lunes, 5 de septiembre de 2016

Invierte en aquello que te puedas llevar al morir


Hace años cuando compré mi casa mi madre me preguntó justo antes de coger las vacaciones "hija ¿cómo es que te vas de viaje si no has cambiado las ventanas de tu casa?". En ese momento algunas ventanas no cerraban bien y entraba un frío considerable por ellas. Quizás lo "sensato" hubiera sido quedarme, en cambio mi respuesta fue "prefiero invertir mi dinero en algo que pueda llevarme al morir". A día de hoy pienso igual.
Mis ventanas se quedarán aquí. Mis muebles, mi ropa y todo lo que poseo también. Mis viajes, mis lecturas, mis aprendizajes, mis decisiones, mis atrevimientos, mis relaciones, mis recuerdos... Todo eso me lo llevo donde vaya y es lo que me convierte en lo que soy.
Estamos en una sociedad que nos da múltiples ideas sobre dónde gastar nuestro dinero, que nos convence de que somos imperfectos. Deberías quitarte esos kilos de más, deberías de ganar más, deberías de casarte que se te va a pasar el arroz, deberías de ser diez centímetros más alto, deberías de teñirte el pelo que se te ven las canas, deberías de ser mejor madre... Todo a nuestro alrededor indica que ni tú ni yo somos lo esperado, lo perfecto. Y ahora ¿qué hacemos? Una posibilidad es luchar desesperadamente intentando llegar a un ideal absurdo. Para ello compraremos ropa que transmita nuestro gran estilo, nos someteremos a rigurosas dietas y tablas de ejercicios, compraremos la última maravilla antiarrugas, estaremos muy pendientes de lo que llevan y hacen los famosos y sobre todo, nos dejaremos un dineral intentando aparentar ser alguien que no somos. Al final de esta carrera estaremos como el hámster en la rueda: en el mismo sitio. Un lugar muy, muy lejos de nuestro verdadero ser.
Tratar de convertirnos en otra persona cuesta mucho dinero y al final nos quedamos eternamente frustrados. Solo tenemos que observar las barbaridades que nos cuentan en los anuncios. Si quieres ser buena madre debes tener la casa impoluta. También deberías de saber que el mundo está lleno de gente mala que quiere entrar en tu casa, ante la duda téme a todos y, sobre todo, contrata el servicio de seguridad que solo quiere lo mejor para ti . No está de más que compres un coche que ni necesitas ni te viene bien pagar, porque da mucho estatus. Como estos ejemplos, cientos.
Para ello hay que comenzar a tomar decisiones de compra consciente. Tampoco tiene que ser algo drástico, tómate tu tiempo. Las pequeñas decisiones repetidas en el tiempo son las importantes. La próxima vez que vayas a comprar cremas, comida o ropa pregúntate ¿realmente necesito esto? Y, muy importante, ¿qué emoción me impulsa a esta compra? Al reflexionar quizás veas que detrás de lo que compras hay miedo, falta de valoración personal o ganas de aparentar. En tal caso, ahórratelo. Puedes hacer una hucha donde ir echando todo lo que ahorres en esas compras que evitas. Luego gástalo en ti. En viajes, en cursos de cocina sana o de crecimiento personal, en un masaje, en terapia, en clases de yoga, en unas cervezas con los amigos, en una donación a una causa en la que creas, en un buen libro… En algo que te aporte, en algo que cuando conectes con la emoción que te impulsa te llene de alegría, amor o conexión..
El que fue presidente de Uruguay, José Mujica, lo explica de una manera muy lúcida: “Cuando tú gastas, en el fondo lo que estás gastando es tiempo de vida que se te fue”. Quizás no lo hayas visto antes así, lo cierto es que el dinero sale de tu trabajo y ese trabajo son horas de tu vida que dedicaste a eso. Por tanto, al comprar algo estás dando a cambio horas de vida que no volverán ¡que sea por algo que valga la pena!
Si hay algo me preocupa es llegar al momento de la muerte, mirar atrás y darme cuenta de que no entendí lo importante en la vida. Bronnie Ware es autora de un libro llamado “Los cinco arrepentimientos de los moribundos”. Ella ha trabajado años como enfermera en cuidados paliativos. Ha estado en contacto con muchas personas en uno de los momentos más importantes de su vida, la muerte. Escuchar sus inquietudes y reflexiones ha cambiado su vida, algo que ha querido compartir en su obra y que resume en los siguientes arrepentimientos:
1.- Ojalá hubiera tenido el coraje de hacer lo que realmente quería hacer.
2.- Ojalá no hubiera trabajado tanto.
3.- Ojalá hubiera tenido el coraje de expresar lo que realmente sentía.
4.- Ojalá hubiera vuelto a tener contacto con mis amigos.
5.- Ojalá hubiera sido más feliz.
No menciona “ojalá hubiera sido más estiloso”, “ojalá hubiera tenido un Lamborghini” y tampoco dice “ojalá hubiera sido más guapo”. Menciona lo importante de la vida: escucharte, pasar tiempo con los que amas, expresar tus emociones para conectar mejor con los demás y apreciar lo que tienes para ser más feliz.
Recuérdalo cada día y cuando llegue tu momento de dejar este mundo te irás lleno de historias hermosas, de vivencias y, muy importante, de paz.
(Fuente: Raquel Rus)

sábado, 27 de agosto de 2016

La mala costumbre



La mayoría de nosotros vive pensando que esto será eterno. Que somos inmortales y que las desgracias solo le pasan al de al lado. 
Y es que…

