miércoles, 30 de noviembre de 2016

Cuida a las personas que hacen bonito tu mundo


Las personas que hacen bonito son quienes te reconfortan, te sacan sonrisas, te sosiegan y te mantienen fuerte ante la vida. Con ellas las personas que hacen bonito tu mundo las relaciones son sólidas, consistentes y leales.

La persona que hace bonito tu mundo es la sincera, la que aprieta la mano y cuando mira a los ojos llega hasta el corazón. Su sola presencia emociona, porque respetan, porque no juzgan y porque siempre dan la cara. Por eso son las personas que hacen lindo nuestro mundo.

Hay personas que nos encantan. No por nada en concreto, sino porque nos ofrecen confianza y placidez. Son relaciones que se cultivan en los pequeños detalles, sinceras y verdaderas. Son aquellas que se pueden alimentar con miradas de complicidad y pequeños gestos, pues cada detalle se convierte en una gran obra.

Estos sentimientos suelen ser recíprocos y hay ciertas reglas no escritas que prevalecen entre ellos. Sin embargo, muchas veces se nos olvida que los “te quiero” también hay que pronunciarlos y que la gratitud es el mejor alimento para el alma.

Así es que con frecuencia descuidamos algo tan importante y vital como es la demostración del afecto y la atención a las necesidades afectivas de nuestras parejas en este baile de la vida. Por eso, las personas que hacen bonito tu mundo también se merecen que hagamos bonito el suyo.

Lo que se descuida, se pierde
Se dice que el amor dura tanto como lo cuidemos y lo cuidamos tanto como lo queremos. Así, si bien somos humanos y a veces cometemos errores que pueden llevar a equívocos en relación de nuestro afecto, lo cierto es que no podemos permitirnos dejar escapar a las personas valiosas.

Tristemente es común que ignoremos a personas importantes por pura desidia, por falta de tiempo o por cierto desinterés teñido de egoísmo. Solemos cometer el error de no dedicar el tiempo necesario a “demostrar” a esas personas lo importantes que son.

¿Cómo cuidar las relaciones?
Así, también es probable que en algún momento hayamos sentido que alguien nos deja de lado y nos hayamos vuelto locos intentando comprender qué ocurría. Este sufrimiento es innecesario y podemos evitarlo de muchas formas:

- Generalmente basta con unas palabras que hagan comprender que la ausencia o la distancia no significan jamás el olvido y que a pesar del “abandono temporal”, la presencia permanece.

- Aún así, demostrar a alguien que nos importa es algo que lleva tiempo y que hay que construir poniendo especial cuidado en que la relación sea saludable y que esté alejada de dependencias y excesos emocionales.

- Cada ladrillo debe estar elaborado con la más absoluta sinceridad; esto es sin egoísmos ni segundas intenciones. Así, tenemos que tener en cuenta de que no debemos crear necesidades, ni siquiera la de la compañía.

- Esto se logra a través de la comunicación y la expresión sincera tanto de nuestros pensamientos como de nuestros sentimientos. Como es natural debemos hacerlo siempre planteando que somos nosotros quienes nos sentimos así, no la persona que tenemos delante la culpable del malestar o, incluso, del bienestar.

- Las relaciones necesitan del tiempo y de las experiencias para nutrirse, sustentarse y crecer. Si dejamos de dedicar tiempo, mostraremos falta de interés y, como consecuencia, alejaremos a aquellas personas imprescindibles.

No podemos dejar escapar a aquellas personas que hacen bonito nuestro mundo. Con ellas podemos ser nosotros en toda nuestra esencia y con total libertad, lo cual es algo tan magnífico como inusual. Por eso, cuida y enriquece tus relaciones, y hazlo siempre desde la más absoluta sinceridad.

sábado, 26 de noviembre de 2016

Tengo prisa y voy con niños


Mi hija sale del cole a las 5. A las 5 y cuarto empieza su clase de inglés. Sé que parece un poco justo, pero esa es la hora de inicio y no depende de mí. En principio son solo 200 metros o ni eso. 
Así que tenemos menos de 15 minutos para “Hola qué tal”, merendar y llegar a inglés. Esto hace que me encuentre con situaciones como la de hoy, que “me he visto”alternando “¡Cómete él yogur!” con “¡¿Te puedes dar prisa?!”. Y luego me he sentido fatal…

Quienes tenemos hijos, sabemos lo que es ir “a la carrera”. Sabemos lo que es ir con prisa, y lo complicado que puede llegar a ser presentarse a la hora. Ser puntual. A veces parece que vamos con tiempo, y en el último momento surge la necesidad de ir al baño, de cambiarse de ropa porque se ha mojado mientras se lavaba los dientes, o de “negociar” qué juguete va a llevar. Otras veces, vamos justos de tiempo… porque sí.

Tenemos que tener en cuenta que los adultos tenemos la capacidad de meter “el turbo” y reducir los tiempos. Podemos desayunar en 20 minutos pero también en 10. Podemos ducharnos en 10 minutos y también en 5. Podemos vestirnos en 17 pero también en 7. Todo depende de la prisa que tengamos.

Los niños no nacen con esa capacidad. Aún tienen esa parte de inocencia que deben conservar, que les hace disfrutar cada momento, entretenerse con cada cosa y necesitar “5 minutos” extra para peinarse y mirarse al espejo buscando paz.“5 minutos” extra… para ser niños.

¿Se puede cuidar el bienestar emocional con prisa?
“Las prisas” pueden dejarse “crecer sin control” y derivar en situaciones poco recomendables para el bienestar emocional de los niños. Todas ellas pasan por actuar como si hubiera un peligro inminente, por estresarnos y estresar, por presionar y por dañar con mensajes, con gritos o con malas caras.

Desarrollar la capacidad de detectar que tenemos prisa, es el primer paso para saber que es posible gestionarla de forma adecuada.

¿Cómo gestionar la prisa?

1.- Anticipate 
Calcula un tiempo prudencial de margen, que te permitirá gestionar de forma tranquila los imprevistos.

2.- Transmite 
Habla con tu hijo de la importancia de llegar a los sitios a la hora. Muéstrale que la puntualidad se valora. Hazle partícipe y responsable de sus rutinas y actividades diarias para que se implique en ellas.

3.-Valora 
Identifica el motivo de la prisa y diferencia el grado de urgencia para poder dar una respuesta acorde a la situación.

4.- Pon música
Elige canciones acordes que acompañen a la velocidad que necesitas. Puedes favorecer la velocidad cantando y bailando una de esas canciones que cada vez van más deprisa. Seguro que así llegáis antes.

5.- Juega a hacer carreras 
Abusar de hacer juegos de carreras puede favorecer una competitividad excesiva, pero cuando hay prisa, es un recurso aceptable. También puedes jugar a pillar  mientras vais andando.

6.- Felicítale por el esfuerzo 
Dale las gracias por entenderte y ayudarte.

7.-Dale afecto 
El cariño no debe faltar nunca, y en situaciones tensas aún menos. No te olvides de abrazarle y decirle que le quieres.

8.- Activa tu propio semáforo
Respirar, pensar y actuar siendo congruente con el color, nos facilitará el cuidado del bienestar emocional del niño.
Rojo
Piensa en color rojo cuando se trate de un riesgo vital como acudir al hospital por un problema serio. Son momentos en los que no siempre podemos pensar con claridad y hay que “escuchar” el impulso de supervivencia.
Este impulso tiende a “salir” en la mayoría de las situaciones de prisa y nos dificulta actuar cuidando. Tenerlo en cuenta, nos permitirá identificar de forma correcta la gravedad y medir la intensidad de nuestra respuesta.
Naranja
Reserva el color naranja para momentos en los que darse prisa, puede marcar la diferencia entre llegar puntual o llegar tarde. Recuerda que los niños necesitan años para aprender los ritmos adultos y desarrollar la capacidad de hacer las cosas sin “ralentí”.
Ayudarles a no entretenerse cuando se tiene prisa, es la mejor forma de “ganar tiempo”. Sustituye los gritos y las descalificaciones por darle la mano y decirle “Cariño, ayúdame a hacerlo todo muy rápido para que lleguemos a la hora. Es importante”. Recuérdaselo las veces que consideres necesario y no te olvides de tocarle cuando lo hagas. Le hará conectar contigo, con tu preocupación, con tu necesidad.
Verde
El color verde indica que llegamos tan tarde, que es preferible parar, y tardar 5 minutos más pero vivir en armonía. Un momento “verde”, podría ser habernos despertado una hora tarde porque no ha sonado el despertador.

