miércoles, 2 de mayo de 2018

Somos lo que pensamos


 Lo que ocurre en nuestras vidas a nivel físico: trabajo, economía, vida social, incluso nuestro peso; es un reflejo de lo que ocurre interiormente dentro de nosotros a nivel mental o emocional. Reflejamos fuera lo que ya está dentro. Hay una ley que dice que toda creación física es precedida por una creación mental. De ahí la importancia de nuestros pensamientos.

Se dice que somos lo que pensamos. Muchos de nosotros creemos que los pensamientos no pueden ser gestionados, que nuestra mente funciona en automático. Pero esto está muy lejos de la realidad. Nuestros pensamientos condicionan nuestras vidas. Según pensamos, así nos sentimos y por consiguiente así actuamos.


Como ya nos decía Einstein hace algunos años “Tonto es aquél que espera resultados distintos, haciendo a diario las mismas cosas”. Si deseas que tu vida cambie, necesitas empezar por pensar de forma diferente.

Hay estudios que nos indican que nos volvemos adictos a nuestras propias emociones, y estas a su vez son fruto de nuestra forma de pensar. Hay personas que tienden a estar deprimidas, a verlo todo negro, a no ver soluciones en ninguna parte; mientras que otras siempre están alegres y ven el vaso medio lleno. La realidad en muchas ocasiones es igual para ambos tipos de personas, pero la forma en que la “vemos”, la interpretamos, produce una gran diferencia en nosotros y en nuestras vidas.

Veamos esto con un ejemplo, estamos viviendo momentos de cambio, de incertidumbre, de crisis; esta es la realidad. Ahora bien, la interpretación que hagamos de estos hechos es lo que va a cambiar la calidad de nuestras vidas. Usted puede interpretar la crisis como algo malo. Como cambios que modifican nuestro quehacer diario o por el contrario como un reto, una manera de cambiar para poder avanzar. Por tanto esta diferencia de interpretación es la que nos pone en una predisposición o en otra a la hora de actuar.

En realidad la única crisis real es la tragedia de no querer luchar para superarla.

miércoles, 18 de abril de 2018

Ofrece AMOR a pesar de las decepciones



Todos estamos un poco fragmentados. Cargamos con nuestras piezas rotas intentado unir los pedazos del puzzle imposible de nuestro corazón, ansiando ofrecer amor una vez más. Queremos amar y ser amados, sin embargo, las decepciones ya queman demasiado…

A menudo, suele decirse aquello de que siempre que estemos dispuestos a hacerlo todo por los demás, debemos estar preparados a que en algún momento, nos decepcionen. De alguna manera, es como si el dolor siempre estuviera implícito cuando hablamos de afectos, de amor, de cariños. Ahora bien, esto no es del todo cierto.

Nuestro cerebro emocional y social ansía la seguridad de un vínculo seguro. La seguridad garantiza al fin y al cabo nuestra supervivencia y ello explica por qué sentimos dolor cuando nos decepcionan. Algo en nuestro interior se rompe, se quiebra. El vínculo seguro desaparece y solo queda el vacío.

Es posible que en ocasiones construyamos unas expectativas demasiado altas hacia algo o alguien, puede ser, pero todos necesitamos ciertas garantías de que no vamos a ser heridos. De que a quienes elegimos ofrecer amor, no tiene por qué decepcionarnos ni romper ese vínculo así como así.

Por mucho que nos digan, nadie está preparado para asumir las decepciones como algo “normativo” en nuestras relaciones cotidianas.

Ofrece amor a pesar de las tristezas y el dolor

Estamos muy acostumbrados a que nos digan que las decepciones no las causan comportamientos inadecuados, sino las falsas expectativas que uno mismo se hace sobre las cosas. Ahora bien, esta frase de manual no tiene sentido en especial, cuando el comportamiento ha sido realmente cruel, inesperado y doloroso.

Cuando uno dispone de una buena amistad con alguien, no entra en sus expectativas que nos critiquen a nuestras espaldas. Cuando una persona llega a la ancianidad, no entra tampoco en sus expectativas que los hijos lo abandonen. Cuando uno ama y cree ser amado, nunca espera ser maltratado o humillado por la pareja.

Hay decepciones auténticas, profundas y descarnadas. Ofrecer amor después de estas experiencias vitales es poco más que una misión imposible, porque necesitamos tiempo. Necesitamos que las agujas del tiempo cosan y remienden heridas, “piezas rotas” que nuestro cerebro, lo creamos o no, interpreta como tal. Como heridas auténticas.

Según un estudio,  llevado a cabo por el psicólogo emocional Ethan Kross, tanto los rechazos, como las traiciones y las decepciones profundas son interpretadas por nuestro cerebro como un golpe, una quemadura o un impacto físico traumático.

La región cerebral que más se activa en estos casos es la ínsula, vinculada directamente con el dolor. Todo ello, nos demuestra que para el cerebro, una decepción es la ruptura de un hilo que nos ofrecía seguridad, confianza en algo o alguien que ahora, se ha desvanecido. Volver a ofrecer amor después de estas vivencias no es fácil, sin embargo, puede ser una buena medicina para sanar heridas.

No te canses de ofrecer amor y de quererte a ti mismo/a

Hay decepciones que se asumen como quien tolera el pinchazo de una rosa o beber cada día en una taza rota pero reparada con pegamento y mucho afecto, porque es nuestra favorita. Sanamos, perdonamos y avanzamos. Ahora bien, algo que no podemos tolerar es que nuestro corazón se convierta en una piedra. En caso de hacerlo, esa piedra caerá para siempre en el frío pozo del desánimo, de la vulnerabilidad y el fracaso.

El amor auténtico no duele. La amistad sincera no traiciona. Quien te quiere te puede decepcionar una vez, pero nunca más. Por ello, te proponemos reflexionar unos instantes en estas sencillas estrategias de afrontamiento, que nos pueden servir para superar estos instantes tan complejos.

Una decepción además de sufrimiento provoca que nos sintamos vulnerables. Cuando una persona se siente frágil más que ofrecer amor lo que necesita es recibirlo, recibirlo en especial de sí misma para reconstruirse, para validarse de nuevo con toda su integridad, fortalezas y autoestima. Algo así solo nos confiere el tiempo y un adecuado trabajo interior.
Además del factor tiempo, vamos a tener que gestionar tres sentimientos básicos: la rabia, el pesimismo y la impotencia. Una decepción arranca nuestras raíces y nos hace pensar que ya nada va a ser igual después de eso. Disipa estos tres jinetes de la infelicidad de tu corazón en cuanto te sea posible.
Asume por un lado, que no merecías lo que te ha pasado, pero acepta también que no mereces sufrir eternamente. No elijas el rencor como alimento cotidiano, no te prescribas el sufrimiento como medicina eterna, los efectos secundarios son devastadores.