Tenemos la mala costumbre de dejar para luego, de reír poco y de querer hacerlo mañana. Tenemos la mala costumbre de echar de menos, en lugar de hacerlo de más. La mala costumbre de usar los luegos y no los ahoras. Luego te llamo, luego te escribo, luego te contesto, luego nos vemos. Y obviamente nunca llamó, nunca escribió, nunca contestó y nunca fue visto. Tenemos la mala costumbre de querer tarde. De valorar tarde. De pedir perdón demasiado pronto. Debería haber un número máximo de perdones. Perdonar nos hace grandes, de acuerdo, pero cuando tienes que perdonar todos los días, al final un lo siento se convierte en el comodín de cualquier pretexto injustificado, innecesario e inmerecido. Tenemos la mala costumbre de defender al malo y descuidar al bueno. De contar mentiras tra la rá y de tener que hacer un máster para descubrir verdades. Mantenemos en nuestra vida “amigos” porque sí y llenamos nuestras agendas de compromisos a los que realmente no queremos ir. Tenemos la mala costumbre de sentirnos mal por decir no y de creernos mejores por decir si.

Tenemos la mala costumbre de esperar a un cáncer, a una mala noticia o a una llamada de que alguien querido se nos fue, para tomar las riendas de nuestra vida y empezar a apreciar cada puesta de sol, cada mañana que te levantas de la cama y cada luna que abrazas en tu almohada. Tenemos la mala costumbre de usar el descuido a diario, olvidando que los pequeños detalles importan, que los pequeños detalles construyen grandes caminos y que cada lunes, puede ser el mejor día de la semana. Tenemos la mala costumbre de quejarnos por todo, de culpar siempre al otro porque claro, tú eres un ser perfecto y nunca, nunca, haces nada. Siempre es la parte contraria. Decimos muy pocos te quieros y hacerlo por primera vez es como “buf que va, no vaya a ser que se asuste”. ¿Asustarse de qué? ¿Cómo una persona puede asustarse porque alguien le quiera?.

Asústate si algún día te vas a la cama sin sentir que quieres a otra persona.
Asústate el día que te vayas a dormir sin decirle a esa persona lo importante que es para ti.
Asústate cuando no le des besos a tu madre y a tu padre.
Asústate cuando seas incapaz de abrazar a alguien y sentir esa sensación tan extraordinaria que producen los abrazos.
Asústate cuando las defensas de tu cuerpo se hayan vuelto inmunes al dolor ajeno.
Y cuando veas una injusticia y no hagas absolutamente nada para remediarlo.
Asústate cuando pases un solo día sin ayudar a alguien.

Asústate de verdad, porque créeme. Estás muerto.

Y es que…

Tenemos la mala costumbre de trabajar demasiado, de cargar con una mochila llena de cosas innecesarias y de comer más de lo que nuestro cuerpo necesita. Tenemos la mala costumbre de creernos mejores que los demás, de bailar poco, fumar mucho y respirar a medias. Tenemos la mala costumbre de ir caminando por las calles de nuestra ciudad mirando al suelo, o a nuestro teléfono móvil. ¿Alguna vez te has dado cuenta de lo bonitos que son los edificios de esas calles por las que pasas a diario? Por no hablar de la luz de las estrellas.

Tenemos la mala costumbre de empezar el gimnasio la semana que viene. De cuidarnos cuando ya es demasiado tarde y de tomar vitaminas cuando estamos enfermos. Tenemos la mala costumbre de creer que el pelo de aquella es mejor que el nuestro. Que su suerte es nuestra desdicha y de compararnos como si fuésemos presa de alguien que busca en comparadores de Internet. Tenemos la mala costumbre de medirnos por nuestros estudios o por nuestra altura. De confundir la belleza con la delgadez y de creernos que no somos capaces de conseguirlo, porque alguien una vez así, nos lo hizo creer. Y no fue nadie más que tú mismo.

Tenemos la mala costumbre de apuntarnos a clases de idiomas, cuando ni siquiera dominamos el nuestro. De querer conocer mundo y viajar lo más lejos posible cuando aún, nos quedan lugares maravillosos por descubrir en nuestra propia tierra.Tenemos la mala costumbre de escuchar poco y hablar demasiado. De dar consejos y juicios de valor sin ser conscientes del poder que pueden llegar a tener nuestras palabras. Dejamos demasiado pronto y tenemos muy poca paciencia. Wasapeamos mucho, dormimos demasiado.

Nos pasamos media vida o vida entera, soñando esa vida perfecta que nos gustaría tener. Cuando somos ajenos a que realmente la vida perfecta es ahora. Es cada momento, cada instante de los segundos que marca el reloj de tus días. Es cada oportunidad, cada sonrisa, cada beso y cada vez que te enamoras. ¡ENAMORÉMONOS TODOS LOS DÍAS DE NUESTRA VIDA! 

Empieza a acostumbrarte a esta vida que a veces es dura. Terriblemente dura. Pero no te lamentes ni te vayas nunca a la cama habiendo hecho daño alguien. Habiendo dejado para luego esos ahoras que nunca llegaron. No habiendo cumplido ese sueño que tanto querías, no habiendo hecho unos kilómetros de más ese día porque tu cuerpo estaba cansado. No permitas que alguien fallezca para luego recordarlo y decirle mirando su foto, cuánto le querías. No dejes que la rutina o la sensación de eternidad descuide lo verdaderamente importante de tu vida.

En definitiva, no dejes que la mala costumbre sea la invitada de honor en los días que te quedan por vivir a partir de hoy.
Quiere ahora, no mañana.
(Fuente: El rincón de Floricienta)

martes, 23 de agosto de 2016

Compatia. La solución para enfrentarse a personas enojadas



Se trata de una palabra que no aparece en el diccionario y que fue acuñada en su momento por uno de las mayores especialistas que existen sobre la resiliencia. Se trata del educador Al Siebert.