La mayoría de las prisas, pueden situarse en color naranja. Tener en cuenta que nos pueden provocar rabia pero que no implican riesgo vital, puede posibilitarnos valorar opciones:
– ¿Es preferible que se coma el yogur subiendo la cuesta al compás de algún grito?
– ¿Es mejor que meriende a la salida de inglés?
– ¿Será conveniente hablar con la profesora y decirle que llegará 5 minutos tarde para que pueda subir la cuesta merendando tranquila y que entre a clase receptiva porque se le ha cuidado?
– ¿Y si merienda lo que le da tiempo hasta la hora de empezar la actividad? a su ritmo, lo puede hacer mientras le dé tiempo antes de que empiece la clase.
Anticípate a las situaciones, y crea tu propio “protocolo”. Poner en orden tus prioridades te servirá de ayuda para contener el impulso y te dará ventaja para reflexionar de qué forma cuidas más el bienestar emocional de tu hijo.

"Cuidar desde el respeto y el cariño siempre es importante"

miércoles, 23 de noviembre de 2016

No llores. Sé un niño fuerte



Hoy en el parque había un niño aprendiendo a andar en bici. Lo estaba intentando con todas sus ganas, pero en uno de los intentos, se ha dado un golpe. Aparentemente no se había hecho daño, pero el niño lloraba desconsoladamente. Podría ser un lloro por impotencia, por rabia, por el susto, por el disgusto, por dolor, por vergüenza… muchísimas cosas.

Esperaba haber visto un padre preocupado, angustiado o sobrecogido al ver llorar a su hijo. Esperaba haber visto a un padre abrazando a su hijo y diciéndole “no te preocupes”. Pero no. Ese padre le decía: “no llores, sé fuerte… no ha sido nada… por eso no se llora“. Y su tono no ayudaba.

¿Que pasa con el llanto?
Dejamos reír, pero no siempre dejamos llorar. Y eso confunde a los niños. Por eso hay quien siendo adulto… no sabe llorar. No sabe porque no se le ha permitido.
Cuando escuchamos llorar a un niño, se nos activan las “alarmas”. Nuestro propio estado emocional se altera y puede pasar por la pena, la empatía, la rabia, la impaciencia… No todos sentimos de la misma forma ante el llanto de un niño. Hay quien respeta que llore, pero tendemos a consolar e intentar que sus lágrimas terminen cuanto antes.

¿Es bueno para su bienestar emocional?
Si el niño deja de llorar por imposición, por presión, por amenazas, porque escucha “no se llora”, “eres un miedica”… estará recibiendo el mensaje de que no debe compartir sus emociones. Estará interpretando que sus emociones no se respetan, que molestan y que debe esconderlas porque no son bien recibidas. Este tipo de actuaciones, favorecen que el niño se sienta emocionalmente contenido e introvertido y que no pueda desarrollar todas las capacidades de su inteligencia emocional.
Hay una forma sana de reducir el llanto del niño que pasa por entenderle, por empatizar con él, y por recogerle. Esta atención llena de cariño, posibilitará que deje de llorar porque ya no necesita hacerlo, y por tanto, será positivo para su bienestar emocional.

No llores, sé fuerte 
Hace años no se conocía la importancia de la educación emocional y lo que puede condicionar la felicidad. En esos años nacieron expresiones como “no llores, se fuerte” que actualmente deberían haber desaparecido si queremos nutrir la inteligencia emocional de los niños.
Una persona emocionalmente fuerte e inteligente reconocerá sus emociones y las aceptará. Se atreverá a reír, y también a llorar. Se atreverá a enfadarse, a disgustarse, a equivocarse. Se atreverá a sentir, a emocionarse sin sentir vergüenza, sin sentir pudor, entendiendo que cada emoción… importa.

¿Cómo le hago fuerte? ¿Cómo le hago emocionalmente inteligente?
Entiéndele, acéptale, quiérele, transmítele lo que vale, déjale emocionarse, invítale a que hable de sus emociones, enséñale a reconocerlas, a entenderlas, a elaborarlas. Si se siente triste, arrópale, pero si necesita llorar para expresar tristeza o alegría, deja que lo haga. Enséñale que llorar es humano y que no es más fuerte quien menos llora, si no que quien es emocionalmente fuerte se atreve a llorar, a reír y a sentir.
Muéstrale que llorar no es “cosa de niños”, si no de seres humanos. Si tienes ganas de llorar, hazlo, no te escondas. No le prives a tu hijo de ver que sus padres también puede llorar lágrimas, que sus padres también tienen emociones. Enséñale a reconocer las expresiones emocionales de los demás. Le hará fuerte.

Emocionarse es humano y es sano. No bloquees tus emociones por no saber gestionarlas
(Fuente: Izaskun Valencia)

jueves, 17 de noviembre de 2016

Los tres secretos de la abundancia

1.-Reconoce tu verdadera naturaleza abundante.

El secreto para empezar a darte cuenta de tu naturaleza abundante es abrir tu corazón, y aceptar plenamente la abundancia que ya ha bendecido tu vida. Retira cualquier blindaje alrededor de tu corazón e imagina que le prendes fuego. Entonces, respira profundamente y abre tus brazos al máximo, invitando a este abundante universo a entrar dentro de tu corazón. Con cada respiración, imagina que TODO el Universo se está derramando dentro de tu corazón: todas las estrellas, los planetas, la Tierra y todos sus habitantes. Siente como tu vida es realmente abundante.

2. Celebra con gratitud toda la abundancia que ya te rodea.

Hay una gran cantidad de personas en el planeta que están creando cosas para nosotros, cultivan alimentos, trabajan para llevarte el agua que necesitas para beber. Deja entrar toda esta abundancia de alegría, placer, oportunidades, y risa en tu corazón. Siente esta abundancia dentro de tu ser. Ya has sido y siempre serás bendecido por la abundancia del Universo. Puedes tener la puerta cerrada dentro de tu corazón, impidiendo que la abundancia entre, debido a pensamientos de escasez que hayas adquirido en tu vida. Conscientemente abre esa puerta ahora, y proclama la verdad al Universo diciendo: Yo soy un ser verdaderamente abundante. Grita este mensaje una y otra vez hasta que sientas que ha penetrado profundamente en tu alma.

3. Se un canal de abundancia para los demás.

Una de las mejores maneras de activar el flujo de la abundancia dentro de ti, es la práctica de dar a los demás, con el conocimiento de que eres un ser infinitamente abundante. Dado que la abundancia es una corriente de energía positiva infinita, cuanto más abierto te encuentres, mas sentirás esta energía, y cuanto más los compartas con los demás, más sentirás esta abundancia natural dentro de ti. Puedes empezar por repartir amor a aquellos que lo necesiten, compartir ideas, enviar mensajes inspiradores, regalar un poema o una tarjeta, sólo por la alegría de dar, empezarás a sentir esa energía de abundancia y amor. Imagínate un mundo, donde solo existe la abundancia infinita de amor, dinero, energía y la alegría de compartir libremente. La escasez, la codicia y el temor se acabarían, cuando todos compartimos libremente desde un estado de abundancia ilimitada. Sería imposible que hubiera otra guerra. Te invitamos a realizar un acto de bondad a personas al azar, si no puedes hacerlo por ellos, hazlo por ti mismo, de modo que puedas sentirte más abundante. Existen infinitas maneras de compartir y activar dentro de ti el sentimiento de la abundancia infinita. Solo déjate llevar por tu corazón, aprovecha cada contacto que tengas con los demás y empieza a manifestar la abundancia infinita de tu ser.
(Fuente: Prosperidad Universal)

martes, 15 de noviembre de 2016

El regalo más preciado, dedicar tu tiempo a alguien



Es importante que valoremos el hecho de que los demás nos regalen su tiempo, pues nos están dando algo que nunca recuperarán. Con este acto nos están diciendo que nos quieren, que nos valoran y que disfrutan de nuestra compañía.