Recuerda mejor algo indispensable: elegirte a ti. A ti por encima de todas las cosas, por encima de los miedos, de las incertezas y de los resentimientos. Elige volver a ilusionarte y sobre todo, a seguir cultivando lo que de verdad merece la pena: ofrecer amor. Piensa que a pesar de todas las decepciones, sigue existiendo gente buena.
(Fuente: Valeria Sabater.- La mente es maravillosa)

miércoles, 11 de abril de 2018

No te quiero para mi, te quiero conmigo


No te quiero para mí, te quiero conmigo. El amor no es posesión, es la unión de dos personas completamente distintas, o con algunos puntos en común, que se aceptan tal y como son. El amor son dos almas que se encuentran en el camino y que mientras conservan su identidad se entrelazan compartiendo un mismo destino.

Por eso te quiero conmigo, pero no para mí. Quiero que vivas tu vida y compartas esa vida conmigo, porque en esa vida no solo estaré yo. Seguirás tu camino y tendrás tu propio mundo, pero si tu destino está unido al mío, nos encontraremos compartiendo ese camino.

En el amor, cada uno de nosotros es responsable por lo que siente, y no puede culpar al otro por eso.Nadie pierde a nadie porque nadie posee a nadie. Y esta es la verdadera experiencia de la libertad: Tener lo más importante del mundo sin poseerlo”.

Construyamos nuestro universo

Construyamos nuestro propio universo donde haya espacio para nuestros planetas, nuestros sueños y nuestras metas. Donde contar como hemos vivido nuestro día, ese que hemos compartido con otras personas, otros trabajos, otros mundos, nos alegre el día.
Un universo con horizontes paralelos que permitan diferentes puntos de vista y que hagan de estas diferencias la virtud de seguir creciendo. Porque no somos uno, somos distintos, pero aprendemos de lo que cada uno de nosotros vemos. Compartimos nuestras vivencias porque nos conocemos de una manera tan íntima y verdadera, que somos libres de decir lo que sea con la seguridad de que sabremos lo que el otro piensa.

A veces, solo con mirarnos, sabemos lo que pensamos. Otras tenemos que explicarnos y otras no llegamos a comprender lo que el otro está pensando. Pero todas ellas, sin excepción, son maneras de amarnos porque somos libres y aun así preferimos mantenernos juntos en el universo que creamos.

Te quiero conmigo cuando rozamos nuestras manos y los nervios se apoderan de mi estómago. Te quiero conmigo para reírte de mis tonterías, de lo torpe que soy o de los despistes de los que siempre me avisas. Te quiero conmigo cuando sonríes, pero también quiero compartir esa sonrisa tan bonita con el mundo.

Te quiero feliz e independiente

Te quiero feliz e independiente. También loc@ y sonriente. Te quiero por cómo eres, porque es así como te ganaste mi corazón. No pretendo que seas perfect@ porque tampoco lo soy yo. Te quiero ver feliz a cada instante y por eso respeto todo lo que haces, aunque quizás yo no haría lo mismo. Pero eso es lo bonito, aprender que la vida no tiene un solo camino.
Vive, salta, corre y se libre, se feliz, que yo soy feliz viéndote disfrutar como si cada instante fuera a acabarse en un suspiro. Gracias por poner mi mundo del revés y hacer cosas que no pensaba llegar a entender pero que haciéndolas contigo han adquirido un nuevo sentido.
Es muy divertido llegar a casa y tener a alguien al que contarle las historias de otro lugar donde no va a estar. Las risas, los consejos y cualquier tontería que se nos ocurra sobre nuestros mundos será la base de nuestra propia realidad.
Una realidad que tiene sentido vivida por separado, pero contada cuando nos juntamos. Mantenemos nuestro espacio y sabemos que nos respetamos, nos amamos y disfrutamos. No somos prisioneros de lo que el otro hace, dice o piensa porque cuando no estamos juntos disfrutamos tanto o más que cuando estamos separados.

Por eso sabemos que nos amamos, porque a pesar de ser felices estando separados, elegimos pasar la vida con alguien al lado. Así, tener lo más importante del mundo, el amor, a nuestro lado, sin poseerlo pero compartiendo la felicidad con los demás, es la mejor manera de vivir en mi mundo. Un mundo que quiero compartir contigo, un mundo lleno de libertad, respeto, amor y felicidad.
( Fuente:  Lorena Vara González.- La mente es maravillosa)

martes, 3 de abril de 2018

Cinco claves para decir NO sin molestar al otro



Es posible que hayas tenido alguna conversación con un amigo, familiar o jefe que te pide algo que no te apetece demasiado, pero que acabas aceptando. Y no porque la otra persona tuviera una tremenda capacidad de influencia, sino sencillamente porque te resultó difícil decirle que no. Poner límites es una de las pruebas más difíciles a las que nos enfrentamos y uno de los mejores termómetros de madurez. No es fácil, reconozcámoslo. Nuestros propios miedos de serie no ayudan en exceso. Como decía Aristóteles, somos animales sociales por naturaleza, lo que significa que nos entregamos en cuerpo y alma a ser parte de nuestro grupo. Por eso, buscamos agradar, nos encanta que nos reconozcan los que nos importan y sufrimos cuando tenemos que decir “no” a personas relevantes para nosotros. Por suerte, esta dificultad va variando a lo largo de los años.

En la adolescencia caemos en los brazos del grupo y en general nos importa más lo que digan los compañeros de clase que los profesores o los  padres. Sin embargo, cuando crecemos, vamos conformando nuestra personalidad y nuestro carácter, y nos sentimos más fuertes y menos vulnerables si pronunciamos el maravilloso “no”. También tiene que ver con el género. Según algunas investigaciones, las mujeres tenemos tendencia a ser más complacientes que los hombres por una presión social o histórica, por la que se valora peor la asertividad femenina que la masculina. Pero, dicho todo lo anterior, necesitamos saber decir que no. Es la mejor manera de proteger nuestros límites, de cuidarnos y de crecer sin buscar la aprobación constante de los otros. Aprender a decirlo no significa ser desagradable o resultar áspero. Se puede conseguir de un modo amable, sin herir, defendiendo nuestra postura y sin hacer daño al de enfrente. Veamos cómo hacerlo con las personas que más nos cuesta, con aquellos que nos importan:

Primero, identifica qué límites quieres poner y con quién. Una pregunta previa consiste en saber en qué áreas te estás dejando llevar más: ¿es con la pareja?, ¿con el jefe?, ¿con los compañeros?, ¿cómo lo consiguen, cuando se ponen agresivos, cuando te adornan la petición... o siempre te ocurre? Eso te dará pistas. Una vez identificado, ponte un objetivo concreto y prueba con los siguientes pasos.