Qué es la compatía? ¿Cuál es la finalidad de la compatía?

La compatía es el resultado de unir estas dos palabras: compasión y empatía.

Al Siebert decidió crear este término para dar respuesta a situaciones en las que como persona requieres de una fortaleza emocional significativa y una inteligencia emocional considerable para escuchar y comprender a las personas que están enojadas o molestas contigo.

Por tanto, la compatía tiene como finalidad poder resolver aquellos conflictos que te suceden con personas que están enfadadas contigo por alguna razón. La compatía puede serte de gran utilidad porque, proyectándola hacia esas personas que están enojadas contigo, serás capaz de comprenderlas mejor, tendrás mayor capacidad de resolución y sabrás qué decir y cómo decirlo para que la situación de enojo pueda revertirse en una situación de calma y diálogo.

¿Qué expresiones debes evitar cuando una persona está enojada o enfadada contigo?

Cuando tengas ante ti a una persona muy enojada por algún motivo, evita iniciar la conversación con las expresiones:
Tranquilo
Cálmate
Ponte tranquilo
No te pongas nervioso
Relájate

Cuando dices estas expresiones nunca estás creando opciones. Ahora quiero que te pongas en el lado de la persona enfadada y quiero que te hagas la siguiente pregunta: ¿Cuántas veces estando enojado te has calmado oyendo decir al otro que te pongas tranquilo? A mí no me ha pasado nunca.

Si le decimos a alguien que se calme, lo que pasa es que en muchas ocasiones se pone más nervioso. Y se pone más nervioso porque la respuesta que le damos no es empática, porque carece de compasión, porque es incapaz de generar opciones y mucho menos soluciones. Es más, en algunas ocasiones puede empeorar el estado de ánimo de la persona enojada.

Es por ello que, en lugar de pedirle a la persona enojada que se calme, lo que debes hacer es practicar la compasión y la empatía a la vez mediante lo que Al Siebert denomina la compatía. ¿Cómo? Déjame que te dé algunas pautas de cómo debes hacerlo.

Consejos para resolver conflictos con personas enojadas mediante la compatía.

Cuando tengas delante de ti a una persona muy molesta o enfadada contigo puedes llevar a cabo estos sencillos pasos que promueven la compatía hacia el otro:

1. Empieza preguntando a la persona enojada qué les molesta. Fíjate que, si le preguntas a la persona enojada qué le molesta, lo que estás haciendo es generar opciones en lugar de pedirle que se calme.

2. Escucha atentamente lo que te dice la persona enojada. Es muy importante que en el momento en el que la persona te cuenta lo que le pasa, escuches atentamente a dicha persona. Deja de hacer lo que estabas haciendo, mírale a la cara y mientras te está hablando asiente con la cabeza en señal de demostración de que lo que te está contando te importa.

3. Clarifica la respuesta de la persona enojada con una o dos preguntas. Una vez te haya contado el porqué de su enojo contigo es muy importante que formules a la persona enojada una o dos preguntas que ayuden a aclarar al máximo lo que te ha contado. Es importante que esas preguntas sean lo más concisas posible, y no olvides que deben ser preguntas abiertas para generar más opciones a la persona enojada.

4. Repite lo más fielmente posible lo que te diga la persona ofendida. Es muy importante que la persona ofendida hable y luego escuche por boca tuya aquello que te ha contado. A la persona enojada le ayuda muchísimo escucharse a sí misma por boca de otra persona, porque la percepción de lo que dices y lo que escuchas sobre lo que dices puede ayudar a clarificar y ordenar el pensamiento de la persona.

5. Concede mucho valor al sentimiento que tiene contigo la persona enojada. Es muy importante que expreses comprensión por lo que te ha contado. Pero, cuidado. En este momento no debes ser simpático, sino empático. Esta diferencia en este momento del conflicto determinará muy probablemente su resolución. 

6. Agradece a la persona enojada que haya tenido la valentía de decirte lo que te tenía que decirte a ti en lugar de hacerlo con otros y a tu espalda. Una persona enojada nunca espera que en la conversación para la resolución del conflicto la otra persona le dé algún tipo de agradecimiento. Es un arma tremendamente efectiva y que ayuda a la persona enojada a ir cambiando su visión y estado de ánimo acerca del conflicto.

7. Añade alguna observación que dé riqueza a los argumentos de la persona enojada. Ahora es cuando llega el momento de generar opciones que acerquen posiciones entre tú y la persona enojada.

8. Pregunta a la persona enojada qué es lo que quiere. Esto le permitirá a esa persona verbalizar un objetivo concreto que al decirlo de palabra también será compartido contigo. Es muy difícil que un conflicto se resuelva sin saber cómo se quiere resolver y sin que uno de los dos lo sepa. Compartiendo un objetivo común daréis el primer paso para una posible solución al conflicto que ha causado el enojo.

9. Transforma el objetivo, es decir, transforma lo que quiere o lo que pide la persona enojada contigo en posibles soluciones. Esta es la última fase. Una fase en la que la unidireccionalidad de la persona enojada contigo se transforma en diálogo. Un diálogo que ambas partes deben entender que es la única manera de llegar a posibles soluciones. Es muy importante hacerle ver a la persona enojada que no estáis discutiendo en paralelo, sino que estáis discutiendo posibles soluciones a través del diálogo y de forma bidireccional.

¿Qué efecto tiene la compatía en las personas?

No hay nada más efectivo cuando te enfrentas a una persona enojada que dicha persona perciba que la estás escuchando. En muchas ocasiones en lugar de escuchar se tiende a mirar para el otro lado o pensar en una réplica contundente. Si no escuchas o piensas en cómo defenderte del enojo, difícilmente conseguirás crear opciones frente a la persona enojada.