No obstante, es cierto que debemos entender la diferencia entre alguien que nos dedica su tiempo libre y alguien que crea tiempo libre para estar con nosotros. No tienen el mismo valor aunque ambas situaciones son hechos que conmueven y que debemos agradecer.

Es realmente fabuloso que, cuando alguien está muy agobiado con su día a día, eche el freno a sus obligaciones por pasar tiempo con nosotros o saber algo de nuestra vida. Son momentos que vale la pena atesorar porque se comparten con personas que nos brindan su afecto y sus ganas de hablar el idioma del acompañamiento afectivo.

¿Cuánto vale una hora de tu tiempo?

La noche había caído ya,sin embargo, el pequeño niño hacía grandes esfuerzos por permanecer despierto. El motivo bien valía la pena; estaba esperando a su papá. Los traviesos ojos iban cayendo pesadamente cuando se abrió la puerta.

Hijo: “Papá, ¿puedo hacerte una pregunta?”
Padre: “Sí, claro, ¿qué es?”
Hijo: “Papá, ¿cuánto dinero ganas en una hora?” —dijo con ojos muy abiertos.
Su padre entre molesto y cansado, fue muy tajante en su respuesta.
Padre: “Eso no es asunto tuyo, ¿por qué me preguntas tal cosa?”
Hijo: “Sólo quiero saber, por favor dime, ¿cuánto ganas por una hora?”
Padre: “100€ por hora”, contestó contrariado.
Hijo: “Oh” —El niño con tristeza agacha la cabeza hacia abajo… “Papá, ¿puedo pedir prestado 50€?”

El padre se puso furioso: “Si la única razón por la que quieres saber lo que gano es para pedir prestado dinero para comprarte algún juguete tonto, entonces quédate en tu habitación, no salgas y piensa por qué estás siendo tan egoísta. Yo trabajo duro todos los días, como para lidiar con este comportamiento tan infantil”.
El niño en silencio cerró la puerta de su habitación. El hombre se sentó y comenzó incluso a ponerse más enojado acerca de la pregunta del pequeño. ¿Cómo se atreve a hacer tales preguntas solo para obtener algo de dinero?
Después de una hora o algo así, el hombre se calmó y comenzó a pensar: Tal vez había algo que realmente necesitaba comprar con esos 50€, después de todo, el niño no pedía dinero muy a menudo. Así pues, se acercó a la puerta de la habitación del niño y abrió la puerta.

Padre: “¿Estás dormido, hijo?”
Hijo: “No papá, estoy despierto”.
Padre: “He estado pensando, tal vez yo fui demasiado duro contigo. Ha sido un día largo y descargué mi frustración en ti. Aquí tienes los 50€ que me pediste…”- el niño se irguió, sonriendo.
Hijo: “Oh, ¡gracias papá!” -susurró el niño mientras metía su manita debajo de la almohada y sacaba varias monedas.
Entonces, se levanta y agarra debajo de la almohada unas monedas y unos billetes arrugados. El hombre vio que el muchacho ya tenía dinero, empezó a enfadarse de nuevo. El niño contó despacio su dinero y luego miró a su padre.
Padre: “¿Por qué quieres más dinero si ya tiene bastante?”
Hijo: “Porque yo no tenía suficiente, pero ahora sí.” –Contestó entusiasmado.
“Papá, ahora tengo 100€. ¿Puedo comprar una hora de tu tiempo? Por favor, mañana ven a casa temprano, me gustaría cenar contigo.”

El padre se sintió acongojado. Puso sus brazos alrededor de su pequeño hijo y le suplicó  su perdón.
El mejor regalo emocional: la inversión de nuestro tiempo.
No podemos olvidar que nuestra mejor inversión siempre será el tiempo que dediquemos a nuestra familia y nuestros amigos. Tristemente solo nos damos cuenta de esto cuando es demasiado tarde y ya hemos perdido la posibilidad de otorgar este valor a las personas que nos rodean.

Si mañana morimos, al poco tiempo habrá alguien que nos reemplace en nuestro puesto. Sin embargo la familia y los amigos que dejamos atrás no verán poblado ese vacío emocional que nuestra desaparición creará. Por ello, está claro que no hay tiempo más valioso que el que pasamos con los nuestros.

Quédate con quien te valore, con quien te abrace sin mentirte y te sienta sin tocarte. Dedícale tiempo a la gente que lo merece y que te hace sentir bien. No te olvides de dejar a un lado el estrés y las obligaciones y cuida de todos ellos como si no hubiese mañana.

miércoles, 9 de noviembre de 2016

El lenguaje no verbal de los adolescentes


Los adolescentes tienen un lenguaje no verbal propio
En ocasiones difícil de descifrar para los adultos. Teresa Baró nos ayuda a entenderlos acercándonos a sus características.
En la etapa de la pubertad, en la que el cuerpo cambia tanto, una de las características es que ellos mismos no conocen su cuerpo. A veces incluso tropiezan, no saben qué hacer con los brazos, con las manos,… el cuerpo ha cambiado y necesitan adaptarse.
Les caracteriza una cierta languidez.
Arrastran los pies, caminan con el pecho hundido, la cabeza gacha, las manos en los bolsillos,… parece que están cansados de todo.
También lo manifiestan en la forma de hablar. A veces no se les entiende, no vocalizan, hablan bajo, además refunfuñando. En general es como si todo les costase mucho.
Eso es lo que parece. En cambio después hay cambios de humor que también nos dicen que pueden estar muy contentos y muy excitados en un momento determinado.
¿Es quizás una manera de expresar su rebeldía?
En parte sí. Ellos están buscando sus nuevos modelos.
Durante la infancia sus modelos han sido sus padres, o personas del entorno familiar. Incluso han sido sus ídolos.
Pero cuando entran en la etapa de la adolescencia están buscando otros referentes. Están buscando sus señas de identidad, sus propios criterios. Necesitan rebelarse contra los modelos que han tenido hasta ahora.
Buscan fuera, y en otros referentes, la forma de comportarse, de moverse e incluso de vestirse.
¿Cómo se comportan? 
¿Saben diferenciar lo público de lo privado? ¿Lo formal de lo informal?
Si han recibido una educación correcta, saben diferenciar perfectamente el comportamiento en el ámbito público y el privado, en el ámbito familiar y fuera de la familia.
También saben distinguir lo formal de lo informal. Lo que ocurre es que, como tienen esa necesidad de mostrar que son más mayores y que no han de someterse a las normas, adoptan esas conductas que a los mayores nos molestan.
Conductas no sociales, por decirlo de alguna forma.
Cómo por ejemplo poner los pies encima de una mesa, ensuciar comiendo en un espacio público, poner los pies en el asiento del tren, en los bancos de la calle sentarse en el respaldo apoyando los pies en el asiento,…
Gestos que vemos en la calle y que pensamos que son de mala educación. En realidad es una forma de rebelarse contra las normas impuestas.
¿Pueden adoptar determinadas actitudes queriendo imitar a sus ídolos?
En ocasiones están imitando a líderes dentro de la propia pandilla, es algo muy importante para sentirse aceptados. Pero también pueden estar imitando a otros modelos que ven en los medios de comunicación, en la publicidad por ejemplo.
Imitan formas de comportarse que ven en personajes de su edad en los anuncios, en las películas o en las series televisivas. O también pueden fijarse en deportistas. El tema está en que tipos de ídolos tienen y que valores transmiten esos ídolos.
Muchas veces tienen una influencia positiva, pero desgraciadamente también son muy frecuentes los modelos que transmiten unos valores que no son los más recomendables.
Del lenguaje no verbal de los adolescentes ¿se podría decir que es universal?
Sí que lo es. Al menos dentro de la cultura occidental. Lo que ocurre es que hay diferencias respecto al adolescente.
Hay factores que influyen, como el carácter y la educación recibida. Podríamos hablar de dos extremos de chicos.
El adolescente introvertido
Que va buscando los rincones, que quiere pasar desapercibido, que nunca será el centro de atención. Baja la mirada, se sonroja rápidamente, se muerde las uñas, va con las manos en los bolsillos, se enrolla una bufanda en el cuello para no ser visto,…
El que quiere ser protagonista.
Quiere hacerse ver. Tiene una actitud incluso chulesca, vanidosa y prepotente. Puede mirar de forma despreciativa cuando se le comenta algo.
Incluso puede llegar a comportamientos agresivos de insulto o de desprecio, y en ocasiones también llegar a la violencia. Esto ocurre especialmente cuando se mezclan estas actitudes con alcohol o con drogas.
Centrándonos en la ropa ¿qué importancia tiene en su comunicación?
La ropa es clave para todas las personas, y para los adolescentes es FUNDAMENTAL.
Su autoimagen, la imagen que tienen de ellos mismos, y que es la que les ha de proporcionar autoestima, se basa en gran medida en su aspecto físico.
Si un adolescente no acepta el mismo su aspecto físico, y no se ve aceptado por los demás, baja en picado su autoestima. No valora otras habilidades que puede tener, como un talento para la música, habilidades en el deporte o buenos resultados en los estudios.
Es importante trabajar este tema en casa. Animarles a sentirse bien en su cuerpo. Animarles a hacer deporte porque es clave para su bienestar.
En conclusión:
Hay que escuchar a los hijos, a los adolescentes, en casa y en la escuela. Ocurre que muchas veces no quieren, o no pueden, expresarse con palabras.
Para eso tenemos el lenguaje corporal que, como emana del inconsciente, es mucho más sincero que lo que nos están diciendo.
Es importantísimo saber observarles y saber interpretar sus gestos, sus miradas y su tono de voz.
Nos están dando mucha más información a veces que sus palabras. Hay que escuchar con los ojos, además de con las orejas.
Que no se sientan excluidos y si se sientan atendidos.
(Fuente: Teresa Baro)