Segundo, da una respuesta de un modo amable, basada en los objetivos pero sin demasiadas explicaciones: “no puedo ayudarte con este informe, porque me han pedido que entregue este otro mañana y voy muy mal de tiempo”. No caigas en justificaciones infinitas, que aburren al interlocutor y te hacen perder fuerza; o en excusas fácilmente desmontables. Si dices, “no puedo ir a tu fiesta porque no tengo tiempo para preparar nada de comida”, la otra persona puede responderte que se encarga de todo o que debajo de su casa hay una tienda donde puedes comprar algo… Con su respuesta, te desmonta la excusa.

Tercero, incluye la técnica de la negociación. Siguiendo con el ejemplo anterior de la fiesta, puedes decir que no vas ese día por un motivo, pero como te apetece verle, le propones que te acercas otro día. O en el caso del compañero de trabajo que te solicita un informe, le dices que no puedes en ese momento, pero que cuando termines el que estás preparando puedes ayudarle. De ese modo, abres una ventana de oportunidad.

Cuarto, explica el impacto tomando como referencia a una tercera persona. Podría ser: “si hago esto que me pides, tendría que decirle que no a fulanito”. De esta manera, tu posición queda más protegida y tienes un argumento de fuerza. Esto ocurre muchas veces en temas familiares: “No puedo acudir a esta reunión porque le he prometido a mi hijo acompañarle en un evento del colegio”, por ejemplo.

Y quinto, aprende de alguien que te guste cómo gestiona estas situaciones y experimenta poco a poco. La ventaja de ser sociales es que mejoramos a través de la observación; por ello, fíjate en alguna persona que sea un referente, analiza sus argumentos, su lenguaje no verbal y ponlo en práctica en situaciones cómodas, primero, y más difíciles después.

En definitiva, aprender a decir “no” es básico para decir “sí” a lo que realmente nos importa. Lo necesitamos para cuidarnos, para proteger a personas o proyectos que sí queremos hacer y para no defraudar expectativas si aceptamos todo cuanto nos piden.
(Fuente: Pilar Jericó)

lunes, 26 de marzo de 2018

El arte de complicarnos la VIDA.- cuento del pescador

“Un hombre rico, empresario, bien vestido, ropas caras y talante derrochador, iba paseando por el puerto, cuando se encuentra con un modesto pescador. El pescador trabajaba en sus redes y en su pequeña barca y tenía un cubo lleno de un montón de peces recién pescados. El rico empresario le preguntó:
– Óiga, ¡usted tiene mucha maña! ¡Parece un pescador muy bueno! Usted solo y con esta pequeña barca ha pescado muchos peces. ¿Cuánto tiempo dedica a la pesca?
El pescador respondió:
– Pues mire usted, yo la verdad es que nunca me levanto antes de las 8:30. Desayuno con mis hijos y mi mujer, acompaño a mis hijos al cole y al trabajo, luego voy tranquilamente leyendo el periódico hasta el puerto, donde cojo mi barca para ir a pescar. Estoy una hora u hora y media, como mucho, y vuelvo con los peces que necesito, ni más ni menos. Luego, voy a preparar la comida a casa, y paso la tarde tranquilo, hasta que vienen mis hijos y mi mujer y disfrutamos haciendo juntos los deberes, paseando, jugando. Algunas tardes las paso con mis amigos tocando la guitarra.
– ¿Entonces me dice que en solo una hora ha pescado todos estos peces? ¡Entonces usted es un pescador extraordinario! ¿Ha pensado en dedicar más horas al día a la pesca?
– ¿Para qué?
– Pues porque si invierte más tiempo en pescar, 8 horas, por ejemplo, usted tendría 8 veces más capturas, y ¡así más dinero!
– ¿Para qué?
– Pues con más dinero usted podría reinvertir en una barca más grande, o incluso contratar a pescadores para que salgan a faenar con usted, y así tener más capturas.
– ¿Para qué?
– Pues con este incremento de facturación, ¡su beneficio neto sería seguro envidiable! Su cash flow sería el propicio para llegar a tener una pequeña flota de barcos, y así, hacer crecer una empresa de pesqueros que le harían a usted muy muy rico.
– ¿Para qué?
– ¿Pero no lo entiende? Con este pequeño imperio de pesca, usted solo se tendría que preocupar de gestionarlo todo. Usted tendría todo el tiempo del mundo para hacer lo que le venga en gana. No tendría que madrugar nunca más, podría desayunar cada día con su familia, podría acompañar a los niños al cole, jugar con ellos por la tarde, tocar la guitarra con sus amigos…”
¿Y no es eso lo que estoy haciendo ahora mismo? -concluyó el pescador.
Los seres humanos tenemos un don para complicarnos la vida. Es algo evolutivo, estamos diseñados para sobrevivir a las adversidades, por lo que cuando creemos encontrarnos ante una todo nuestro sistema defensivo se activa. El problema es que la mayoría de las veces no son adversidades reales. Más bien somos nosotros los que las interpretamos así.
Muchas de estas amenazas percibidas responden a pseudonecesidades. Estas no son más que deseos que nosotros mismos convertimos en necesidades absolutas, sin las cuales pensamos que no podemos ser felices o tener una vida digna.

martes, 20 de marzo de 2018

Confia en el proceso de la VIDA. Estás justo donde debes estar

Muchas veces pensamos haber tomado el camino equivocado. Podemos lamentarnos por decisiones tomadas que nos han traído consecuencias que hubiésemos preferido no vivir, podemos lamentar el tiempo invertido en algo… Podemos arrepentirnos y culparnos, podemos sentir esa nostalgia por algo perdido o por caminos no recorridos.
Sin embargo, es importante tomar conciencia que nada nos ocurre de manera casual, que todo tiene una razón y que cada una de nuestras experiencias, de nuestras relaciones, de nuestros pasos, tiene la intención de ubicarnos exactamente en lo que debemos vivir, para nuestro crecimiento, para mirar a través de nuevos cristales, para valorar la vida y sus milagros.
Debemos confiar en el proceso de la vida, evidentemente no se trata de cruzarnos de brazos, esperando que lo que tengamos que vivir pase a través de nosotros, no, nuestros tránsitos están ajustados a nuestro crecimiento, al beneficio que saquemos de nuestras experiencias y afrontaremos cada vez experiencias  más retadoras, que nos impulsen a sacar lo mejor y lo mas positivo de nosotros.
No debemos recriminar nuestra actuación en el pasado. Lo que hicimos en su momento fue lo único que pudimos haber hecho con los recursos y el conocimiento que poseíamos, así que aparte de ser un desgaste energético es totalmente inútil revisar el pasado para sentir culpa o remordimiento, para recordar penas o desear tomar venganza. Solo debemos utilizar nuestro pasado con fines prácticos, aprender lo más posible de él, ver cuánto hemos crecido y qué fortalezas hemos desarrollado.
Por más enigmática que pueda resultar la vida, no debemos perder de vista el propósito principal:
¡Ser felices! A pesar de, incluso con… Debemos aprender a mantener nuestra serenidad a pesar de la tormenta, no buscar afuera lo que solo está en nuestro interior, nunca nada, ni una propiedad, ni una cuenta bancaria, ni un logro, ni el mayor orgullo, será causante de felicidad real, todo ello nos llena de alegría, de emociones positivas, pero resultan ser puntuales y siempre nos quedaremos con esa sensación de “ah, ya lo tengo… ¿y ahora?” y así vamos tal cual el  conejo detrás de su zanahoria buscando la felicidad en los sitios equivocados.
La felicidad es el producto de una mayor consciencia, para poder apreciar cada momento y aceptarlo tal y como es, sin pretender que sea diferente. La felicidad es esa ausencia de resistencia ante lo que no es como queremos, es poder dar lo mejor de nosotros en pro de lo que queremos, apostando siempre por el hecho de que quizás no podamos cambiar algo en particular, pero que al cambiar nuestra manera de verlo,  sentiremos la paz necesaria para transitar cualquier situación.
Relájate, estás en el único sitio en el que podrías estar, disfruta, aprende, crece, ama y déjate amar.
(Fuente: Sara Espejo.- Rincón del Tibet)

