de cualquier relación ya que implica necesariamente una descalificación de las características de cada cual, actitud que provoca enfrentamientos y rencores.

Margarita y Julián tienen una experiencia de más de 20 años de convivencia. Al principio Julián se enfadaba cuando su esposa salía a trabajar fuera de casa, ya que provenía de un ambiente donde el «hombre» es quien trae el dinero al hogar. El deseo de mantener este rol familiar estaba creando una disensión grave en la pareja, ya que Margarita sentía desvalorado su trabajo y esfuerzo diarios. Las discusiones pusieron a la pareja en grave riesgo. Julián llegó a darse cuenta de que estaba anteponiendo su concepto de lo que «debe ser una pareja» al amor que sentía por su mujer. Pudo aceptar que ella era diferente de su madre y de las mujeres de su familia, incluso de su entorno familiar y social. Sin duda, hizo un gran esfuerzo, pero supo elegir entre conservar a su amor o sus ideas.

La rutina destruye todo lo que toca en las relaciones de pareja; es un escollo que debe ser evitado a toda costa.

Vicky y Juan son, antes que nada, compañeros. Ambos se conocieron en un club de montañismo. Vicky tuvo la experiencia de sufrir la mala relación de sus padres, quienes además de no soportarse se aburrían en una convivencia pobre y triste. Como consecuencia de esta vivencia, Vicky ha buscado ingeniárselas para pasarlo bien con su pareja. Ambos están pendientes el uno del otro para crear ambientes y actividades que enriquecen sus vidas. Sin duda esto es un esfuerzo que merece la pena.

Lo positivo del paso del tiempo es que nos regala «madurez» para saber aceptar progresivamente las diferentes etapas por las que atraviesa una pareja.

En los primeros momentos de la relación se crea una especie de simbiosis. Algunos autores denominan estos comienzos como la «luna de miel» en la que ambos se funden olvidándose del mundo. Estas primeras etapas, llenas de pasión dan paso, poco a poco, a estados emocionales diferentes y no por ello menos intensos y ricos. Quienes pueden nutrir la pasión con gestos de ternura y sin exigencias tienen el camino abonado para una convivencia plena y grata.

Rafael tiene 75 años, enviudó hace cinco. Para él, lo más destacable de la convivencia con su esposa fue la ternura con la que siempre vivieron. La fogosidad de los primeros años fue calmándose a lo largo del tiempo, pero supieron adaptarse y, en las últimas etapas, nunca faltó el cariño y la ternura con lo que pudieron paliar perfectamente sus necesidades sexuales.

Una placentera sexualidad es imprescindible en una relación a largo plazo, pues es el reflejo de un intercambio profundo e íntimo, y representa que es placentero para ambos. Puede no existir una exuberante manifestación sexual, cada pareja tiene sus necesidades diferentes, pero si por las razones que sean, no hay sexo o éste es escaso, que nunca falte la ternura y el cariño.

Otra asignatura del «arte de amar» es crear una relación basada en la empatía.

Si la pareja se establece sobre el amor, sin duda, ambos compañeros pueden sentirse seguros para poder compartir los puntos débiles, y el compañero mostrará una actitud de protección, respeto, en total ausencia de crítica o mala intencionalidad. Debe ser una danza equilibrada en la que uno puede sentirse inseguro en un momento dado y ser protegido, y en otro momento cambiar el rol y apoyar en su debilidad al compañero. De este modo se crea un ambiente de intimidad que posibilita una profunda y fuerte conexión. Es difícil que una pareja se destruya fácilmente si comparte sus puntos vulnerables.

Demostrar admiración mutua, ser cómplices, hacer balance positivo de la relación, ayudarse a ser independientes, ser sinceros, reír juntos, echar mano del sentido del humor en situaciones difíciles, decir «te quiero», cuidar los espacios para disfrute de la pareja, jugar y disfrutar del sexo, pedir demostraciones de afecto sin exigencia, dar afecto sin chantaje, también son buenos recursos para llegar a ser una pareja longeva. En cualquier caso, conseguir crear y fomentar todas estas actitudes no solo es todo un arte, también es la mejor forma de afirmar que el amor existe, pues de otro modo no será posible.
(Fuente: Victoria Artiach)

sábado, 11 de febrero de 2017

Hay 1.000 manera de decir "te quiero"



Está muy próximo el día de San Valentina, el día de los enamorados, que mejor momento para preguntarnos como expresamos nosotros el amor.
Esas dos palabras tan simples, pero que nos cuesta tanto decir, pueden expresarse de diferentes formas: a través de un abrazo, preocupándose por el otro, cocinando una comida favorita, yendo al cine a ver una película que no nos guste, etc. Así, un te quiero es un abrazo, un tiempo en silencio, preguntas que le demuestran al otro que le escuchamos o echar una mano cuando la persona a la que queremos se siente agobiada.

Un sentimiento se pueden mostrar tanto con hechos como con palabras. Sin embargo, solemos creer que solo a través del lenguaje se puede “hablar” de un sentimiento. Algo que no es cierto, porque si prestamos atención a las actitudes del otro nos podremos dar cuenta de lo que realmente siente. Existen miles de maneras de decir “te quiero” sin necesidad de usar esas dos palabras.