viernes, 4 de noviembre de 2016

Aprende a obsequiar tu silencio a quien no ha pedido tu palabra



La mayoría de las personas padecemos de la necesidad imperiosa de manifestar verbalmente aquello que sentimos, de comunicar nuestra opinión, de aconsejar, de advertir, de consolar y muchísimas veces nuestras palabras serán bien recibidas.
Sin embargo, en muchas ocasiones debemos sencillamente guardar silencio, reservarnos nuestra opinión, evidentemente excluyendo los casos en los cuales nuestra palabra sea determinante para preservar la integridad de alguien o situaciones extremas en las que una injusticia es manifiesta, podamos evitar un mal o cualquier caso que requiera nuestra oportuna participación.
Afortunadamente en la mayoría de los casos en los cuales tenemos la posibilidad de manifestarnos, no llevan consigo altos riesgos y podemos prudentemente limitarnos a no decir nada al respecto.
Hay quienes solo buscan ser escuchados, que no quieren una opinión, consejo, juicio, solamente nos utilizan para desahogarse en un momento determinado y no quieren, más que requerir, escuchar nada al respecto, y esto debemos respetarlo.
Otro grupo de personas no actúa queriendo recibir feedback alguno, quieren llevar su proceso de crecimiento sin intervención de terceras personas, sin escuchar otros puntos de vista.
Definitivamente algunas veces resulta enriquecedor poder escuchar otras opiniones diferentes a la nuestra en relación a un tema o situación particular, pero lo cierto es que nadie puede forzar a otro a que lo escuche, nadie debe someter a otro a algo que no se quiere recibir, aun cuando esto sea palabras cargadas con la mejor intención.
Cada uno tiene su verdad, su consciencia, su experiencia y debemos respetar cuando a cada quien le basta con su visión, o prefiere otras visiones diferentes a la nuestra, sin que esto represente para nosotros un problema o nos genere incomodidad.
En el caso de los sentimientos y su expresión, aunque resulte sano aflorarlos, manifestarlos, debemos entender que no siempre serán bien recibidos. Lamentablemente solo lo sabremos cuando los manifestemos, aunque siempre habrán señales que nos ayuden a preservar nuestra integridad y nos evite exponernos a incómodas situaciones.
Evidentemente no podemos tomar esta visión como la bandera para actuar de ahora en adelante, guardando silencio, reservándonos nuestra opinión, ocultando sentimientos
No, solo se debe tener en cuenta que no siempre las palabras son bien recibidas, que a veces es preferible otorgar un silencio oportuno a decir cosas que no quieren ser escuchadas.
Estemos atentos para identificar cuándo nuestras palabras desencajan, cuándo el silencio es el mejor recurso y cuándo podemos libremente abrir nuestras opiniones ante quien nos escucha. Tus palabras pueden ser muy valiosas, pero son como los sentimientos, no todos lo merecen o no todos quieren recibirlos, aprender a callar es de sabios.
(Fuente: El rincón del Tibet)

lunes, 31 de octubre de 2016

Enseñar a los niños a tomar decisiones


Hay niños que pueden sentirse agobiados cuando se les pide que tomen una decisión inmediata.
Sin embargo, las decisiones, por pequeñas que sean, no paran de presentarse.

Por regla general es una dificultad que presentan algunos niños. Sus vías cerebrales más largas exigen tiempo para combinar y formular montones de información antes de que estén listos para tomar una decisión.


Necesitan un entorno tranquilo, tiempo y espacio para meditar.

Recuerda a tu hijo que está bien tomarse tiempo para tomar una decisión.

Enséñale que las decisiones no tienen por qué agobiarle. Una vez las reducimos a componentes más pequeños, se vuelven más manejables.

Dile también que, al igual que con la mayoría de las cosas, tomar decisiones mejora con la práctica. Además, cada decisión, incluso las que parecen más triviales, presenta la ocasión de elegir, plantarse o resolver problemas.

Habla a fondo del tema con el niño.

Durante el curso de la conversación, pregúntale amablemente:

«¿Qué opciones tienes? ¿Cuáles son las ventajas y las desventajas de cada opción? ¿Cuál es tu impresión? ¿Hay alguna decisión que pueda servirte como pauta? ¿Hay algún error que no debas repetir?».

Admite la lucha en la que está inmerso, diciendo algo cómo: «Sé que resulta difícil tomar una decisión».
En la mayoría de los casos, es mejor dejar la decisión para el día siguiente, después de levantarse, las cosas suelen parecer más claras. Entonces es el momento de decidir y hacer planes.
Pídele que piense en alguna decisión que tomó y que le salió bien. Recuérdale que no hay decisiones perfectas. Se trata simplemente de lo mejor que podemos hacer contando con la información que tenemos disponible.

Además, asegúrale que son muy pocas las decisiones irreversibles.

A modo de ejemplo práctico.

Un niño  puede convertirse en un experto en la toma de decisiones. Una buena manera de practicar es aplicar la visualización

■ Pregúntale a tu hijo que es lo que hace que su decisión sea tan difícil: «Quiero ir al campamento, pero tengo miedo».
■ Dile que escriba los pros y los contras.
PROS:
■ Puede ser divertido:
―Carlos y Andrea irán.
―Hay caballos, está cerca la playa, montaremos en bici.
CONTRAS:
■ Es un sitio donde nunca he estado antes.
■ Supone toda una semana fuera de casa.
■ A lo mejor no lo paso bien.
■ Puede que haya abusones.