martes, 6 de marzo de 2018

Beneficios de una buena relación de la niña con su padre


En la semana por la igualdad entre hombre y mujeres, me apetece publicar este articulo, que avala la necesidad de que los papas se impliquen en la educación de las niñas, para conseguir un mundo mas igualitario 
Mi experiencia ratifica punto por punto todo lo que el articulo expresa. 
Yo tengo una hija y su padre ha estado implicado desde el primer momento en su cuidado y educación.  Hoy mi hija es una joven con múltiples valores, una sana autoestima y de la cual tanto su padre como yo nos sentimos muy orgullosos. Vaya desde aquí mi agradecimiento a mi pareja y padre de mi hija porque hemos podido compartir esa apasionante aventura  de educar a nuestra hija

A veces nos olvidamos, que la importancia de la figura paterna y de la influencia en la vida de una niña.
Marca su forma de relacionarse con otros hombres.
Marca lo que ella demandará y esperará de ellos.
Marcará su forma de hacerse respetar.
Pero sobre todo, la relación con su papá  influenciará en su autoestima, su fortaleza y su necesidad de sentir que su opinión es importante

Cuando un papá sabe escuchar a su hija, sabe dedicarle tiempo y hacerla sentir valiosa,  esa niña crece como una mujer poderosa.

Un estudio del Institute for Families Studies revela que las niñas que convivieron gran parte de su tiempo con sus papás, son más autosuficientes y más asertivas cuando son adultas. Incluso, tienen una mayor oportunidad de terminar la universidad y conseguir un mejor trabajo

Pero, ¿qué es lo que tendría que darle un padre a su hija cuando es pequeña? Además de tiempo y amor, existen algunas cosas que son importantes para el desarrollo de las pequeñas como:
 
1. Ser un buen ejemplo de hombre
Al demostrarle que un hombre debe ser cariñoso, respetuoso y protector, ella no esperará menos de aquél que se acerque a ella para formar una familia. Además, no dejará que los demás la traten mal o de forma irrespetuosa.
 
2. Alimentar su autoestimaEs importante que el papá destaque las habilidades, fortalezas y talentos de su pequeña. Enséñale a conocerse y a amarse a sí misma con sus fortalezas y sus limitantes.

 
3. Darle seguridad
Si desde pequeña tiene tu apoyo y cuidado, tendrá las herramientas necesarias para afrontar cualquier situación que se presente, por más complicada que parezca.
 
4. Enseñarle cosas útiles
Pasa tiempo con ella y enséñale que todas las cosas se pueden solucionar, sin importar si es niña o niño. Con esto le darás las herramientas para valerse por ella misma y no depender de los demás.
 
5. Mostrarle que merece lo mejor
Enséñale que debe luchar por todo lo que quiere; su esfuerzo y dedicación dará los frutos que espera en un futuro.
 
6. Decirle que se exprese con libertad sin dañar a terceros
Es importante que aprenda a expresar lo que siente o lo que piensa de forma respetuosa hacia los demás.
                                                              
Ser padre es una de las cosas más difíciles que un hombre hará, pero sin duda, enseña el significado del amor incondicional.

(Fuente: Naranxadul.com) 

viernes, 16 de febrero de 2018

Pócima Mágica de Equipazo, por Diana Caballero


En los últimos días se podía ver a Panoramix pasear visiblemente preocupado.

El rendimiento del grupo que mantenía a raya a los romanos no estaba al cien por cien, no formaban un verdadero equipo.
Decidió escribir a su amigo el druida D. Meredith Belbin y este encantado le mandó la fórmula de la Poción Mágica para conseguir un Super-equipazo.
Panoramix con la lista de los ingredientes que necesitaba para realizar la poción se lanzó al bosque.
Casualmente pude ver el mensaje con los componentes necesarios y quiero compartir este secreto con vosotros:

Ingredientes:
-El Investigador de recursos.
-El Cohesionador.
-El Coordinador.
-El Cerebro.
-El Monitor evaluador.
-El Especialista.
-El Impulsor.
-El Implementador.
-El Finalizador.

Mi intención es traer a este blog, de una forma diferente y divertida una aproximación a las Investigaciones del D. Meredith Belbin (1969). Psicólogo e Industrial muy respetado.
Realizó un minucioso trabajo que duró casi una década, para dar respuesta a la pregunta de por qué unos equipos tienen éxito y otros fracasan.
Se apoyaba en juegos de simulación, donde se recogían todas las variables, que caracterizan a los problemas que se producen en la toma de decisiones en un entorno empresarial. Los participantes completaban una serie de pruebas psicométricas y un cuestionario de evaluación de pensamiento crítico y en base a eso se hacían los equipos.
Al terminar el ejercicio se presentaban los resultados financieros de cada uno de los equipos (que operaban como una compañía), lo que hacía que se pudieran comparar las compañías clasificándolas en eficaces y menos eficaces.

A través de esta investigación se produjeron muchos hallazgos, entre ellos:

-Se dieron cuenta de que se podían predecir los roles que una persona desempeñaría en un grupo.
-No era la inteligencia sino el equilibrio lo que hacía que un equipo llegara a la excelencia.
-Los equipos más exitosos eran aquellos que contaban con más diversidad de comportamientos, pues diferentes personas se comportan de manera muy distinta ante las mismas situaciones.
-Se descubrió que para alcanzar el éxito era necesario coordinar las aportaciones de los miembros y asignar adecuadamente las tareas.
-Aparecieron 9 patrones diferentes que se denominaron “Roles de equipo Belbin”

Estos Roles eran: “El Investigador de recursos”, “El Cohesionador”, “El Coordinador”, “El Cerebro”, “El Monitor evaluador”, “El Especialista”, “El Impulsor, “El Implementado” y “El Finalizador”.