Soy consciente de que mostrar compatía frente a una persona enojada no es fácil, pero es un indicador realmente valioso de tu capacidad de resistencia frente a las adversidades, de tu nivel de resiliencia frente a un conflicto.

Ten por seguro que, si demuestras la compatía frente a una persona enojada, dicha persona no tardará mucho en darse cuenta de su comportamiento y te pedirá perdón por haberse enojado contigo. De lo que se trata de aprender a ponerte en el lugar de la persona enojada cuando está enojada para establecer opciones y buscar soluciones a través del diálogo.

Además, si sigues estos pasos, lo que harás también es enseñarle el camino a la persona enojada de cómo debe afrontar dicha persona el enojo de otra persona.

Quisiera acabar con la siguiente reflexión: nunca podrás evitar que las personas se enojen contigo sin entrar a valorar si tienen o no tienen razón. Si ves el enojo de una persona como un ataque en lugar de una oportunidad, difícilmente serás capaz de escuchar a la persona enojada y, sin escucharla, difícilmente sabrás por qué está enojada. Por tanto, en lugar de defenderte de dicha persona, escúchale atentamente y genera opciones que permitan la resolución del conflicto.
(Fuente: Santiago Moll)

lunes, 15 de agosto de 2016

La clave de la felicidad no es una ecuación compleja


No estamos programados para ser felices, sino para buscar constantemente la felicidad. Hasta tenemos un neurotransmisor que nos impulsa a ello. La dopamina, que nace en una de las partes más primitivas del cerebro y, a través del sistema de recompensa, fluye hasta el lóbulo frontal, una estructura más evolucionada que nos permite dirigir nuestra conducta hacia un fin.
Esta región del cerebro humano, la más lenta en madurar y la primera en deteriorarse en la vejez, es una especie de máquina del tiempo que nos hace posible rememorar el pasado y vivir el futuro antes de que suceda. A modo de simulador nos ayuda a anticipar sucesos. Y en esa anticipación reside precisamente gran parte de nuestra felicidad... o desdicha.
El problema es que «nuestro cerebro nos da en muchas ocasiones datos erróneos de lo que nos hará o no felices. Cometemos el error de pensar que lo bueno será muy bueno y lo malo, muy malo», como explicaba el psicólogo de la Universidad de Harvard Dan Gilbert, experto en felicidad. Avalado por sus publicaciones en revistas del prestigio de «Science», su best seller «Tropezar con la felicidad» y una de sus charlas en TED, con más de 12 millones de visitas.
Gilbert no se muestra partidario de las recetas: «Mucha gente dice saber lo que hay que hacer para ser feliz y generalmente se equivocan. Hay que ser muy escéptico y cuestionar los consejos para encontrar la felicidad». Él prefiere basarse en datos científicos. Son las estadísticas las que tienen la clave de lo que hace feliz a la mayoría de las personas. Y también las que desmienten en parte lo que las madres suelen aconsejar a sus hijos como receta: encontrar un buen trabajo que dé para vivir bien, casarse y tener hijos. Y es que, dice Gilbert, las madres son muy sabias, pero también se equivocan.
Vivir en pareja
Así que, estadística en mano, pasó revista a estos tres consejos. Las personas casadas son más felices que las solteras o que las parejas de hecho, en eso las madres no se equivocan. Y también viven más. El matrimonio es una buena inversión en todas las culturas, sobre todo para los hombres, resalta Gilbert.
Aunque divorciarse cuando las cosas no van bien también aumenta la felicidad, en especial la de los hombres, que se sienten mejor de inmediato. Las mujeres tardan de media un par de años en volver a ser felices. Los números reflejan que los hijos suponen una exigencia que disminuye la felicidad, en especial de las madres, mientras son pequeños. El pico de infelicidad parental se sitúa entre los 45 y 55 años, cuando la carga de obligaciones es máxima. 
Ayudar a los demás
En cuanto al dinero, aumenta la felicidad en gran medida cuando los ingresos anuales se incrementan hasta 60.000 euros. Por encima de esta cantidad, el dinero ya no está tan relacionado con el nivel de felicidad. Aunque puede aumentar si lo utilizamos en agasajar a los demás. De lo que se deduce que con la crisis actual, la lotería haría sentirse más felices a un buen número de personas. Sin embargo, dejar de trabajar, como sugiere un conocido anuncio, no sería buena idea. Según explica Gilbert, descansar es una de las cosas que menos felices nos hacen, puntuando igual de bajo que trabajar. Sí nos hace sentir mejor practicar actividades placenteras. A la cabeza, el sexo, seguido del ejercicio físico.
Y es que, señala este psicólogo, «la felicidad no se alcanza haciendo cosas exóticas, sino con recetas sencillas, como pasar más tiempo con la familia y los amigos. Somos los animales más sociales del planeta y por eso quienes dedican más tiempo a las relaciones sociales y tienen más amigos son más felices», explica Gilbert.