Pregúntale que soluciones posibles cree que hay. Si no se le ocurre ninguna sugiéreselas:

―Podría hablar con el hermano de Carlos, que fue el año pasado, y enterarse un poco más de cómo es aquello.

―Podría llamar a casa desde el campamento.
―Podría averiguar si sus amigos van a estar en su misma habitación.
―Si alguien le intimida puede decírselo a los monitores.
―Si realmente va tan mal, podemos ir a recogerte.
■ Deja que lo consulte con la almohada.
■ Anímalo a que te comente otras preocupaciones o ideas que se le ocurran.
■ FELICÍTALO por la decisión que tome.
Y nada de prisas. Las decisiones, de UNA en UNA.

sábado, 22 de octubre de 2016

Nada que pretender, nada que demostrar.....Unicamente SER



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No hay momento más liberador que aquel en el que nos damos cuenta de que no vale la pena vivir de pretensiones, de posturas o poses y menos aún vivir para demostrar nuestra valía ante los demás.
Somos todos seres únicos, con cualidades particulares, con propósitos diferentes, pero dentro de esos propósitos no existe la posibilidad de basar nuestras vivencias en el qué dirán, en imposiciones ajenas y menos en darle prioridad a las opiniones y preferencias de los demás para tomar decisiones trascendentales que solo nos competen a nosotros.
Sentirnos plenos y dedicarnos a vivir es uno de los mayores retos, olvidarnos de estereotipos, dejar de lado las pretensiones, el querer aparentar, es el camino más corto para estar a gusto con nuestras vidas.

Seamos humildes y dejemos el ego a un lado, ése que se encarga de decirnos al oído que vinimos a demostrar quienes somos a los demás, que si no llegamos a cubrir las expectativas ajenas, podemos fingir lo que no tenemos, actuar o utilizar cualquier recurso que nos asegure la aceptación de quienes nos importan o bien de quienes tienen algún tipo de influencia en nuestras vidas.
Sentirnos más o menos que otra persona es una demostración de que no entendemos nuestra  esencia, que no entendemos que somos uno con el resto, que nuestros roles en este plano no son más que eso, interpretaciones que nos permiten evolucionar, pero que a fin de cuentas todos somos iguales y más complejo aún, todos somos uno.
No tiene sentido distraernos con cosas efímeras, vale la pena darle la justa prioridad a las cosas, entender que no somos nuestra profesión, que no somos nuestra posición social y que la vida no se basa en acumular cosas, sino momentos, sentimientos, afectos y todo lo que nos engrandece el espíritu.
Permítete ser en toda su expresión, permítete sentir, aflorar tus emociones, equivocarte y rectificar, permítete caer y levantarte, permítete nutrirte con cada experiencia. Entiende las dinámicas de la vida y para qué estás acá. El propósito de cada uno de nosotros es sencillamente ser feliz. Nos complicamos la vida por estar todo el tiempo inconformes con lo que somos, por no aceptarnos o no aceptar la circunstancia que vivimos, siempre buscando algo, queriendo alcanzar algo que no tenemos o recuperar lo que perdimos, desaprovechando esta bella oportunidad.
Todo lo que buscamos fuera, lo llevamos dentro, solo hay que saber mirar… A veces para ver bien debemos cerrar los ojos. Siéntete cómodo contigo, suelta toda la carga innecesaria y viaja ligero de equipaje, no estás para exhibirte ante nadie y obtener una calificación, estás para ser tú, para hacer de ti la mejor versión posible, por ti, no por complacer a alguien más. Deja los prejuicios a un lado, aleja el ego que busca las vías más perjudiciales para resaltar y dedícate a disfrutar del baile de la vida.

domingo, 16 de octubre de 2016

El verdadero amigo


Dice una linda leyenda árabe que dos amigos viajaban por el desierto y en un determinado punto del viaje discutieron, y uno le dio una bofetada al otro.
El otro, ofendido, sin nada que decir, escribió en la arena:
HOY, MI MEJOR AMIGO ME PEGÓ UNA BOFETADA EN EL ROSTRO.
Siguieron adelante y llegaron a un oasis donde resolvieron bañarse.
El que había sido abofeteado y lastimado comenzó a ahogarse, siendo salvado por el amigo.
Al recuperarse tomó un estilete y escribió en una piedra:
HOY, MI MEJOR AMIGO ME SALVÓ LA VIDA.
Intrigado, el amigo preguntó:
¿Por qué después que te lastimé, escribiste en la arena y ahora escribes en una piedra?
Sonriendo, el otro amigo respondió:
Cuando un gran amigo nos ofende, deberemos escribir en la arena donde el viento del olvido y el perdón se encargarán de borrarlo y apagarlo; por otro lado cuando nos pase algo grandioso, deberemos grabarlo en la piedra de la memoria del corazón donde viento ninguno en todo el mundo podrá borrarlo.

martes, 4 de octubre de 2016

Claves para practicar mindfulness en familia



En este tiempo tan exigente que vivimos, muchas familias buscan espacios y recursos que les ayuden a afrontar el día a día con más calma. El estrés, las prisas y una agenda repleta, ya no es cosa de adultos, también los hijos se ven arrastrados con nosotros. 
¿Qué es Mindfulness y qué beneficios tiene para mi familia?

Mindfulness es una herramienta útil para ayudar a nuestros hijos y a nosotros mismos a enfrentarnos a las olas de cada día. La práctica regular nos aporta calma, reduce los niveles de estrés, mejora la atención y desarrolla la estabilidad emocional. En palabras de Eline Snel “Mindfulness es estar amablemente presente en lo que ahora es. En cada momento, sin juicios ni prejuicios de ningún tipo”. Al incorporar la Atención Plena en familia, se inicia una forma de ir por la vida junto a tu hijo, con mayor claridad, amabilidad y amor. 

Te ofrecemos 3 claves básicas para iniciar en familia el camino del Mindfulness:

1. HAZLO SENCILLO

Busca momentos fijos a lo largo del día, para y observa el movimiento de tu respiración. Si tu mente se distrae, vuelve de nuevo, con amabilidad, a llevar la atención a la respiración que ahora mismo estás teniendo y nos conduce al momento presente. Este audio de Yolanda Calvo es una buena forma de empezar la práctica con los niños : “Aprender a centrarse en la respiración”.

Incorpora la Atención Plena en el día a día junto a tus hijos. Crea rituales que formen parte de lo cotidiano, como tomar tres respiraciones profundas justo antes de salir hacia el colegio; inventad la palabra mágica que con solo escucharla, os haga sonreír; saborear vuestra fruta favorita en silencio con la atención puesta en cada bocado; cread el rincón de la calma en un lugar acogedor de la casa donde los pequeños puedan recuperar la tranquilidad cuando se sientan desbordados por las emociones;antes de acostaros, dedicad unos instantes para agradecer o a visualizar un deseo fervientemente. Cualquier actividad familiar puede convertirse en una experiencia llena de sorpresas. El objetivo es permanecer conscientes y atentos al momento presente.

2.HAZ QUE SEA DIVERTIDO

No se trata tanto de hacer como de estar juntos. No te empeñes en que el niño medite, simplemente comprométete con la experiencia de manera creativa y espontánea. Muestra una actitud relajada y juguetona. Escoge un amigo de la respiración (puede ser su peluche favorito), déjalo sobre su barriga mientras se tumba boca arriba y nota cómo sube cuando infla el abdomen y baja al exhalar lentamente.
Si tu hijo se resiste a hacer la práctica, déjalo para otro momento. Puedes pactar con tu hijo previamente 5 paradas de atención a la respiración a lo largo de la semana y valorar juntos la experiencia al final.