Los equipos de éxito necesitan de estos 9 roles. Esto no significa que sean imprescindibles 9 personas y que cada una desempeñe un único rol. La mayor parte de las personas se sienten cómodas desempeñando 2 o más roles, e incluso pueden asumir otros si fuera necesario. También podría haber algún rol que no se desempeñara en absoluto.

Desde entonces los 9 roles de Belbin se utilizan en organizaciones de todo el mundo. Esta teoría ha supuesto un antes y un después en la forma de entender cómo desarrollar el potencial de las personas y los equipos en las organizaciones, siendo considerada una de las teorías más relevantes en este ámbito.

“La fortaleza del equipo es cada uno de sus miembros individuales. La fortaleza de cada miembro es el equipo.”  Phil Jackson

Fuente:

martes, 13 de febrero de 2018

La importancia de pedir disculpas a tus hijos cuando te equivocas

Ofrecer disculpas es una gran lección de humildad. Pedir perdón implica reconocer que como todo ser humano te equivocas, que no eres infalible y que tienes cientos de defectos que corregir. Pedir disculpas te engrandece como persona, pero para completar el círculo de aprendizaje es necesario que enmiendes de manera consecuente los errores que cometes, de lo contrario con el tiempo tus palabras sonarán vacías.
Ser mamá o papá te hace un mejor ser humano. Quizás, esto ocurre porque nunca antes estuviste tan compenetrado con alguien tan inocente e indefenso como un niño. Nunca antes te sentiste tan responsable por alguien, mucho menos por una persona tan perfecta y tan bella como tu hijo y eso sin duda invita a crecer por dentro.
Este crecimiento supone superar retos y madurar, una tarea a la que se enfrentan a diario los padres, quienes como todos los seres humanos a veces se equivocan y pueden gritar o juzgar mal a sus hijos, por ejemplo. A veces pasa, sin querer, pero pasa. Por eso es importante que pidas disculpas cuando te equivocas.
Es indispensable hacerlo. No se trata de una mera formalidad, sino más bien de un acto con el que le aportas a tus hijos, entre otros aspectos, seguridad, confianza, reconforte, empatía y asertividad. Además, los ayudas a integrar el perdón como herramienta personal.

Pedir disculpas es dar un paso adelante

Ofrecer disculpas no debe ser nunca un acto vacío, a través del cual pronuncias palabras como: lo siento mucho, disculpa. Y ya. No se trata de eso, sino de reconocer que te equivocaste y de mostrarle a tus hijos que se pueden enmendar los errores de manera activa si se desea.
Una de las lecciones más importantes de disculparse es que es posible aprender de los errores. Aunque te equivoques hay posibilidades de mejorar y de actuar de manera distinta en una futura ocasión.
Rectificar es de sabios, dice el refrán; y para poder hacerlo es necesario aprender de él y modificar la actitud que te empuja a actuar de manera inadecuada. Eso te ayudará a ver los errores como un elemento pedagógico, lo cual no solo te aportará valiosas lecciones a ti, sino también a tus hijos.

El respeto y la coherencia son valores importantes para todos los padres

Saber decir “me equivoqué y voy a intentar enmendarlo”, es una muestra ejemplar de respeto hacia tu hijo como ser humano. Cuando eres capaz de reconocer que te equivocaste y de pedir disculpas a esa persona tan pequeña le demuestras a través del respeto, el amor que sientes por él.
Pedirle disculpas a tus hijos cuando te equivocas te hace un padre o madre consciente, te hace un padre o madre responsable y te hace un padre o madre abierto y que mira hacia dentro. Y es que de esta revisión surge la reflexión de que no eres infalible, que cometes errores y que como, la mayoría de los seres humanos, quieres mejorar.
Es muy ejemplarizante ser un padre coherente, uno que practica lo que predica. Esta es una de las reglas más importantes de una educación basada en el respeto. Y ser coherente no tiene nada que ver con que en casa hayan diferentes opiniones sobre algún acontecimiento o tema; al contrario, resulta muy enriquecedor cuando en el seno de una familia cada quien puede expresar de manera libre lo que piensa sobre algún hecho.
No obstante, las opiniones no tienen nada que ver con la coherencia. Ser coherente se trata de actos, se trata de predicar con el ejemplo. Un padre coherente no es aquel que tiene opiniones diferentes sobre un acontecimiento sino el que respeta a través de sus acciones y de su estilo de vida el cumplimiento de las normas y los valores que rigen su hogar.
(Fuente: Eres mamá)

La importancia de las emociones

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viernes, 6 de octubre de 2017

Los padres echan humo


Aspirar a ser progenitores excelentes lleva a la frustración y la culpa. 

El buen padre o madre tiene autoridad, pero resulta cariñoso y dialogante. Es abnegado y dedica a sus hijos tiempo de calidad, si bien cultiva aficiones como la lectura o el deporte, porque educa con el ejemplo. Jamás pierde el control y logra que los niños sean corteses, aplicados y virtuosos sin levantar la voz ni, por supuesto, dar un cachete. En resumen, en los hogares donde los progenitores son perfectos, los hijos también lo son. Y la convivencia va siempre como la seda. Solo hay un pequeño, minúsculo problema: los padres perfectos no existen. «Debemos ser los mejores padres posibles: los que nuestros hijos necesitan», advierte la psicóloga Silvia Álava.

¿Significa eso que podemos relajarnos y dejar que el mundo se encargue de hacer de nuestros retoños personas de provecho? Claro que no. El filósofo y maestro Gregorio Luri acaba de publicar su último libro, ‘Elogio de las familias sensatamente imperfectas’ (ed. Ariel). «Los niños tienen derecho a tener unos padres imperfectos, a ser frustrados y a conocer los adverbios de negación», o sea, a que les digan ‘no’ cuando haga falta y sin complejos.

Él lo expone con ironía. «Para ser una familia perfecta, ayudaría mucho tener el segundo hijo antes que el primero», asegura. También sería conveniente que los niños nacieran «con más sentido común que energía», tener todo el tiempo del mundo para dedicarles y poder programar los estados de ánimo, de modo que, al llegar de la escuela, nos encontrasen relajados, abiertos y ocurrentes. Mientras eso no sea posible hay que asumir la realidad: antes de tener descendencia, nadie tiene la más remota idea de qué hacer. Dado que la perfección es inalcanzable, conformémonos con lo que está justo debajo: la imperfección sensata.

Álava también aborda el asunto en su libro ‘Queremos que crezcan felices’ (ed. JDEJ). «Hay que tener mucho cuidado con las metas que nos proponemos, porque a veces son imposibles. A menudo proyectamos en los hijos nuestras frustraciones, y pretendemos que estudien un instrumento o practiquen un deporte que a nosotros nos gusta, pero a ellos, no».