Lo que implica un "te quiero"

Cuando estamos en una relación de pareja recién iniciada y ya nos hemos llevado unos cuantos palos en esto del amor, tardamos algo de tiempo en revelar nuestros verdaderos sentimientos. Comenzamos con un tímido “me gustas” y solo decimos te quiero cuando estamos muy seguros de nuestros sentimientos.
Estar expuestos da la sensación de que somos vulnerables, sensibles e incluso “cursis”. Así, además de protegernos, parece que revelando nuestros sentimientos no ponemos al otro en el compromiso de decir que los comparte. Así es como empieza y se mantiene el silencio y así siguen pasando los días, las semanas o los meses.
Si bien cada persona tiene sus tiempos para decir “te quiero”, lo cierto es que esas dos palabras guardan en su interior mucho más que afecto. Simbolizan un compromiso, una apuesta, un paso que quizás aún no estamos dispuestos a dar, pero que muchas veces nos gustaría.

¿Cómo decir te quiero sin usar esas palabras?

No estamos hechos de piedra ni somos robots sin sentimientos. Así, que no nos animemos a expresarlos con palabras es otro tema completamente diferente. Tal vez creas que la única manera de decirle a tu pareja, a tus padres, a tus amigos  que los quieres mucho es con las “dos palabras mágicas”.
Sin embargo, existen miles de formas distintas de demostrar el afecto, el cariño y el amor. Se basan en las actitudes que tenemos hacia los demás, en cómo nos preocupamos por ellos y queremos que estén bien. Las acciones del día a día pueden expresar más lo que sentimos que pasarnos al otro extremo y pronunciar “te quiero” continuamente.

¿Cómo ha estado tu día?”, Conduce con cuidado”, “No olvides llevar una chaqueta”, “He preparado la lasagna como a ti te gusta”, “Elige tu la película”, “¿Has dormido bien?”, “Yo me encargo de llevar a los niños”, “Quédate en la cama y te llevo el desayuno”, “Qué bien te queda esa falda”, “Compré las galletas que te gustan”, “¿Quieres que te lleve en el coche?”, “Has hecho un excelente trabajo”, “Qué deliciosa está la cena”… y la lista podría continuar.

¿Has visto de qué manera tan sencilla podemos demostrarles a los demás que les queremos? Las acciones son tan valiosas como un “te quiero” repetido entre temores y prejuicios. Seguro conoces el refrán popular que indica “una imagen vale más que mil palabras”. En este caso diríamos “una buena actitud es buena y mejora cuando la acompañamos de dos simples palabras y de acciones que reflejan lo que estas expresan”.

No te sientas avergonzado  de decir estas dos palabras milagrosas, únicas y maravillosas. Te sentirás realmente feliz y harás feliz al otro. Pero también recuerda que “las palabras son débiles frente al viento” y que para que contribuyan a los cimientos de una relación deben estar acompañadas de hechos.

“Te extraño”, “Cuídate”, “Que tengas buenas noches”, “Estaba pensando en ti”, “En el horno hay comida lista”, “Avísame cuando llegues a casa”, “Lleva paraguas”, “¿Te preparo un café?”… 
¿De qué manera dirás “te quiero” hoy?
(Fuente:La mente es maravillosa)

miércoles, 4 de enero de 2017

El mejor regalo


Cuenta este cuento la historia de Juan, un afortunado hombre al que su acaudalado hermano le regaló un coche nuevo increíble para Navidad. “No puede haber un regalo mejor que este”, murmuró Juan. Pero el destino le tenía preparada una sorpresa a la vuelta de la esquina.
Cuando Juan fue a trabajar, estacionó su nuevo coche en un lugar donde todos lo pudieran ver. “Quería compartir su felicidad con sus compañeros”, pensó mientras lo estacionaba. Pero a veces nuestra cabeza no nos dice toda la verdad. En realidad el ego de Juan, escondido internamente, solamente quería hacerse notar y sobresalir. Para el, tener un buen coche nuevo cobraba más sentido si los demás podían también verlo y apreciarlo.

Cuando salió del trabajo, vio que un niño de la calle se encontraba frente a su coche, con mirada embelezada, 
“¿Este es su auto, señor?” Preguntó el niño extasiado.
Juan contestó con el pecho erguido y la frente bien en alto: “Así es pequeño, y si quieres sorprenderte un poco más te puedo decir que no pague nada por el ya que mi hermano me lo regaló para Navidad”.
“¿Su hermano se lo regaló y no pagó nada por el?” Repitió el pequeño que no salía de su asombro.
Un suspiro en forma de palabra salió de la boca del pequeño: “Uauuuuuuu, como me gustaría….”.
“Si, si… es claro niño que te gustaría tener un hermano así que te hiciera estos regalos. Ya me lo han dicho varias veces en los últimos días”, interrumpió Juan mientras su ego tomaba un tamaño tal que parecía explotarle en el pecho.
Y el niño, sin poder escuchar las palabras de Juan ya que se encontraba viviendo en su imaginación una escena que solo el podía presenciar, terminó la frase que ya había comenzado: “Como me gustaría…… ser un hermano así”.