3. EMPIEZA POR TI

Solo debes enseñar aquello que hayas practicado. Date a ti primero la oportunidad, busca espacios para comprender y practicar Mindfulness desde una perspectiva y un lenguaje más adulto, comprueba los beneficios que trae a tu vida. Recuerda que, una vez que aprendas, la práctica de la Atención Plena requiere un poco de tiempo (10 minutos al día bastará) y constancia. Cuanto más integres Mindfulness en tu vida cotidiana, más lo harán también tus hijos.

Y aquí te regalamos una 4ª clave en forma de recursos y libros para practicar Mindfulness en familia: 

Tranquilos y atentos como una rana de Eline Snel. Incluye un CD con meditaciones para hacer en familia. Este libro ofrece historias y ejercicios simples y breves que los niños podrán practicar a diario. Está dirigido a niños y niñas de 5 a 12 años y a sus padres, que pueden acompañarlos en su práctica.

El niño atento, mindfulness para ayudar a tu hijo a ser más feliz, amable y compasivo de SusanKaiser Greenland. Es un libro revolucionario, pionero en mostrar a los padres el modo más adecuado de enseñar a sus hijos estas prácticas transformadoras.

(Fuente: Beatriz Garcia,  Magic & Mindful Kids. Valladolid)




lunes, 3 de octubre de 2016

Salvemos las cenas en familia




Aunque este anuncio lo tenemos casi "hasta en la sopa" en todas las televisiones del país, me parece interesante compartirlo hoy con todos vosotros.

Tiene un fondo INCREIBLE. 

Hagamos de los deberes algo distinto, enseñanzas para la vida y con la vida. Utilicemos todo aquello que tenemos a nuestro alrededor para que nuestros hijos le vean la utilidad, sientan que su esfuerzo sirve, que estudiar puede ser muy divertido si lo enfocas bien y apoyemosles para utilizar esas características propias de la niñez y la adolescencia que le dan el punto de humor, de inocencia y de frescura, que los mayores parece que hemos perdido.

Pero además, aprovechemos también esos momentos para HACER FAMILIA. Conectar con ellos, divertirnos, dialogar...
Porque no hay nada más maravilloso que desayunar, comer o cenar juntos si nuestros ratos de mesa son ratos para que TODOS nos amueblemos un poco la cabeza.
( Fuente: Happy Family)

viernes, 30 de septiembre de 2016

Cómo manejar las criticas. La actitud del samurai


No vivimos en burbujas, nos relacionamos con otras persona, muchas a lo largo del día. Todos hemos recibido críticas, ofensas y afrentas. Depende de cómo afrontemos y enfrentemos esas críticas obtendremos entereza y serenidad o desdicha y malestar.
¿Qué podemos hacer entonces para no sentirnos mal ante las críticas? ¿Cómo conseguir que lo que diga o haga otra persona no nos afecte? ¿Cómo se hace para no dar el poder a los demás de alterar nuestro estado de ánimo?
A ver si este cuento nos da alguna pista.

"Cerca de Tokio vivía un gran Samurái, ya anciano, que se dedicaba a enseñar el budismo zen a los jóvenes.A pesar de su edad, corría la leyenda de que era capaz de vencer a cualquier adversario.
Cierto día un guerrero conocido por su total falta de escrúpulos pasó por la casa del viejo. Era famoso por utilizar la técnica de la provocación: esperaba que el adversario hiciera su primer movimiento y gracias a su inteligencia privilegiada para captar los errores, contraatacaba con velocidad fulminante.
El joven e impaciente guerrero jamás había perdido una batalla.
Conociendo la reputación del viejo samurai, estaba allí para derrotarlo y aumentar aún más su fama.
Los estudiantes de zen que se encontraban presentes se manifestaron contra la idea, pero el anciano aceptó el desafío.
Entonces fueron todos a la plaza de la ciudad, donde el joven empezó a provocar al viejo:
Arrojó algunas piedras en su dirección, lo escupió en la cara y le gritó todos los insultos conocidos, ofendiendo incluso a sus ancestros.
Durante varias horas hizo todo lo posible para sacarlo de sus casillas, pero el viejo permaneció impasible. Al final de la tarde, ya exhausto y humillado, el joven guerrero se retiró de la plaza.
Decepcionados por el hecho de que su maestro aceptara tantos insultos y provocaciones, los alumnos le preguntaron:
-¿Cómo ha podido soportar tanta indignidad? ¿Por qué no usó su espada, aun sabiendo que podría perder la lucha, en vez de mostrarse como un cobarde ante todos nosotros?
El viejo Samurái repuso:
-Si alguien se acerca a ti con un regalo y no lo aceptas, ¿a quién le pertenece el regalo?
-Por supuesto, a quien intentó entregarlo, respondió uno de los discípulos.
-Pues lo mismo vale para la envidia, la rabia y los insultos añadió el maestro-. Cuando no son aceptados, continúan perteneciendo a quien los cargaba consigo".

Las críticas pueden venir de la mano de personas manipuladoras, envidiosas, resentidas,… Son gente tóxica que nos puede rodear en cualquier ámbito de nuestra vida, no podemos saber cuándo, dónde ni quién nos va a criticar. En cambio, sí podemos elegir cómo queremos sentirnos (tranquilos, indiferentes, seguros ), independientemente de lo que hagan o digan los demás. 
Esta actitud es el mejor regalo que nos podemos hacer y una fuente inagotable de paz interior.

Cuando otros nos critiquen sin fundamento o sin razón, podemos tomar la actitud del Samurái que muestra el cuento. Mostrarnos indiferentes ante los comentarios hirientes, hace que sus críticas se esfumen. Si desde un primer momento ellos notan que topan contra una pared firme y segura, acabarán alejándose.
Lo único que podemos elegir es nuestra actitud. Yo elijo la actitud del samurai. Y tu?