Superar las dificultades
Gran parte de nuestra infelicidad surge de nuestro interior. Y cita a Shakespeare: «No hay nada bueno ni malo, es el pensamiento humano el que lo hace parecer así». Y es que nuestra especie tiene una estructura evolutivamente reciente, la corteza pre-frontal, que funciona como «un simulador que nos permite imaginar y anticipar cómo serán nuestras experiencias antes de vivirlas. Es algo parecido al simulador de vuelo donde se entrenan los pilotos».
Planificar acciones y tomar decisiones en virtud de experiencias simuladas mentalmente es, a priori, una gran ventaja. Sin embargo, puede convertirse también en la principal causa de que nuestra búsqueda de la felicidad sea errónea: «Esta parte del cerebro suele calcular bastante mal el grado de felicidad o de infelicidad que nos causarán las experiencias futuras. Somos muy malos predictores de la felicidad», resalta.
Acompaña su explicación con ejemplos de personas muy conocidas en Estados Unidos que dicen  sentirse felices pese a circunstancias muy adversas. Como Moreese Bickham, un hombre afroamericano que pasó 37 años encarcelado de forma injusta, parte ellos en el corredor de la muerte totalmente aislado. Su caso fue revisado y gracias a la presión popular fue puesto en libertad a los 79 años. Al salir dijo a los periodistas no lamentar ni un minuto del tiempo pasado entre rejas, que calificó de «experiencia gloriosa».«No hay duda de que la forma de pensar sobre lo que nos ocurre es determinante para alcanzar la felicidad», aclara Gilbert.
Es cierto que no podemos cambiar lo ocurrido, pero sí lo que pensamos sobre ello. En caso contrario la «disonancia cognitiva» nos hará sentir infelices. Aunque el término suene raro, el concepto es tan antiguo que Esopo lo recogió en una de sus fábulas: la de la zorra y las uvas. Muy sabiamente, la raposa, al ver que no tenía forma de cogerlas de la parra, decidió que no merecían la pena porque no estaban maduras. Este cambio de perspectiva es natural para algunos, a otros les cuesta más. «La habilidad de cambiar la forma de pensar es la piedra angular de la psicoterapia», advierte Gilbert.
Pese a todo, nuestra capacidad para recuperarnos de las peores adversidades es asombrosa. El secreto está en nuestro «sistema inmune psicológico», que nos permite superar las adversidades, de la misma forma que el sistema inmune «físico» se enfrenta a las infecciones. «Un 75 por ciento de las personas se recuperan de los peores traumas y vuelven a ser felices al cabo de dos años. Infravaloramos nuestra capacidad de resiliencia».
Tener una mente abierta es fundamental. Las experiencias nuevas ejercitan el cerebro y nos hacen felices. A veces es tan sencillo como planificar un viaje, una de las cosas que más placer nos produce. Y es que la felicidad, como adelantaba una de las asistentes a la conferencia, se trabaja día a día. « Intentar ser más feliz es como bajar de peso. Consiste en comer menos y hacer más ejercicio. No hay dietas milagro. Con la felicidad pasa lo mismo. Hay unas pocas cosas que se pueden hacer a diario y el nivel medio de felicidad irá subiendo», asegura.
(Fuente: Pilar Quijada)

domingo, 19 de junio de 2016

Ser mi propio coach



¿Recuerdas en qué momento de tu vida te has sentido exultante de vida, de fuerza y de energía, sabiéndote capaz de vencer las dificultades y alcanzar lo que te propusieras? ¿Te gustaría ser capaz de activar tus mecanismos internos para volver a sentirte de este modo o reforzar esa sensación?.

Aunque no es fácil verlo la respuesta a todas estas preguntas reside en nosotros mismos; porque nuestra mayor ayuda y nuestro mejor apoyo los vamos a encontrar en nuestro interior, en el coach que llevamos dentro, ese aliado que llevamos puesto a tiempo completo y que nos será de tanta utilidad si aprendemos a hacerlo efectivo y a potenciarlo.

El hecho es que vivimos tiempos complicados y se nos exige (o nos autoexigimos) unos elevados niveles de rendimiento y competencia. Por eso somos muchos los que, de un modo u otro, buscamos cada día ser mejores profesionales y mejores individuos.

Por otra parte, todos los que trabajamos con otras personas somos conscientes de que en el mundo de las relaciones se encuentra el mayor reto de nuestro trabajo. Un reto que también se nos presenta por el mero hecho de ser sujetos que vivimos en comunidad.

Mejorar en esta línea relacional implica potenciar nuestra capacidad de escuchar, comprender (¡y sobre todo comprenderse uno a sí mismo!), comunicar y compartir. Lograrlo supone trabajar en el dominio de determinadas técnicas y en mejorar la gestión de nuestras actitudes y puntos de vista.

Para avanzar de un modo definitivo en este campo es imprescindible conocerse y saber gestionar y superar las dificultades y las sombras que surgirán cada día en nuestro camino. Y estas dificultades podrán ser internas o externas. Lo que quiero decir es que estos obstáculos muchas veces tendrán su origen en causas que nos vengan impuestas por otros y por sus circunstancias. El problema más difícil y más sutil es que, con frecuencia, las dificultades estarán en nuestro interior y en nuestro modo de ver, entender y aceptar lo que nos rodea o lo que somos nosotros mismos.

Para evidenciar la mejora en este campo necesitaremos disponer de una visión clara. Ello nos permitirá identificar los problemas, su entorno y nuestro modo de verlo. También nos ayudará a descubrir nuevas opciones que muchas veces no serán evidentes sin la adecuada reflexión que da una cierta paz interior. Conscientes de todo ello, el objetivo es ponernos en marcha con decisión para alcanzar las metas que pretendamos alcanzar.

Para comenzar, resulta fundamental realizar un viaje interior; buscar, profundizar y comprender los sentimientos, los anhelos y las capacidades. Este viaje interior debe comenzar, en primer lugar, por potenciar la autoconsciencia, lo que yo llamo “estar despierto”, que tiene mucho que ver con lo que ahora llamamos mindfulness o atención plena. El segundo paso consiste en prestar atención al autoconocimiento, trabajando sobre el mundo de las emociones, los sentimientos y nuestra capacidad de identificarlos y gestionarlos.