En ese momento la cara de Juan se desfiguró por la respuesta y su ego explotó en mil pedazos.
Y en tan solo un instante Juan experimentó la sensación de ser la persona más admirable, a ser la persona maaaaaas pequeña e insignificante del planeta.
Luego Juan sintió admiración por semejante respuesta inesperada, la cual mágicamente había logrado transmutar su egocentrismo en profunda bondad.

“Te gustaría dar una vuelta en mi auto, pequeño?”
¡Oh si, eso me encantaría!
Y así fue como los dos salieron juntos a recorrer la ciudad en auto. Pero lo increíble era que los dos iban igualmente alegres, pero fuentes muy diferentes alimentaban esa alegría en cada uno. A Juan le alegraba ver la mirada de admiración de los transeúntes que se giraban para verlo pasar (aunque en realidad la gente solo veía el auto y no prestaba atención a quien iba dentro). Pero al pequeño se alegraba soñando en su interior mientras viajaba en ese auto.
De repente el pequeño preguntó: “Señor, ¿no le importaría que pasáramos frente a mi casa?”. Juan rió a carcajadas mientras pensaba que el niño quería mostrar a todos sus vecinos que era capaz de llegar a casa montado en un increíble automóvil como el suyo. Pero Juan no tenía la menor idea de lo diferente a el que era el pequeño.
Nuevamente el destino le tenía preparado otra sorpresa mas, a tan solo unas pocas calles de distancia.
“Aquí es, ¿podría ser tan amable de detenerse en esa puerta?”, preguntó el niño que parecía explotar de la alegría anticipando lo que estaba por suceder.
El auto detuvo su silencioso motor, y el niño bajo corriendo y se perdió por un pasillo. Al rato Juan lo vio volver, pero esta vez venía mucho más despacio…… y acompañado.
Traía en brazos a un niño aún más pequeño, que luego descubriría que era su hermanito, y también descubriría que era un niño con discapacidad y que sus piernitas nunca habían logrado caminar por tener una enfermedad desde su nacimiento.
Y en ese profundo silencio, se escuchó que el niño le susurraba a su hermanito al oído: “Ves, allí esta Juan y su auto tal como te lo dije.
Su hermano se lo regaló para Navidad y a el no le costó ni un euro. Algún día yo te voy a regalar uno. Y juntos vamos a recorrer en el, las diferentes ciudades del mundo.”

Sin lugar a dudas, Juan había recibido en esas navidades el mejor regalo, un regalo que transformó por completo su forma de ser y de ver el mundo.
REFLEXIÓN:
Este cuento enfrenta en su relato a dos formas de ser, opuestas entre sí:
Por un lado tenemos a Juan:
- Para el, ser es tener. Cuanto más tengo más soy “A Juan lo alegraba ver la mirada de admiración de los transeúntes que daban vuelta la cabeza para verlo pasar”…. “Juan rió a carcajadas mientras pensaba que el niño quería mostrar a todos sus vecinos que era capaz de llegar a casa montado en un increíble automóvil como el suyo”.
- Compite con su entorno. Busca sobresalir y hacerse notar. “Para el tener un buen auto nuevo cobraba más sentido si los demás podían también percibir esto”.
- Busca recibir. Cuanto más recibe, más feliz es. “es claro niño que te gustaría tener un hermano así que te hiciera estos regalos”
Por el otro lado está el niño:
- Simplemente es, y el tener tiene sentido no por lo que representa para los demás sino por su mera utilidad. “Algún día yo te voy a regalar uno y juntos vamos a recorrer las diferentes ciudades del mundo.”
- Busca ayudar a los demás. - Busca dar. Cuanto más da, más feliz es. “Como me gustaría ser un hermano así”
No es casualidad que el niño de la historia tiene una gran humanidad, aunque en su vida hay muchas dificultades.
Muchas veces el sufrimiento es la puerta de acceso al conocimiento profundo. No es la única puerta de acceso, pero es la que la vida utiliza como maestro cuando las formas de aprendizaje menos dolorosas han fracasado.
Y por lo general suelen fracasar, es que los seres humanos somos difíciles en el arte de cambiar.
Es verdad que la idea de dar, esperando recibir esta muy instalada en nosotros. La idea de dar sin importar si se recibe, si bien suena atractiva, parece utópica.
Seguramente estaríamos dispuestos a dar sin esperar recibir, si tuviéramos la garantía de que el resto de la gente hiciera lo mismo (lo cual en el fondo significa que queremos dar esperando recibir).
El que aún no sintamos en nuestro interior la certeza de que queremos dar sin esperar recibir, no significa que esta no sea la dirección a la cual dirigirse. Simplemente muestra que aún estamos lejos de llegar a ese destino.
Así como aprendimos a hablar hablando, a caminar caminando, se aprende a dar sin esperar recibir…. simplemente dando.
(Fuente: Irene Villa)