La presión sobre los progenitores es mu grande. «Educar nunca ha sido fácil», admite el experto, quien asegura que «una tablilla sumeria escrita hace 3.700 años recoge una discusión entre un padre y un hijo en torno a los deberes escolares». Lo que es nuevo, añade, «es la cantidad de expertos que se dirigen hoy a las familias diciéndoles cómo tienen que hacer las cosas». Una búsqueda somera de manuales para ser buenos padres basta para hacerse una idea. Los hay a cientos. Internet multiplica por mil ese bombardeo de información.  Y sus consejos, supuestamente infalibles, son a menudo contradictorios. Los padres nadan en un mar de dudas. ¿Leche materna o biberón? ¿Colecho o cuna? Las actividades extraescolares, ¿son enriquecedoras o estresantes? ¿Cuántas raciones de verdura necesita un chaval para crecer sano? Con los adolescentes, ¿funciona mejor la mano dura que la negociación?

Tenemos menos hijos, más tarde, y el mundo es más competitivo. Educar no es un concurso, pero a menudo lo parece: las familias tienden a compararse con otras, como si hubiera premio para las que críen los mejores ejemplares. El consumismo hace el resto. La presión del grupo hace sentir mal a quien no compra el móvil, el juego o la ropa que ‘todo el mundo tiene’. Y quizás acierta quien va a contracorriente. Porque lo que necesitan los niños no es de marca: es el amor de su familia.

Hiperpadres y ‘colegas’

Cuanto mayor es la aspiración a la excelencia, más probabilidades de cometer errores. En algunas ocasiones, los progenitores que pretenden ser extraordinarios resultan sofocantes: son los ‘hiperpadres’, siempre encima de sus vástagos, protegiéndoles de todo problema, obstáculo y frustración. «Hay que preparar a tu hijo para el camino, no el camino para tu hijo».

Otros, en su intento de huir de su propia infancia, abandonan el rol paterno y fingen ser ‘colegas’ de sus hijos. «Los niños tendrán muchos amigos, pero solo un padre y una madre. Hay que acompañarles para que aprendan a resolver las cosas por sí mismos».

Y es conveniente no flagelarse por los errores cometidos. «Los padres de antes hacían lo que creían que tenían que hacer y pasaban página. Los de ahora llevan dentro un Pepito Grillo», asegura Luri. Les horroriza la idea de hacerlo mal. Si imponen disciplina, se machacan por ser demasiado autoritarios. Si dialogan, temen haberse pasado de indolentes.

Con las mujeres es aún peor. Ciertos medios de comunicación proponen un modelo de madre imposible, que es capaz de cumplir sus obligaciones laborales, cocinar deliciosas recetas caseras, mantener la casa en perfecto estado de revista, ser un cálido refugio para su prole, atesorar la sabiduría de un doctor en Pedagogía y, además, parecer una modelo. «Tenemos una imagen arraigada culturalmente de lo que es ser madre que no es real y nos hace sentir culpa y frustración –afirma Laura Baena, fundadora del Club de las Malasmadres, una comunidad virtual con cientos de miles de seguidoras–. El club nació con mucho humor, de reírnos de nuestros intentos fallidos por ser esa madre perfecta, y con una lucha social: la conciliación».

El problema, coinciden Luri y Baena, es que las féminas han salido al mercado laboral, pero la mayoría de los hombres no ha entrado en casa. No lo suficiente. Muchas renuncian a su carrera profesional por la maternidad; en ellos es raro. «Mamá no sabe hacer croquetas, pero de noche me lleva a la Luna», reza una camiseta diseñada por el club. Las ‘malasmadres’ reniegan de ‘superwoman’. «Somos madres reales: con mucho sueño, poco tiempo libre, alergia a la ñoñería y ganas de cambiar el mundo. Somos las mejores madres que podemos ser».

El filósofo reivindica el humor y el sentido común. «Me parece esencial bajarse los humos, reírse de las propias incapacidades. Ese padre que se toma tan en serio, que se castiga dándose cabezazos contra la realidad, me parece muy dramático. El irónico dice: ‘He metido la pata, a ver qué aprendo de esto’». «La familia es un ámbito cargado afectivamente, muy intenso. Podemos herirnos de una manera cruel; nadie sabe cómo hundir a una persona mejor que su hermano. Por eso hay problemas de convivencia. La persona sensata no es la que no tiene problemas, sino la que es capaz de afrontarlos sin demasiadas gesticulaciones, sin gritos, con una cierta confianza en sí mismo».

Luri, que ya es abuelo, admite que no habría podido escribir este libro cuando tenía en casa un par de adolescentes: «Habría sido hipócrita, porque entonces tenía más preguntas que respuestas». Reconoce haber cometido errores de bulto, fallos «sonrojantes». «Si lo que has hecho mal no parece que haya dejado heridas y lo que has hecho bien permite mantener los lazos... es para estar contento», concluye. «Ser una familia normal e imperfecta es un chollo: hacerse adulto es aprender a querer a alguien que merece ser querido a pesar de sus imperfecciones».
(Fuente: Ines Gallastegui.- "El Norte de Castilla"

lunes, 2 de octubre de 2017

Personas introvertidas versus personas extrovertidas



Las personas calladas suelen pasar desapercibidas. Rara vez se tiene en cuenta lo que hay tras esa apariencia serena, cauta y silenciosa. Son personas observadoras, exploradoras de los sentidos que conectan de forma más intensa con la realidad, con los pequeños detalles y con esos mundos sensibles que esconden universos variados y apasionantes.
Cada uno de nosotros procesamos la información de forma distinta, eso es algo que ya sabemos. Sin embargo, en ocasiones, se nos escapa que esas diferencias van ligadas sobre todo a nuestro estilo de personalidad. 

Esto es así por una razón muy concreta, a la vez que fascinante. Todo estímulo en el cerebro de la persona introvertida, hace un complejo recorrido vinculado a la memoria emocional, al análisis y la planificación. Por su parte, las personas más extrovertidas tienen un umbral de sensibilidad un poco menor a los estímulos y son muchos más rápidos a la hora de emitir una respuesta o iniciar una conducta.

No se trata ni mucho menos de ensalzar un estilo de personalidad por encima de otro. De hecho, la mayoría de nosotros podemos tener rasgos de ambas dimensiones, aunque nos encontremos más cerca de una de ellas. Lo que queremos exponer con esto es que a día de hoy, ese silencio en la persona introvertida sigue siendo mal entendido e incluso descuidado en los centros educativos.

Personas calladas, aves extrañas en un mundo de extrovertidos

Cada día, maestros y profesores ven en sus aulas a esos alumnos que, sentados en las últimas filas, se pasan toda la clase en silencio, absortos en un punto de la clase o garabateando secretamente en sus cuadernos. No les agrada responder en voz alta las preguntas ni interactuar en las lecciones. No funcionan de ese modo. Sin embargo, los centros educativos, e incluso las universidades, siguen valorando al alumno que participa, que diserta, que levanta la mano y contagia entusiasmo e interés con su actitud.