Una vez que hayamos dado estos dos pasos, el siguiente será identificar lo que realmente deseamos, identificar objetivos y elegir las herramientas para alcanzarlos. Finalmente, para culminar el viaje interior, hay que centrarse en la labor a realizar para alcanzar esos objetivos: organización interna, concentración y optimización en la tarea, evitando dispersarnos o distraernos de nuestro objetivo.

Esta fase de conocimiento interior nos permitirá profundizar en las habilidades personales y trabajar sobre ellas para alcanzar nuestras metas; destacando como habilidades fundamentales: la confianza, la creatividad, la comunicación, la asertividad, la escucha, la empatía, el liderazgo y, como resumen y compendio de todas ellas, la actitud vital.

Parece que esta metodología, ser el coach de uno mismo, pretende dejar sin trabajo a los coaches profesionales. Evidentemente no: La interacción entre dos personas me parece insustituible en muchos casos. Especialmente si una de ellas es un profesional de ayuda. Lo que sí intenta es hacer que de modo individual nos sintamos más seguros de nosotros mismos, más fuertes y más decididos para que seamos capaces de vivir el día a día de un modo diferente. Para que vivamos el presente y miremos el futuro con ilusión y con más esperanza. Para que logremos que, en definitiva, el coach que llevamos dentro nos ayude a estar más seguros de nosotros y a ser un poquito más felices.
(Fuente: Miguel Udaondo)

martes, 14 de junio de 2016

Conductas normales en personas con inteligencia emocional



La inteligencia emocional no es otra cosa que la capacidad de identificar y manejar tus emociones y las de quienes te rodean. Es importante porque afecta la forma en que actúas en tu vida diaria y las decisiones que tomas. Puede darte las herramientas para lidiar con la ansiedad, la depresión, la ira etc..
Cuando hablamos de inteligencia emocional no nos referimos a algo que puedas tocar o ver. Sin embargo, si es algo que define tu comportamiento y forma de enfrentar la vida. ¿Crees que tienes inteligencia emocional? Analiza si tienes estas conductas y si no es así, no te preocupes porque las puedes desarrollar.

Son personas con un amplio vocabulario emocional

Las personas con inteligencia emocional no solo saben reconocer sus emociones. También son capaces de definirlas correctamente.No es lo mismo sentir temor que estar aterrorizado hasta el punto de no poderse mover. Además de reconocer estas emociones debes saber identificarlas por su nombre. Esto te dará una gran ventaja al lidiar con ellas y evitar malos entendidos o la toma de decisiones irracionales.
Pueden parecer cosas sin importancia. Sin embargo, siempre estamos en contacto con otras personas. Esto implica que si no sabes hablar y explicar correctamente tus sentimientos, puedes crear malos entendidos con la otra persona. Quienes tienen un alto nivel de inteligencia emocional saben que cuanto más específicos son en sus problemas, más fácil es encontrarles una solución.

Se interesan por la gente que los rodea

Las personas con inteligencia emocional no están interesados en si quienes les rodean son extrovertidos o introvertidos. Lo que realmente les importa es quién eres como persona, lo que te motiva, lo que puedes ofrecerles y lo que pueden aportarte. Ellos ven más allá de las cosas habituales y no se alejarán de ti solo porque les fallaste una vez. Como amigos te apoyarán siempre que lo necesites.

Sabrás que tienes una inteligencia emocional desarrollada si eres capaz de preocuparte por los demás y lo que les pasa. Es una curiosidad que te llevará a acercarte a quien te rodea con mayor profundidad emocional. Este acercamiento lo harás con la finalidad de ayudar y comprender a quien te rodea.

Aceptan el cambio como parte de la vida

Las personas con inteligencia emocional saben que cambiar es necesario para avanzar. Por ello, no solo están dispuestos a probar cosas nuevas sino que además las buscan. Son flexibles cuando se trata de tomar decisiones y no temen que estas arruinen su éxito, felicidad y autoestima. Al contrario, intentan retarse cada día.

¿Estás dispuesto a arriesgarte para encontrar algo mejor? ¿Eres capaz de actuar cuando parece que te has quedado sin opciones? ¿Los retos te inspiran? Si la respuesta a estas tres preguntas es “sí”, tu inteligencia emocional está desarrollada. Si no es así recuerda que siempre puedes imponerte nuevos retos que te saquen de tu zona de confort.

Son conscientes de sus habilidades y debilidades… y las aprovechan

Nadie es perfecto y eso está bien claro para las personas con inteligencia emocional desarrollada. Por eso se preocupan por conocer sus potencialidades y limitantes. Pero no se conforman con eso, van más allá y les sacan el máximo provecho posible. Una persona con inteligencia emocional promedio se conformará con saber que es bueno para algo y evitar verse afectado por sus debilidades.

Por su parte, una persona con inteligencia emocional desarrollada buscará la forma de aprovechar lo que tiene. Se impondrá retos cada vez que pueda y verá la forma de sacar lo mejor de sus debilidades. Saben que salir de su zona de confort es vital para crecer y evolucionar como ser humano.