miércoles, 21 de diciembre de 2016

El secreto del pensamiento positivo


12 Ejemplos que demuestran que el pensamiento positivo puede cambiar nuestro destino.
Tus pensamientos importan. Tus pensamientos crean tus sentimientos, tus sentimientos crean tus acciones y tus acciones crean tu vida. Están todos interconectados, sin excepción. Procura tener pensamientos positivos.
Un proverbio africano dice “cuando no existe enemigo en tu interior, el enemigo de afuera no puede hacerte daño”. 
Muchas veces la única barrera que nos separa de nuestros sueños somos nosotros mismos y un muro erguido con bloques de pensamientos negativos y dudas. Pero no se ha construido nunca una pared que no pueda ser derribada, y este artículo quiere darte las herramientas para darle los primeros golpes a esa pared.
1. Nunca te dejes engañar por aquellos que te hagan pensar que eres muy joven, muy viejo, que te faltan estudios o te sobran estudios, que te falta experiencia, que es muy tarde para cambiar o es muy pronto. El mejor momento para cambiar es ahora y tú en tu interior lo sabes.
2. El Dalai Lama dijo una vez “cuando dudes entre lo que dice tu corazón y lo que dice tu cabeza, sigue a tu corazón, que aún si te equivocas tu cabeza podrá ayudarte a aprender” Sigue tu voz interior que ella es sabia y te conoce mejor que nadie, ella sabe cuáles son las palabras que debes decirte para ser más positivo y seguir creciendo como persona.
3. Dice un poema “El perdón es el aroma que deja la flor en el talón que la ha pisado”. Muchas veces el aferrarnos a situaciones o personas del pasado no nos permite avanzar hacia donde queremos. Todo ese rencor acumulado es como querer caminar con un pie atado, sólo podrás andar en círculos. Por eso, aprende a perdonar, en especial a ti mismo.
4. Winston Churchill una vez dijo “Pasé más de la mitad de mi vida preocupándome por cosas que jamás iban a ocurrir.” Deja las preocupaciones de lado y confía en que cuando una situación inesperada llegue tendrás las herramientas y capacidades para superarla. 
5. Aristóteles dijo una vez “Somos lo que hacemos repetidamente. Por eso la excelencia no es un acto, es un hábito” El pensamiento positivo es parte de la excelencia como personas que venimos a desarrollar. Por eso es importante que te repitas constantemente frases positivas sobre ti mismo.
6. Buda nos enseñó “Hoy somos el resultado de nuestros pensamientos de ayer y mañana seremos lo que hoy pensemos” Es nuestra responsabilidad convertirnos en aquello que queremos, aunque ya no podamos hacer nada por lo que pasó es mejor tomar responsabilidad por lo que será de ahora en adelante. Lo importante es recordar que podemos ser y llegar donde queremos. 
7. San Agustín dijo “ Toda mi vida busqué a Dios en el exterior y estuvo siempre dentro de mí” Todas las respuestas, ideas, posibilidades y potenciales que necesitas están dentro de ti. Solo recuerda escuchar tu voz interior y confiar en que el resultado siempre será el más apropiado.
8. EL coach Les Brown dice “Apunta a la luna, incluso si fallas aterrizarás entre las estrellas.” Busca metas que te saquen de tu zona de confort, que te lleven a crecer y expandirte y que sobre todo dejen un impacto positivo en los que te rodean. Esta es la mejor forma de asegurar que las fuerzas del universo estarán de tu lado.
9. Aquello en lo que te enfocas lo atraes. Una de las máximas modernas más importantes que puedes escuchar.
10. Los grandes meditadores dicen que el universo no responde a lo que decimos sino a lo que sentimos. Por eso cuando desean amor, prosperidad o salud simplemente evocan en sí mismos las sensaciones que experimentarán en ese momento llenos de amor, prosperidad o salud. Así el universo responde a sus peticiones.
11. Napoleón es un ejemplo del poder de la mente. Era el número 42 de su clase en la Academia Militar. Pregúntate cuántos monumentos y libros se han destinado a ese número 42, y si existe alguno de los otros 41 que en esa academia eran considerados superiores a Napoleón que sea recordado. Él tuvo fe, visualizó, creyó y logró una meta, que no entraremos a comentar si fue noble o no, sino a valorar lo que la mente pudo lograr. Partiendo de la base que tus metas serán justas, lógicas y nobles, sin importar en el lugar en que ahora estés, pues ese es precisamente el mejor lugar para iniciar el cambio positivo en tu vida, de la misma forma triunfarás.
12. Todo en la vida está preparado para que tú seas lo mejor que puedes ser y cumplas con tus misiones de vida. Ten confianza en que hay razones por las que vives cada una de las experiencias de tu vida. Baila al ritmo de la vida y verás como terminarás brillando más allá de lo que nunca te has imaginado. Tú puedes, tú eres capaz, tú lo lograrás, ¡tú te lo mereces!
(Fuente: Amor y vida zen)

miércoles, 30 de noviembre de 2016

Cuida a las personas que hacen bonito tu mundo


Las personas que hacen bonito son quienes te reconfortan, te sacan sonrisas, te sosiegan y te mantienen fuerte ante la vida. Con ellas las personas que hacen bonito tu mundo las relaciones son sólidas, consistentes y leales.

La persona que hace bonito tu mundo es la sincera, la que aprieta la mano y cuando mira a los ojos llega hasta el corazón. Su sola presencia emociona, porque respetan, porque no juzgan y porque siempre dan la cara. Por eso son las personas que hacen lindo nuestro mundo.