Ese estereotipo que vincula extroversión con éxito o eficacia, sigue muy arraigado en nuestras mentalidades y en nuestra sociedad. Los especialistas en psicología social, por ejemplo, nos indican que en estas últimas décadas el perfil de la persona extrovertida, carismática pero a la vez egocéntrica y poco sensible a las necesidades ajenas, sigue encumbrando con mucha más fuerza nuestros entornos laborales y nuestras élites políticas.

Es como si el ideario colectivo valorara esos rasgos comportamentales y de personalidad como eficaces sin llegar a ver realmente el desempeño productivo, o la capacidad de crear un clima de armonía entre los grupos de trabajo. Sin embargo, y aquí llega lo más contradictorio, las actuales investigaciones sobre liderazgo nos revelan que las personas introvertidas, calladas, reflexivas y pacientes, propiciarían un rendimiento mucho más elevado y un entorno humano más satisfecho.

Por otro lado, la profesora e investigadora Francesca Gino, de la Universidad de Harvard, realizó un trabajo donde demostró que los líderes con un perfil de personalidad introvertido no abundan demasiado en nuestra actualidad. Son aves extrañas en un mundo donde sigue triunfando la extroversión. Sin embargo, en aquellos entornos laborales donde el departamento de dirección cuenta con líder de estilo pausado, reflexivo a la vez que sensible, actúa como gran facilitador a la hora de potenciar las aptitudes de sus trabajadores.

Los empleados son mucho más proactivos, más creativos y se sienten más felices, porque ese líder introvertido les aporta confianza y nuevas oportunidades.

Las personas calladas y sus mentes

Las personas calladas no son necesariamente tímidas. Son pausadas, tienen otro ritmo, otros tiempos y otras necesidades. Para ellas, el mundo, va a veces demasiado rápido y no alcanzan a poder analizar tal y como desean cada aspecto, cada detalle. Porque cada matiz de su realidad debe pasar primero por el filtro de las emociones, y tal delicadeza, tal meticulosidad lleva su tarea, su lenguaje, su artesanía.
Hay quien encuentra el silencio como algo incómodo e insoportable… Tal vez sea porque tienen demasiado ruido en su interior.

Las personas calladas no se sienten cómodas siendo el centro de atención. No son el satélite de nadie y prefieren orbitar en espacios privados, a veces hasta solitarios. Este estilo comportamental puede suscitar cierta extrañeza ante las miradas ajenas, de ahí, que muchas veces las personas más silenciosas sean etiquetadas de tímidas, apocadas, reservadas o faltas de interés. Sin embargo, es importante saber que este estilo de personalidad esconde sus tesoros y sus bellezas en las profundidades y es ahí donde se halla su incomensurable belleza.

Características de la persona silenciosa e introvertida

- Piensan antes de hablar. Son considerados a la hora de comunicar, saben escuchar, reflexionan y más tarde responden.
- No les agrada la superficialidad. Su foco de interés navega en las profundidades de la realidad, son imaginativos, les gusta relacionar ideas, conceptos, son soñadores y suelen hablar con ellos mismos todo el tiempo.
- Las personas calladas suelen caracterizarse por una buena autoconfianza. No se dejan llevar tampoco por opiniones ajenas, tienen unos valores sólidos y unas ideas claras.
- Prefieren escribir a comunicar. Se sienten más cómodos con la palabra escrita.
- La soledad es un refugio común en la persona introvertida. Sin embargo, cabe señalar que no la buscan como mecanismo de huida, sino como espacio para recuperar la energía y la claridad cuando el mundo les satura con sus estímulos, sus voces, sus prisas y sus rumores.
Porque al fin y al cabo, las personas calladas son cómplices de esa sabiduría que nace de la reflexión, la imaginación y ante todo, del tranquilo silencio.
(Fuente: Mujer)

jueves, 28 de septiembre de 2017

Cuando no estés conforme con tu vida, sencillamente agradece


Es fácil sentirse mal, sentirse inconforme, sentirse ansioso, solo basta con que sembremos pensamientos negativos en nuestra mente y nos aferremos a ellos como nuestra realidad, cuando lo que son es una mera ilusión que nos debilita y nos desgasta.
Lo bueno es que así como podemos adoptar pensamientos que no nos favorecen, lo mismo podemos hacer con aquellos que nos enriquecen y los que de la manera más sencilla nos hacen cambiar de perspectiva son aquellos de apreciación y de agradecimiento.

Agradece por la vida:

La vida es un milagro, es un regalo, no sabemos cuánto tiempo estaremos acá, pero lo importante es aprovechar cada día, ver las maravillas que tenemos a nuestro alrededor, ese hermoso cielo, con sus amaneceres y sus atardeceres, esa naturaleza infinitamente maravillosa que día a día intenta darnos lecciones de cómo vivir mejor y más ligeros, la posibilidad de respirar y con ello cambiar nuestro estado de ánimo. Sencillamente agradece haber tenido un nuevo día, para estar, para ser.

Agradece la posibilidad de cambiar:

Sean muchos o sean pocos, sean adorables o no, siempre tendremos personas a nuestro alrededor o al menos en nuestro corazón que enriquecen nuestra vida, que nos enseñan, que nos muestran diferentes puntos de vista, que nos alimentan el espíritu, que nos apoyan y están de alguna manera pendientes de nuestro bienestar.

Agradece por las pequeñas cosas:

Quizás tenemos la costumbre de agradecer solo por los grandes logros, los grandes acontecimientos, pero hay muchos detalles que pueden llamar nuestra atención y hacernos ver lo afortunados que somos. Una manta caliente en una noche con frío, una llamada de ese ser especial, una mirada noble de un niño, la posibilidad de ver, escuchar, sentir, amar, que son grandes cosas, pero muchas veces las damos por sentado.
Son muchos los motivos que tenemos para agradecer, quizás muchos más de los que tenemos para quejarnos, para sentirnos inconformes, todo está en dónde estamos centrando nuestra atención. Dejemos de lado las quejas, los miedos, las críticas, los juicios y hagamos la sustitución por un acto o una palabra de valoración y agradecimiento. De esta manera activaremos otro tipo de energía a nuestro alrededor y más de lo que nos gusta se hará presente.
(Fuente: Rincón del Tibet)

domingo, 17 de septiembre de 2017

Entre tú y yo: La empatia

¿Que es lo que hace que los seres humanos seamos capaces de adoptar el punto de vista de otras personas sin dejar de ser nosotros mismos? 
¿De dónde viene el placer de compartir, ayudar a los demás y entender? 
 ¿La empatía que ha jugado un papel en la evolución de las especies? y En el ascenso de las civilizaciones? En el vídeo se realiza un análisis de la empatía desde diferentes puntos de vista para aclarar estas cuestiones y ver la verdadera importancia de la empatía en nuestras vidas.