No se ofenden fácilmente

Las personas normales pueden sentirse agredidos por ciertas conductas o comentarios. En cambio, las personas con inteligencia emocional desarrollada saben que lo que digan o hagan los demás poco tiene que ver con ellos. No es que no les importe el mundo exterior, pero saben diferenciar el humor o un mal momento de las ofensas reales. Esto se debe a la seguridad y conocimiento que tienen de sí mismos.
(Fuente: La mente es maravillosa)

domingo, 29 de mayo de 2016

La capacidad de estar sol@


Estas palabras de Osho te ayudarán a comprender la importancia del estado de soledad, ése que te permite plenitud y te prepara para amar de verdad.
“La capacidad de estar solo es la capacidad de amar. Puede que te parezca paradójico, pero no lo es. Es una verdad existencial; sólo aquellas personas que son capaces de estar solas son capaces de amar, de compartir, de llegar a lo más profundo de la otra persona; sin poseer a la otra persona, sin depender de ella, sin reducirla a una cosa, y sin volverse adictos a ella. Permiten que la otra persona tenga total libertad porque saben que si se marcha, ellos seguirán siendo tan felices como son ahora. La otra persona no puede arrebatarles su felicidad, porque no es quien se la ha dado.
Entonces, ¿Por qué quieren estar juntos?
Ya no se trata de una necesidad; se trata de un lujo. Intenta comprenderlo. Las personas auténticas se aman porque es un lujo, no una necesidad. Disfrutan compartiendo; tienen mucha alegría, les gustaría derramarla en alguien más. Y saben cómo interpretar su vida como solistas.
El solista de flauta sabe cómo disfrutar a solas de su flauta. Y si por casualidad se encuentra con un guitarrista, un solista de cuerdas, disfrutarán tocando juntos y creando una armonía entre flauta y cuerda. Ambos disfrutarán: ambos derramarán su riqueza en la otra persona.”

viernes, 27 de mayo de 2016

Las potencialidades.- cuento



 Había una vez un rey muy caprichoso que tenía una hija muy hermosa y buena. Quería casarla, aunque puso una condición algo absurda. El estableció que seria elegido aquel hombre que fuera capaz de hacer volar un halcón que desde hace un tiempo estaba posado en una rama. Y nadie, absolutamente nadie hasta el presente había logrado hacerlo. Una cantidad de personajes aparecieron en el palacio y con distintas mañas intentaron que el pájaro volara sin embargo ninguno lo consiguió. 
Cuentan que una mañana el rey se levantó y vio volando al halcón por su jardín. Su hija ya tenia pretendiente y cuando lo mandó a llamar le pregunto como había hecho semejante milagro. Cuando estuvo frente al campesino le dijo: ¿Tu hiciste volar al halcón? ¿Cómo lo hiciste? ¿Eres mago, acaso? Entre feliz e intimidado, el hombrecito solo explicó: "No fue difícil, su Alteza, solo corté la rama, entonces el halcón se dio cuenta que tenía alas y simplemente se largó a volar".
Hay una máxima que dice: "“Si crees que puedes, estás en lo cierto. Si crees que no puedes, también estás en lo cierto”. A veces no somos conscientes de nuestro gran potencial y las limitaciones en la mayoría de los casos son mentales

martes, 3 de mayo de 2016

5 técnicas para manejar mejor tus preocupaciones




Nos preocupamos por el futuro y por el pasado; por la salud, el trabajo y la familia; por cosas que nos afectan a nosotros mismos y a los demás.
Y todas estas preocupaciones, que invaden nuestra cabeza a veces desde el minuto uno en que nos levantamos, perjudican enormemente nuestro descanso y nuestra salud mental.

Ad Kerkhof es un psicólogo clínico de la Universidad Vrije de Ámsterdam, en Holanda, que lleva más de 30 años investigando este fenómeno y dice "la gente normalmente se preocupa por el futuro y cree que al hacerlo logrará hallar soluciones".

Preocuparse es un proceso que genera ansiedad y conduce a la depresión.
"Es normal preocuparse, pero si todos los días tienes los mismos pensamientos y ya no puedes controlarlos, entonces te estás preocupando demasiado", dice Kerkhof.
Según el especialista, hay unas sencillas técnicas que tú mismo puedes poner en práctica para dejar de preocuparte o, por lo menos, aprender a manejar mejor esa ansiedad.

1. Establece un "tiempo de preocupación"

Lo que la mayoría de la gente hace para dejar de preocuparse es repetirse, una y otra vez, que tienen que dejar de hacerlo.
Pero ese método no funciona y produce el mismo efecto que cuando nos repetimos "no pienses en un elefante rosa": nuestro cerebro elimina la palabra "no" de ese mensaje y piensa en dicho elefante.
El método que propone este psicólogo basado en terapias cognitivo-conductuales exploran vínculos entre pensamientos y emociones para provocar cambios psicológicos.
La primera de ellas consiste en establecer un tiempo determinado a lo largo del día para manejar esas preocupaciones, en dos periodos de 15 minutos, uno por la mañana y otro por la tarde.

"Debes dedicar ese tiempo únicamente a preocuparte. De esa manera estableces una misión y después puedes desconectar hasta el próximo tiempo de preocupación".
Así, siempre que una preocupación invada tu cabeza,debes repetirte a ti mismo:"Ahora no. No es el momento de preocuparse".

2. No lo hagas en lugares de descanso

No te preocupes en la cama o en tu sillón favorito. Debes manejar tus preocupaciones como un trabajo y no como parte de tu ocio o descanso.
Piensa en esas preocupaciones y trata de solucionarlas una por una.
Puede ser de ayuda imaginar esas preocupaciones como si se trataran de "nubes que planean sobre tu cabeza y que tu dejas que planeen sobre ti solo durante el tiempo de preocupación, alejándolas después".
Y siempre en lugares que no asocies con tu tiempo de relajación.

3. Utiliza recuerdos positivos

Muchas de las preocupaciones vienen a nuestra mente por la noche y no nos dejan dormir.
Si ese es tu caso, Kerkhof aconseja tras dedicar 5 minutos a manejar tus preocupaciones nocturnas, debes programar otros 10 minutos, inmediatamente después, para pensar en un recuerdo positivo.
Piensa en un momento en que te sentías feliz, orgulloso o relajado, y maneja este pensamiento de la misma forma en la que lo haces con tus preocupaciones.
"Trata de repetirlo 30 veces en tu cabeza, de manera que sigas preocupado, pero esta vez sobre algo positivo", dice Kerkhof.
Analiza todos esos detalles en tu cabeza y llénate de emociones positivas, recordando sonidos, colores y olores de ese momento feliz.