Hay personas que nos encantan. No por nada en concreto, sino porque nos ofrecen confianza y placidez. Son relaciones que se cultivan en los pequeños detalles, sinceras y verdaderas. Son aquellas que se pueden alimentar con miradas de complicidad y pequeños gestos, pues cada detalle se convierte en una gran obra.

Estos sentimientos suelen ser recíprocos y hay ciertas reglas no escritas que prevalecen entre ellos. Sin embargo, muchas veces se nos olvida que los “te quiero” también hay que pronunciarlos y que la gratitud es el mejor alimento para el alma.

Así es que con frecuencia descuidamos algo tan importante y vital como es la demostración del afecto y la atención a las necesidades afectivas de nuestras parejas en este baile de la vida. Por eso, las personas que hacen bonito tu mundo también se merecen que hagamos bonito el suyo.

Lo que se descuida, se pierde
Se dice que el amor dura tanto como lo cuidemos y lo cuidamos tanto como lo queremos. Así, si bien somos humanos y a veces cometemos errores que pueden llevar a equívocos en relación de nuestro afecto, lo cierto es que no podemos permitirnos dejar escapar a las personas valiosas.

Tristemente es común que ignoremos a personas importantes por pura desidia, por falta de tiempo o por cierto desinterés teñido de egoísmo. Solemos cometer el error de no dedicar el tiempo necesario a “demostrar” a esas personas lo importantes que son.

¿Cómo cuidar las relaciones?
Así, también es probable que en algún momento hayamos sentido que alguien nos deja de lado y nos hayamos vuelto locos intentando comprender qué ocurría. Este sufrimiento es innecesario y podemos evitarlo de muchas formas:

- Generalmente basta con unas palabras que hagan comprender que la ausencia o la distancia no significan jamás el olvido y que a pesar del “abandono temporal”, la presencia permanece.

- Aún así, demostrar a alguien que nos importa es algo que lleva tiempo y que hay que construir poniendo especial cuidado en que la relación sea saludable y que esté alejada de dependencias y excesos emocionales.

- Cada ladrillo debe estar elaborado con la más absoluta sinceridad; esto es sin egoísmos ni segundas intenciones. Así, tenemos que tener en cuenta de que no debemos crear necesidades, ni siquiera la de la compañía.

- Esto se logra a través de la comunicación y la expresión sincera tanto de nuestros pensamientos como de nuestros sentimientos. Como es natural debemos hacerlo siempre planteando que somos nosotros quienes nos sentimos así, no la persona que tenemos delante la culpable del malestar o, incluso, del bienestar.

- Las relaciones necesitan del tiempo y de las experiencias para nutrirse, sustentarse y crecer. Si dejamos de dedicar tiempo, mostraremos falta de interés y, como consecuencia, alejaremos a aquellas personas imprescindibles.

No podemos dejar escapar a aquellas personas que hacen bonito nuestro mundo. Con ellas podemos ser nosotros en toda nuestra esencia y con total libertad, lo cual es algo tan magnífico como inusual. Por eso, cuida y enriquece tus relaciones, y hazlo siempre desde la más absoluta sinceridad.

sábado, 26 de noviembre de 2016

Tengo prisa y voy con niños


Mi hija sale del cole a las 5. A las 5 y cuarto empieza su clase de inglés. Sé que parece un poco justo, pero esa es la hora de inicio y no depende de mí. En principio son solo 200 metros o ni eso. 
Así que tenemos menos de 15 minutos para “Hola qué tal”, merendar y llegar a inglés. Esto hace que me encuentre con situaciones como la de hoy, que “me he visto”alternando “¡Cómete él yogur!” con “¡¿Te puedes dar prisa?!”. Y luego me he sentido fatal…

Quienes tenemos hijos, sabemos lo que es ir “a la carrera”. Sabemos lo que es ir con prisa, y lo complicado que puede llegar a ser presentarse a la hora. Ser puntual. A veces parece que vamos con tiempo, y en el último momento surge la necesidad de ir al baño, de cambiarse de ropa porque se ha mojado mientras se lavaba los dientes, o de “negociar” qué juguete va a llevar. Otras veces, vamos justos de tiempo… porque sí.

Tenemos que tener en cuenta que los adultos tenemos la capacidad de meter “el turbo” y reducir los tiempos. Podemos desayunar en 20 minutos pero también en 10. Podemos ducharnos en 10 minutos y también en 5. Podemos vestirnos en 17 pero también en 7. Todo depende de la prisa que tengamos.

Los niños no nacen con esa capacidad. Aún tienen esa parte de inocencia que deben conservar, que les hace disfrutar cada momento, entretenerse con cada cosa y necesitar “5 minutos” extra para peinarse y mirarse al espejo buscando paz.“5 minutos” extra… para ser niños.

¿Se puede cuidar el bienestar emocional con prisa?
“Las prisas” pueden dejarse “crecer sin control” y derivar en situaciones poco recomendables para el bienestar emocional de los niños. Todas ellas pasan por actuar como si hubiera un peligro inminente, por estresarnos y estresar, por presionar y por dañar con mensajes, con gritos o con malas caras.