lunes, 5 de septiembre de 2016

Invierte en aquello que te puedas llevar al morir


Hace años cuando compré mi casa mi madre me preguntó justo antes de coger las vacaciones "hija ¿cómo es que te vas de viaje si no has cambiado las ventanas de tu casa?". En ese momento algunas ventanas no cerraban bien y entraba un frío considerable por ellas. Quizás lo "sensato" hubiera sido quedarme, en cambio mi respuesta fue "prefiero invertir mi dinero en algo que pueda llevarme al morir". A día de hoy pienso igual.
Mis ventanas se quedarán aquí. Mis muebles, mi ropa y todo lo que poseo también. Mis viajes, mis lecturas, mis aprendizajes, mis decisiones, mis atrevimientos, mis relaciones, mis recuerdos... Todo eso me lo llevo donde vaya y es lo que me convierte en lo que soy.
Estamos en una sociedad que nos da múltiples ideas sobre dónde gastar nuestro dinero, que nos convence de que somos imperfectos. Deberías quitarte esos kilos de más, deberías de ganar más, deberías de casarte que se te va a pasar el arroz, deberías de ser diez centímetros más alto, deberías de teñirte el pelo que se te ven las canas, deberías de ser mejor madre... Todo a nuestro alrededor indica que ni tú ni yo somos lo esperado, lo perfecto. Y ahora ¿qué hacemos? Una posibilidad es luchar desesperadamente intentando llegar a un ideal absurdo. Para ello compraremos ropa que transmita nuestro gran estilo, nos someteremos a rigurosas dietas y tablas de ejercicios, compraremos la última maravilla antiarrugas, estaremos muy pendientes de lo que llevan y hacen los famosos y sobre todo, nos dejaremos un dineral intentando aparentar ser alguien que no somos. Al final de esta carrera estaremos como el hámster en la rueda: en el mismo sitio. Un lugar muy, muy lejos de nuestro verdadero ser.
Tratar de convertirnos en otra persona cuesta mucho dinero y al final nos quedamos eternamente frustrados. Solo tenemos que observar las barbaridades que nos cuentan en los anuncios. Si quieres ser buena madre debes tener la casa impoluta. También deberías de saber que el mundo está lleno de gente mala que quiere entrar en tu casa, ante la duda téme a todos y, sobre todo, contrata el servicio de seguridad que solo quiere lo mejor para ti . No está de más que compres un coche que ni necesitas ni te viene bien pagar, porque da mucho estatus. Como estos ejemplos, cientos.
Para ello hay que comenzar a tomar decisiones de compra consciente. Tampoco tiene que ser algo drástico, tómate tu tiempo. Las pequeñas decisiones repetidas en el tiempo son las importantes. La próxima vez que vayas a comprar cremas, comida o ropa pregúntate ¿realmente necesito esto? Y, muy importante, ¿qué emoción me impulsa a esta compra? Al reflexionar quizás veas que detrás de lo que compras hay miedo, falta de valoración personal o ganas de aparentar. En tal caso, ahórratelo. Puedes hacer una hucha donde ir echando todo lo que ahorres en esas compras que evitas. Luego gástalo en ti. En viajes, en cursos de cocina sana o de crecimiento personal, en un masaje, en terapia, en clases de yoga, en unas cervezas con los amigos, en una donación a una causa en la que creas, en un buen libro… En algo que te aporte, en algo que cuando conectes con la emoción que te impulsa te llene de alegría, amor o conexión..
El que fue presidente de Uruguay, José Mujica, lo explica de una manera muy lúcida: “Cuando tú gastas, en el fondo lo que estás gastando es tiempo de vida que se te fue”. Quizás no lo hayas visto antes así, lo cierto es que el dinero sale de tu trabajo y ese trabajo son horas de tu vida que dedicaste a eso. Por tanto, al comprar algo estás dando a cambio horas de vida que no volverán ¡que sea por algo que valga la pena!
Si hay algo me preocupa es llegar al momento de la muerte, mirar atrás y darme cuenta de que no entendí lo importante en la vida. Bronnie Ware es autora de un libro llamado “Los cinco arrepentimientos de los moribundos”. Ella ha trabajado años como enfermera en cuidados paliativos. Ha estado en contacto con muchas personas en uno de los momentos más importantes de su vida, la muerte. Escuchar sus inquietudes y reflexiones ha cambiado su vida, algo que ha querido compartir en su obra y que resume en los siguientes arrepentimientos:
1.- Ojalá hubiera tenido el coraje de hacer lo que realmente quería hacer.
2.- Ojalá no hubiera trabajado tanto.
3.- Ojalá hubiera tenido el coraje de expresar lo que realmente sentía.
4.- Ojalá hubiera vuelto a tener contacto con mis amigos.
5.- Ojalá hubiera sido más feliz.
No menciona “ojalá hubiera sido más estiloso”, “ojalá hubiera tenido un Lamborghini” y tampoco dice “ojalá hubiera sido más guapo”. Menciona lo importante de la vida: escucharte, pasar tiempo con los que amas, expresar tus emociones para conectar mejor con los demás y apreciar lo que tienes para ser más feliz.
Recuérdalo cada día y cuando llegue tu momento de dejar este mundo te irás lleno de historias hermosas, de vivencias y, muy importante, de paz.
(Fuente: Raquel Rus)

sábado, 27 de agosto de 2016

La mala costumbre



La mayoría de nosotros vive pensando que esto será eterno. Que somos inmortales y que las desgracias solo le pasan al de al lado. 
Y es que…

Tenemos la mala costumbre de dejar para luego, de reír poco y de querer hacerlo mañana. Tenemos la mala costumbre de echar de menos, en lugar de hacerlo de más. La mala costumbre de usar los luegos y no los ahoras. Luego te llamo, luego te escribo, luego te contesto, luego nos vemos. Y obviamente nunca llamó, nunca escribió, nunca contestó y nunca fue visto. Tenemos la mala costumbre de querer tarde. De valorar tarde. De pedir perdón demasiado pronto. Debería haber un número máximo de perdones. Perdonar nos hace grandes, de acuerdo, pero cuando tienes que perdonar todos los días, al final un lo siento se convierte en el comodín de cualquier pretexto injustificado, innecesario e inmerecido. Tenemos la mala costumbre de defender al malo y descuidar al bueno. De contar mentiras tra la rá y de tener que hacer un máster para descubrir verdades. Mantenemos en nuestra vida “amigos” porque sí y llenamos nuestras agendas de compromisos a los que realmente no queremos ir. Tenemos la mala costumbre de sentirnos mal por decir no y de creernos mejores por decir si.

Tenemos la mala costumbre de esperar a un cáncer, a una mala noticia o a una llamada de que alguien querido se nos fue, para tomar las riendas de nuestra vida y empezar a apreciar cada puesta de sol, cada mañana que te levantas de la cama y cada luna que abrazas en tu almohada. Tenemos la mala costumbre de usar el descuido a diario, olvidando que los pequeños detalles importan, que los pequeños detalles construyen grandes caminos y que cada lunes, puede ser el mejor día de la semana. Tenemos la mala costumbre de quejarnos por todo, de culpar siempre al otro porque claro, tú eres un ser perfecto y nunca, nunca, haces nada. Siempre es la parte contraria. Decimos muy pocos te quieros y hacerlo por primera vez es como “buf que va, no vaya a ser que se asuste”. ¿Asustarse de qué? ¿Cómo una persona puede asustarse porque alguien le quiera?.

Asústate si algún día te vas a la cama sin sentir que quieres a otra persona.
Asústate el día que te vayas a dormir sin decirle a esa persona lo importante que es para ti.
Asústate cuando no le des besos a tu madre y a tu padre.
Asústate cuando seas incapaz de abrazar a alguien y sentir esa sensación tan extraordinaria que producen los abrazos.
Asústate cuando las defensas de tu cuerpo se hayan vuelto inmunes al dolor ajeno.
Y cuando veas una injusticia y no hagas absolutamente nada para remediarlo.
Asústate cuando pases un solo día sin ayudar a alguien.

Asústate de verdad, porque créeme. Estás muerto.

Y es que…

Tenemos la mala costumbre de trabajar demasiado, de cargar con una mochila llena de cosas innecesarias y de comer más de lo que nuestro cuerpo necesita. Tenemos la mala costumbre de creernos mejores que los demás, de bailar poco, fumar mucho y respirar a medias. Tenemos la mala costumbre de ir caminando por las calles de nuestra ciudad mirando al suelo, o a nuestro teléfono móvil. ¿Alguna vez te has dado cuenta de lo bonitos que son los edificios de esas calles por las que pasas a diario? Por no hablar de la luz de las estrellas.

Tenemos la mala costumbre de empezar el gimnasio la semana que viene. De cuidarnos cuando ya es demasiado tarde y de tomar vitaminas cuando estamos enfermos. Tenemos la mala costumbre de creer que el pelo de aquella es mejor que el nuestro. Que su suerte es nuestra desdicha y de compararnos como si fuésemos presa de alguien que busca en comparadores de Internet. Tenemos la mala costumbre de medirnos por nuestros estudios o por nuestra altura. De confundir la belleza con la delgadez y de creernos que no somos capaces de conseguirlo, porque alguien una vez así, nos lo hizo creer. Y no fue nadie más que tú mismo.

Tenemos la mala costumbre de apuntarnos a clases de idiomas, cuando ni siquiera dominamos el nuestro. De querer conocer mundo y viajar lo más lejos posible cuando aún, nos quedan lugares maravillosos por descubrir en nuestra propia tierra.Tenemos la mala costumbre de escuchar poco y hablar demasiado. De dar consejos y juicios de valor sin ser conscientes del poder que pueden llegar a tener nuestras palabras. Dejamos demasiado pronto y tenemos muy poca paciencia. Wasapeamos mucho, dormimos demasiado.

Nos pasamos media vida o vida entera, soñando esa vida perfecta que nos gustaría tener. Cuando somos ajenos a que realmente la vida perfecta es ahora. Es cada momento, cada instante de los segundos que marca el reloj de tus días. Es cada oportunidad, cada sonrisa, cada beso y cada vez que te enamoras. ¡ENAMORÉMONOS TODOS LOS DÍAS DE NUESTRA VIDA! 