 

jueves, 14 de septiembre de 2017

Técnicas para borrar de tu mente los pensamientos negativos



Pensamientos obsesivos y recurrentes: no permitas que acaben consolidándose en tu mente.

Todos tenemos en mayor o menor medida algunos pensamientos negativos, pero si permitimos que se adueñen de nuestra mente pueden resultar peligrosos para nuestra salud mental.
Los pensamientos negativos recurrentes se consolidan en nuestro cerebro y pueden llegar a ser muy molestos si no hacemos algo para deshacernos de ellos.
La estrategia de “forzarnos a no pensar en ello” es contraproducente.
En el momento en que comenzamos a pensar en cosas negativas, tratamos de expulsar inmediatamente estos pensamientos. No obstante, erradicar los malos pensamientos no es tan fácil como parece, e incluso es una estrategia que puede ser contraproducente.
Combatir esta clase de pensamientos negativos y recurrentes puede incluso anclar estos patrones de pensamiento, con lo cual el problema, lejos de mejorar, se agrava. Lo cierto es que cuanto más tratamos de no pensar en algo, más cuesta sacarnos eso de nuestra mente.
Con el fin de liberarnos de estos pensamientos, será crucial enfocar el problema de un modo distinto, con las técnicas y estrategias adecuadas para limpiar nuestros malos pensamientos de una vez por todas. Aquí tienes siete formas de lograrlo.

1. Modifica tu lenguaje gestual y corporal

Párate un momento a observar cómo te mueves y qué gestos usas al comunicarte con otras personas. ¿Pareces más encorvado de la cuenta o tienes una postura corporal cerrada? ¿Tienes el ceño fruncido? ¿Cruzas los brazos?
Si notas que esto es así, cuidado porque eres más propenso a tener pensamientos negativos. De hecho, un mal lenguaje corporal puede dañar tu autoestima y mermar tu autoconfianza. Cuando nuestro estado emocional no es óptimo, los pensamientos negativos pueden surgir con facilidad.
Prueba a sonreír más a menudo y mejorar tu postura corporal, abriéndote hacia los demás. Esto ayudará a que tengas una mejor comunicación no verbal y a promover un mejor estado mental en el que no tengan cabida los pensamientos negativos recurrentes.

2. No tengas miedo a hablar sobre el tema que te preocupa

No es raro que los malos pensamientos surjan porque tenemos problemas emocionales o de cualquier otro tipo que no hemos sabido comunicar a nadie. Cuando nos guardamos estas sensaciones para nosotros mismos, las cosas suelen ir a peor.
Si consideras que necesitas expresarle a alguien aquello que te atormenta, no dudes en hacerlo. Cuando hablamos con alguien sobre lo que nos preocupa, los pensamientos adquieren una nueva dimensión, los visibilizamos, y esto nos puede facilitar que pongamos en perspectiva. Una buena manera de empezar a borrarlos de nuestra mente.

3. ¿Conoces la meditación y el Mindfulness?

El estrés y la ansiedad con que tenemos que afrontar el ritmo frenético del día a día puede hacer que nuestro pensamiento no descanse ni se oxigene lo suficiente. Es casi imposible poder llegar a gestionar nuestros pensamientos negativos cuando no tenemos ni un minuto de relajación.
Existen distintas técnicas y filosofías que nos ayudan, por ejemplo, la meditación o la filosofía Mindfulness.

4. Cambia tu perspectiva sobre las cosas

En ocasiones, los pensamientos negativos son el reflejo de que estamos mirando la realidad desde una perspectiva equivocada. Prueba a reflexionar sobre tu punto de vista, quizá te des cuenta que no eres totalmente racional a la hora de valorar lo que sucede en tu entorno.
Por ejemplo, en vez de pensar “Estoy viviendo un momento complicado en el que tengo un montón de problemas”, puedes probar a cambiar el marco y enfocarlo así: “Me parece que estoy afrontando ciertos retos que me están exigiendo mucho pero estoy en el camino de hallar soluciones”.
Fundamentalmente el mensaje es el mismo, pero usando la segunda fórmula puedes enfocar los problemas de un modo más optimista. Este pequeño cambio de actitud puede ocasionar una gran mejora en tu percepción de las cosas, puesto que estarás modificando algunas estructuras mentales.

5. La importancia de la creatividad

A veces, los pensamientos negativos se enquistan en nuestra mente y es complicado encauzarlos hacia fuera para ir borrando la mala influencia que tienen sobre nosotros.
Una de las maneras de hacerlo es encontrar una expresión artística o creativa: escribir, dibujar o tocar un instrumento musical puede ser una buena forma de canalizar mediante la creatividad estas malas emociones. Además, está demostrado que el arte puede ser muy terapéutico y logra mejorar tu estado de ánimo.
La creatividad es liberadora. Cuando somos capaces de expresarnos mediante el arte, las dinámicas negativas generadas por tus pensamientos empezarán a debilitarse para dar paso a nuevas experiencias y sensaciones.

6. Pasear y practicar ejercicio físico

Algunas personas piensan que nuestro cuerpo y nuestra mente son dos elementos claramente diferenciados y que realizan sus procesos de forma separada. Por tanto, asumen que los pensamientos se forman en la mente, y que el cuerpo no tiene nada que ver.
Esto no es exactamente así. Nuestros pensamientos también son producto del ambiente en el que vivimos, la calidad de las relaciones interpersonales que tenemos, y muchos otros factores. Te habrás dado cuenta que si estás mucho tiempo cerca de personas negativas, lo más normal es que poco a poco te “contagien” de su actitud y tu estado emocional empeore.
Apartarte temporalmente del ambiente que te crea malestar puede ayudarte mucho. Por ejemplo, dar un paseo activará regiones cerebrales que permanecen casi inactivas cuando estamos sentados. Otra buena idea para borrar los pensamientos negativos es practicar ejercicio físico, puesto que está demostrado que mejora nuestro estado de ánimo y nos reporta una buena dosis de hormonas positivas y relajación.

7. Pregúntate qué es lo que te hace feliz

Algunos pensamientos recurrentes que nos perturban tienen su génesis en una sensación de vacío existencial. Pero, ¿eres consciente de todas las cosas positivas que tienes a tu alrededor?
No es raro que, inmersos como estamos en la rutina diaria y en nuestras respectivas labores, perdamos la perspectiva general sobre las cosas relativamente positivas que tenemos en nuestras vidas. Es esencial pues que demos valor a estas cosas buenas, y darles la importancia que merecen.
Si elaboras una lista con estas cosas de las que puedes sentirte feliz y agradecido, tu estado emocional mejorará. Ten en cuenta que, en ocasiones, muchos aspectos positivos de nuestra vida pasan desapercibidos. Es tu responsabilidad volver a fijarte en ellos y valorarlos.
(Fuente: Rincon del Tibet)