Desarrollar la capacidad de detectar que tenemos prisa, es el primer paso para saber que es posible gestionarla de forma adecuada.

¿Cómo gestionar la prisa?

1.- Anticipate 
Calcula un tiempo prudencial de margen, que te permitirá gestionar de forma tranquila los imprevistos.

2.- Transmite 
Habla con tu hijo de la importancia de llegar a los sitios a la hora. Muéstrale que la puntualidad se valora. Hazle partícipe y responsable de sus rutinas y actividades diarias para que se implique en ellas.

3.-Valora 
Identifica el motivo de la prisa y diferencia el grado de urgencia para poder dar una respuesta acorde a la situación.

4.- Pon música
Elige canciones acordes que acompañen a la velocidad que necesitas. Puedes favorecer la velocidad cantando y bailando una de esas canciones que cada vez van más deprisa. Seguro que así llegáis antes.

5.- Juega a hacer carreras 
Abusar de hacer juegos de carreras puede favorecer una competitividad excesiva, pero cuando hay prisa, es un recurso aceptable. También puedes jugar a pillar  mientras vais andando.

6.- Felicítale por el esfuerzo 
Dale las gracias por entenderte y ayudarte.

7.-Dale afecto 
El cariño no debe faltar nunca, y en situaciones tensas aún menos. No te olvides de abrazarle y decirle que le quieres.

8.- Activa tu propio semáforo
Respirar, pensar y actuar siendo congruente con el color, nos facilitará el cuidado del bienestar emocional del niño.
Rojo
Piensa en color rojo cuando se trate de un riesgo vital como acudir al hospital por un problema serio. Son momentos en los que no siempre podemos pensar con claridad y hay que “escuchar” el impulso de supervivencia.
Este impulso tiende a “salir” en la mayoría de las situaciones de prisa y nos dificulta actuar cuidando. Tenerlo en cuenta, nos permitirá identificar de forma correcta la gravedad y medir la intensidad de nuestra respuesta.
Naranja
Reserva el color naranja para momentos en los que darse prisa, puede marcar la diferencia entre llegar puntual o llegar tarde. Recuerda que los niños necesitan años para aprender los ritmos adultos y desarrollar la capacidad de hacer las cosas sin “ralentí”.
Ayudarles a no entretenerse cuando se tiene prisa, es la mejor forma de “ganar tiempo”. Sustituye los gritos y las descalificaciones por darle la mano y decirle “Cariño, ayúdame a hacerlo todo muy rápido para que lleguemos a la hora. Es importante”. Recuérdaselo las veces que consideres necesario y no te olvides de tocarle cuando lo hagas. Le hará conectar contigo, con tu preocupación, con tu necesidad.
Verde
El color verde indica que llegamos tan tarde, que es preferible parar, y tardar 5 minutos más pero vivir en armonía. Un momento “verde”, podría ser habernos despertado una hora tarde porque no ha sonado el despertador.

La mayoría de las prisas, pueden situarse en color naranja. Tener en cuenta que nos pueden provocar rabia pero que no implican riesgo vital, puede posibilitarnos valorar opciones:
– ¿Es preferible que se coma el yogur subiendo la cuesta al compás de algún grito?
– ¿Es mejor que meriende a la salida de inglés?
– ¿Será conveniente hablar con la profesora y decirle que llegará 5 minutos tarde para que pueda subir la cuesta merendando tranquila y que entre a clase receptiva porque se le ha cuidado?
– ¿Y si merienda lo que le da tiempo hasta la hora de empezar la actividad? a su ritmo, lo puede hacer mientras le dé tiempo antes de que empiece la clase.
Anticípate a las situaciones, y crea tu propio “protocolo”. Poner en orden tus prioridades te servirá de ayuda para contener el impulso y te dará ventaja para reflexionar de qué forma cuidas más el bienestar emocional de tu hijo.

"Cuidar desde el respeto y el cariño siempre es importante"

miércoles, 23 de noviembre de 2016

No llores. Sé un niño fuerte



Hoy en el parque había un niño aprendiendo a andar en bici. Lo estaba intentando con todas sus ganas, pero en uno de los intentos, se ha dado un golpe. Aparentemente no se había hecho daño, pero el niño lloraba desconsoladamente. Podría ser un lloro por impotencia, por rabia, por el susto, por el disgusto, por dolor, por vergüenza… muchísimas cosas.

Esperaba haber visto un padre preocupado, angustiado o sobrecogido al ver llorar a su hijo. Esperaba haber visto a un padre abrazando a su hijo y diciéndole “no te preocupes”. Pero no. Ese padre le decía: “no llores, sé fuerte… no ha sido nada… por eso no se llora“. Y su tono no ayudaba.

¿Que pasa con el llanto?
Dejamos reír, pero no siempre dejamos llorar. Y eso confunde a los niños. Por eso hay quien siendo adulto… no sabe llorar. No sabe porque no se le ha permitido.
Cuando escuchamos llorar a un niño, se nos activan las “alarmas”. Nuestro propio estado emocional se altera y puede pasar por la pena, la empatía, la rabia, la impaciencia… No todos sentimos de la misma forma ante el llanto de un niño. Hay quien respeta que llore, pero tendemos a consolar e intentar que sus lágrimas terminen cuanto antes.