Empieza a acostumbrarte a esta vida que a veces es dura. Terriblemente dura. Pero no te lamentes ni te vayas nunca a la cama habiendo hecho daño alguien. Habiendo dejado para luego esos ahoras que nunca llegaron. No habiendo cumplido ese sueño que tanto querías, no habiendo hecho unos kilómetros de más ese día porque tu cuerpo estaba cansado. No permitas que alguien fallezca para luego recordarlo y decirle mirando su foto, cuánto le querías. No dejes que la rutina o la sensación de eternidad descuide lo verdaderamente importante de tu vida.

En definitiva, no dejes que la mala costumbre sea la invitada de honor en los días que te quedan por vivir a partir de hoy.
Quiere ahora, no mañana.
(Fuente: El rincón de Floricienta)

martes, 23 de agosto de 2016

Compatia. La solución para enfrentarse a personas enojadas



Se trata de una palabra que no aparece en el diccionario y que fue acuñada en su momento por uno de las mayores especialistas que existen sobre la resiliencia. Se trata del educador Al Siebert.

Qué es la compatía? ¿Cuál es la finalidad de la compatía?

La compatía es el resultado de unir estas dos palabras: compasión y empatía.

Al Siebert decidió crear este término para dar respuesta a situaciones en las que como persona requieres de una fortaleza emocional significativa y una inteligencia emocional considerable para escuchar y comprender a las personas que están enojadas o molestas contigo.

Por tanto, la compatía tiene como finalidad poder resolver aquellos conflictos que te suceden con personas que están enfadadas contigo por alguna razón. La compatía puede serte de gran utilidad porque, proyectándola hacia esas personas que están enojadas contigo, serás capaz de comprenderlas mejor, tendrás mayor capacidad de resolución y sabrás qué decir y cómo decirlo para que la situación de enojo pueda revertirse en una situación de calma y diálogo.

¿Qué expresiones debes evitar cuando una persona está enojada o enfadada contigo?

Cuando tengas ante ti a una persona muy enojada por algún motivo, evita iniciar la conversación con las expresiones:
Tranquilo
Cálmate
Ponte tranquilo
No te pongas nervioso
Relájate

Cuando dices estas expresiones nunca estás creando opciones. Ahora quiero que te pongas en el lado de la persona enfadada y quiero que te hagas la siguiente pregunta: ¿Cuántas veces estando enojado te has calmado oyendo decir al otro que te pongas tranquilo? A mí no me ha pasado nunca.

Si le decimos a alguien que se calme, lo que pasa es que en muchas ocasiones se pone más nervioso. Y se pone más nervioso porque la respuesta que le damos no es empática, porque carece de compasión, porque es incapaz de generar opciones y mucho menos soluciones. Es más, en algunas ocasiones puede empeorar el estado de ánimo de la persona enojada.

Es por ello que, en lugar de pedirle a la persona enojada que se calme, lo que debes hacer es practicar la compasión y la empatía a la vez mediante lo que Al Siebert denomina la compatía. ¿Cómo? Déjame que te dé algunas pautas de cómo debes hacerlo.

Consejos para resolver conflictos con personas enojadas mediante la compatía.

Cuando tengas delante de ti a una persona muy molesta o enfadada contigo puedes llevar a cabo estos sencillos pasos que promueven la compatía hacia el otro:

1. Empieza preguntando a la persona enojada qué les molesta. Fíjate que, si le preguntas a la persona enojada qué le molesta, lo que estás haciendo es generar opciones en lugar de pedirle que se calme.

2. Escucha atentamente lo que te dice la persona enojada. Es muy importante que en el momento en el que la persona te cuenta lo que le pasa, escuches atentamente a dicha persona. Deja de hacer lo que estabas haciendo, mírale a la cara y mientras te está hablando asiente con la cabeza en señal de demostración de que lo que te está contando te importa.

3. Clarifica la respuesta de la persona enojada con una o dos preguntas. Una vez te haya contado el porqué de su enojo contigo es muy importante que formules a la persona enojada una o dos preguntas que ayuden a aclarar al máximo lo que te ha contado. Es importante que esas preguntas sean lo más concisas posible, y no olvides que deben ser preguntas abiertas para generar más opciones a la persona enojada.

4. Repite lo más fielmente posible lo que te diga la persona ofendida. Es muy importante que la persona ofendida hable y luego escuche por boca tuya aquello que te ha contado. A la persona enojada le ayuda muchísimo escucharse a sí misma por boca de otra persona, porque la percepción de lo que dices y lo que escuchas sobre lo que dices puede ayudar a clarificar y ordenar el pensamiento de la persona.

5. Concede mucho valor al sentimiento que tiene contigo la persona enojada. Es muy importante que expreses comprensión por lo que te ha contado. Pero, cuidado. En este momento no debes ser simpático, sino empático. Esta diferencia en este momento del conflicto determinará muy probablemente su resolución. 

6. Agradece a la persona enojada que haya tenido la valentía de decirte lo que te tenía que decirte a ti en lugar de hacerlo con otros y a tu espalda. Una persona enojada nunca espera que en la conversación para la resolución del conflicto la otra persona le dé algún tipo de agradecimiento. Es un arma tremendamente efectiva y que ayuda a la persona enojada a ir cambiando su visión y estado de ánimo acerca del conflicto.

7. Añade alguna observación que dé riqueza a los argumentos de la persona enojada. Ahora es cuando llega el momento de generar opciones que acerquen posiciones entre tú y la persona enojada.

8. Pregunta a la persona enojada qué es lo que quiere. Esto le permitirá a esa persona verbalizar un objetivo concreto que al decirlo de palabra también será compartido contigo. Es muy difícil que un conflicto se resuelva sin saber cómo se quiere resolver y sin que uno de los dos lo sepa. Compartiendo un objetivo común daréis el primer paso para una posible solución al conflicto que ha causado el enojo.

9. Transforma el objetivo, es decir, transforma lo que quiere o lo que pide la persona enojada contigo en posibles soluciones. Esta es la última fase. Una fase en la que la unidireccionalidad de la persona enojada contigo se transforma en diálogo. Un diálogo que ambas partes deben entender que es la única manera de llegar a posibles soluciones. Es muy importante hacerle ver a la persona enojada que no estáis discutiendo en paralelo, sino que estáis discutiendo posibles soluciones a través del diálogo y de forma bidireccional.

¿Qué efecto tiene la compatía en las personas?

No hay nada más efectivo cuando te enfrentas a una persona enojada que dicha persona perciba que la estás escuchando. En muchas ocasiones en lugar de escuchar se tiende a mirar para el otro lado o pensar en una réplica contundente. Si no escuchas o piensas en cómo defenderte del enojo, difícilmente conseguirás crear opciones frente a la persona enojada.

Soy consciente de que mostrar compatía frente a una persona enojada no es fácil, pero es un indicador realmente valioso de tu capacidad de resistencia frente a las adversidades, de tu nivel de resiliencia frente a un conflicto.

Ten por seguro que, si demuestras la compatía frente a una persona enojada, dicha persona no tardará mucho en darse cuenta de su comportamiento y te pedirá perdón por haberse enojado contigo. De lo que se trata de aprender a ponerte en el lugar de la persona enojada cuando está enojada para establecer opciones y buscar soluciones a través del diálogo.

Además, si sigues estos pasos, lo que harás también es enseñarle el camino a la persona enojada de cómo debe afrontar dicha persona el enojo de otra persona.

Quisiera acabar con la siguiente reflexión: nunca podrás evitar que las personas se enojen contigo sin entrar a valorar si tienen o no tienen razón. Si ves el enojo de una persona como un ataque en lugar de una oportunidad, difícilmente serás capaz de escuchar a la persona enojada y, sin escucharla, difícilmente sabrás por qué está enojada. Por tanto, en lugar de defenderte de dicha persona, escúchale atentamente y genera opciones que permitan la resolución del conflicto.
(Fuente: Santiago Moll)