¿Es bueno para su bienestar emocional?
Si el niño deja de llorar por imposición, por presión, por amenazas, porque escucha “no se llora”, “eres un miedica”… estará recibiendo el mensaje de que no debe compartir sus emociones. Estará interpretando que sus emociones no se respetan, que molestan y que debe esconderlas porque no son bien recibidas. Este tipo de actuaciones, favorecen que el niño se sienta emocionalmente contenido e introvertido y que no pueda desarrollar todas las capacidades de su inteligencia emocional.
Hay una forma sana de reducir el llanto del niño que pasa por entenderle, por empatizar con él, y por recogerle. Esta atención llena de cariño, posibilitará que deje de llorar porque ya no necesita hacerlo, y por tanto, será positivo para su bienestar emocional.

No llores, sé fuerte 
Hace años no se conocía la importancia de la educación emocional y lo que puede condicionar la felicidad. En esos años nacieron expresiones como “no llores, se fuerte” que actualmente deberían haber desaparecido si queremos nutrir la inteligencia emocional de los niños.
Una persona emocionalmente fuerte e inteligente reconocerá sus emociones y las aceptará. Se atreverá a reír, y también a llorar. Se atreverá a enfadarse, a disgustarse, a equivocarse. Se atreverá a sentir, a emocionarse sin sentir vergüenza, sin sentir pudor, entendiendo que cada emoción… importa.

¿Cómo le hago fuerte? ¿Cómo le hago emocionalmente inteligente?
Entiéndele, acéptale, quiérele, transmítele lo que vale, déjale emocionarse, invítale a que hable de sus emociones, enséñale a reconocerlas, a entenderlas, a elaborarlas. Si se siente triste, arrópale, pero si necesita llorar para expresar tristeza o alegría, deja que lo haga. Enséñale que llorar es humano y que no es más fuerte quien menos llora, si no que quien es emocionalmente fuerte se atreve a llorar, a reír y a sentir.
Muéstrale que llorar no es “cosa de niños”, si no de seres humanos. Si tienes ganas de llorar, hazlo, no te escondas. No le prives a tu hijo de ver que sus padres también puede llorar lágrimas, que sus padres también tienen emociones. Enséñale a reconocer las expresiones emocionales de los demás. Le hará fuerte.

Emocionarse es humano y es sano. No bloquees tus emociones por no saber gestionarlas
(Fuente: Izaskun Valencia)

jueves, 17 de noviembre de 2016

Los tres secretos de la abundancia

1.-Reconoce tu verdadera naturaleza abundante.

El secreto para empezar a darte cuenta de tu naturaleza abundante es abrir tu corazón, y aceptar plenamente la abundancia que ya ha bendecido tu vida. Retira cualquier blindaje alrededor de tu corazón e imagina que le prendes fuego. Entonces, respira profundamente y abre tus brazos al máximo, invitando a este abundante universo a entrar dentro de tu corazón. Con cada respiración, imagina que TODO el Universo se está derramando dentro de tu corazón: todas las estrellas, los planetas, la Tierra y todos sus habitantes. Siente como tu vida es realmente abundante.

2. Celebra con gratitud toda la abundancia que ya te rodea.

Hay una gran cantidad de personas en el planeta que están creando cosas para nosotros, cultivan alimentos, trabajan para llevarte el agua que necesitas para beber. Deja entrar toda esta abundancia de alegría, placer, oportunidades, y risa en tu corazón. Siente esta abundancia dentro de tu ser. Ya has sido y siempre serás bendecido por la abundancia del Universo. Puedes tener la puerta cerrada dentro de tu corazón, impidiendo que la abundancia entre, debido a pensamientos de escasez que hayas adquirido en tu vida. Conscientemente abre esa puerta ahora, y proclama la verdad al Universo diciendo: Yo soy un ser verdaderamente abundante. Grita este mensaje una y otra vez hasta que sientas que ha penetrado profundamente en tu alma.

3. Se un canal de abundancia para los demás.

Una de las mejores maneras de activar el flujo de la abundancia dentro de ti, es la práctica de dar a los demás, con el conocimiento de que eres un ser infinitamente abundante. Dado que la abundancia es una corriente de energía positiva infinita, cuanto más abierto te encuentres, mas sentirás esta energía, y cuanto más los compartas con los demás, más sentirás esta abundancia natural dentro de ti. Puedes empezar por repartir amor a aquellos que lo necesiten, compartir ideas, enviar mensajes inspiradores, regalar un poema o una tarjeta, sólo por la alegría de dar, empezarás a sentir esa energía de abundancia y amor. Imagínate un mundo, donde solo existe la abundancia infinita de amor, dinero, energía y la alegría de compartir libremente. La escasez, la codicia y el temor se acabarían, cuando todos compartimos libremente desde un estado de abundancia ilimitada. Sería imposible que hubiera otra guerra. Te invitamos a realizar un acto de bondad a personas al azar, si no puedes hacerlo por ellos, hazlo por ti mismo, de modo que puedas sentirte más abundante. Existen infinitas maneras de compartir y activar dentro de ti el sentimiento de la abundancia infinita. Solo déjate llevar por tu corazón, aprovecha cada contacto que tengas con los demás y empieza a manifestar la abundancia infinita de tu ser.
(Fuente: Prosperidad Universal)

martes, 15 de noviembre de 2016

El regalo más preciado, dedicar tu tiempo a alguien



Es importante que valoremos el hecho de que los demás nos regalen su tiempo, pues nos están dando algo que nunca recuperarán. Con este acto nos están diciendo que nos quieren, que nos valoran y que disfrutan de nuestra compañía.

No obstante, es cierto que debemos entender la diferencia entre alguien que nos dedica su tiempo libre y alguien que crea tiempo libre para estar con nosotros. No tienen el mismo valor aunque ambas situaciones son hechos que conmueven y que debemos agradecer.

Es realmente fabuloso que, cuando alguien está muy agobiado con su día a día, eche el freno a sus obligaciones por pasar tiempo con nosotros o saber algo de nuestra vida. Son momentos que vale la pena atesorar porque se comparten con personas que nos brindan su afecto y sus ganas de hablar el idioma del acompañamiento afectivo.

¿Cuánto vale una hora de tu tiempo?

La noche había caído ya,sin embargo, el pequeño niño hacía grandes esfuerzos por permanecer despierto. El motivo bien valía la pena; estaba esperando a su papá. Los traviesos ojos iban cayendo pesadamente cuando se abrió la puerta.

Hijo: “Papá, ¿puedo hacerte una pregunta?”
Padre: “Sí, claro, ¿qué es?”
Hijo: “Papá, ¿cuánto dinero ganas en una hora?” —dijo con ojos muy abiertos.
Su padre entre molesto y cansado, fue muy tajante en su respuesta.
Padre: “Eso no es asunto tuyo, ¿por qué me preguntas tal cosa?”
Hijo: “Sólo quiero saber, por favor dime, ¿cuánto ganas por una hora?”
Padre: “100€ por hora”, contestó contrariado.
Hijo: “Oh” —El niño con tristeza agacha la cabeza hacia abajo… “Papá, ¿puedo pedir prestado 50€?”

El padre se puso furioso: “Si la única razón por la que quieres saber lo que gano es para pedir prestado dinero para comprarte algún juguete tonto, entonces quédate en tu habitación, no salgas y piensa por qué estás siendo tan egoísta. Yo trabajo duro todos los días, como para lidiar con este comportamiento tan infantil”.
El niño en silencio cerró la puerta de su habitación. El hombre se sentó y comenzó incluso a ponerse más enojado acerca de la pregunta del pequeño. ¿Cómo se atreve a hacer tales preguntas solo para obtener algo de dinero?
Después de una hora o algo así, el hombre se calmó y comenzó a pensar: Tal vez había algo que realmente necesitaba comprar con esos 50€, después de todo, el niño no pedía dinero muy a menudo. Así pues, se acercó a la puerta de la habitación del niño y abrió la puerta.

Padre: “¿Estás dormido, hijo?”
Hijo: “No papá, estoy despierto”.
Padre: “He estado pensando, tal vez yo fui demasiado duro contigo. Ha sido un día largo y descargué mi frustración en ti. Aquí tienes los 50€ que me pediste…”- el niño se irguió, sonriendo.
Hijo: “Oh, ¡gracias papá!” -susurró el niño mientras metía su manita debajo de la almohada y sacaba varias monedas.
Entonces, se levanta y agarra debajo de la almohada unas monedas y unos billetes arrugados. El hombre vio que el muchacho ya tenía dinero, empezó a enfadarse de nuevo. El niño contó despacio su dinero y luego miró a su padre.
Padre: “¿Por qué quieres más dinero si ya tiene bastante?”
Hijo: “Porque yo no tenía suficiente, pero ahora sí.” –Contestó entusiasmado.
“Papá, ahora tengo 100€. ¿Puedo comprar una hora de tu tiempo? Por favor, mañana ven a casa temprano, me gustaría cenar contigo.”

El padre se sintió acongojado. Puso sus brazos alrededor de su pequeño hijo y le suplicó  su perdón.
El mejor regalo emocional: la inversión de nuestro tiempo.
No podemos olvidar que nuestra mejor inversión siempre será el tiempo que dediquemos a nuestra familia y nuestros amigos. Tristemente solo nos damos cuenta de esto cuando es demasiado tarde y ya hemos perdido la posibilidad de otorgar este valor a las personas que nos rodean.

Si mañana morimos, al poco tiempo habrá alguien que nos reemplace en nuestro puesto. Sin embargo la familia y los amigos que dejamos atrás no verán poblado ese vacío emocional que nuestra desaparición creará. Por ello, está claro que no hay tiempo más valioso que el que pasamos con los nuestros.

Quédate con quien te valore, con quien te abrace sin mentirte y te sienta sin tocarte. Dedícale tiempo a la gente que lo merece y que te hace sentir bien. No te olvides de dejar a un lado el estrés y las obligaciones y cuida de todos ellos como si no hubiese mañana.