4. Busca distracciones

Cuando te preocupes fuera de tu "tiempo de preocupación", debes buscar distracciones que permitan entretener tu mente y alejarte de esa ansiedad.
Por ejemplo, puedes leer un buen libro, llamar a un amigo o simplemente escuchar tu canción favorita.
Últimamente está de moda desestresarse con libros de colorear para adultos.
Esta técnica no consiste en ignorar tus problemas, sino en afrontarlos en el momento y tiempo adecuados.
La mayoría de nosotros pensamos más en lo negativo que en lo positivo que tenemos a nuestro alrededor y debemos darles a nuestras preocupaciones la atención que merecen.
"Cuando preocuparse se convierte en algo angustioso, puede provocar trastornos de ansiedad, afectar a la eficiencia cognitiva y, como consecuencia, a la productividad laboral y a las relaciones personales"

5. Tómate tu tiempo

Pero, aunque apliques todas estas técnicas, debes tener en cuenta que los efectos no son inmediatos.
Kerkhof puso en práctica la técnica con 200 personas que se preocupaban demasiado y lograron, de promedio, reducir sus preocupaciones en un 50%.
"Preocuparse es como una adicción y si quieres acabar con ella necesitas tiempo para enseñarte, poco a poco, cómo dejar de hacerlo"


sábado, 30 de abril de 2016

Saca la basura de tu mente

El guerrero pacífico es una película motivadora. 
Es un pequeño fragmento de 7 minutos para saborearlo despacio una y otra vez.
Nos muestra cual es el camino para conseguir cualquier meta en la vida. 
Puede ser que en algún momento de la vida nos sirva como automotivación. 

jueves, 28 de abril de 2016

La caja de herramientas para ser feliz por Diana Caballero

El Coaching que comenzó siendo utilizado por empresas punteras de todo el mundo, se ha convertido en una de las herramientas de mas éxito para obtener lo mejor del activo humano . Hoy se aplica con igual éxito en el ámbito personal, contribuyendo a que cualquier persona pueda lograr, acompañado por su coach personal, el objetivo que se proponga; Mejorar las relaciones familiares, conseguir empleo, acabar la carrera, conseguir pareja, lograr un mayor nivel de autoestima, ser el mejor cocinero, un excelente tenista, mejores padres o simplemente personas mas felices. Cualquier objetivo está dentro del ámbito del coaching .
Todos poseemos recursos dentro de nosotros para lograrlo, un Coach te ayudará a despertarlos.

Fragmentos de la conferencia en Segovia de La caja de Herramientas para ser feliz por 
Diana Caballero Miñambres, Coach personal y ejecutivo por la Universidad de Salamanca.

domingo, 24 de abril de 2016

8 creencias que te limitan en tu vida



Las creencias determinan nuestro comportamiento. Así, una creencia constructiva, retadora y estimulante nos hará comportarnos de una manera motivadora e ilusionante a diferencia de una negativa y vacía de entusiasmo.
Las creencias las podemos modificar, lo que nos lleva a plantearnos la responsabilidad que tenemos en ello; por lo que está en nuestras manos decidir qué pensar y por tanto cómo queremos actuar y vivir nuestra vida.
Dentro del catálogo de creencias que tenemos para elegir, existen una serie de ellas que limitan nuestra vida y no nos dejan avanzar en pos de nuestros objetivos. De estas, podemos hablar de ocho que engloban a muchas otras.
1. No Puedo
La creencia acerca de nuestra capacidad de poder nos puede limitar hasta tal punto de no movernos en ninguna dirección. Si ante una situación en la que el resultado no fue el esperado desistimos de intentarlo y dijimos que no podíamos, estábamos poniendo la base a una creencia incapacitante. 
La capacidad de poder la tenemos; nuestra creencia la limita.
2. No Merezco
Desde pequeño nos podemos estar sintiendo que no nos merecemos los éxitos que logremos. Quizás podamos pensar que no somos nadie especial y que el premio ha de ser para los otros que sí se lo merecen.
El mérito es parte de nuestra existencia; el no verlo es negarnos a recibir la abundancia de la vida.
3. No Valgo
Quizás de pequeños nos hayan hecho sentir que no valemos para algo aun cuando ni lo hemos intentado. Tenemos el valor y la forma de verlo es poner en ejecución nuestro talentos y habilidades.
El valor es un don esperando a despertar.
4. No Tiene sentido
La falta de sentido y de misión en la vida nos puede hacer pensar que nada merece la pena y que para qué vamos a luchar por nuestros sueños. Cuando ponemos un “para qué”, estamos viendo un faro que ilumina toda nuestra existencia.
El sentido nos conecta con nuestro motivo más primario.
5. No Importa a nadie
A lo mejor puedes pensar que a nadie le importa lo que tú hagas y que por eso es mejor no hacer nada. Cuando ponemos el foco en lo que dirán los demás en vez de ponerlo en nuestro corazón, nos estamos abandonando.
Te debes importar lo suficiente como para luchar por tus sueños.
6. Sería Egoísta
Podemos tener la creencia de que si hacemos algo porque nos apasiona o nos gusta podemos dar la imagen de que solo pensamos en nosotros. De nuevo estamos cediendo el poder de nuestra vida a otros y esto nos resta energía.
Escuchar tu voz interior no es egoísmo, es Amor.
7. Otros Son Mejores
Nuestra autoestima queda resentida cuando nos comparamos con los demás. Nadie es mejor o peor como personas; tendrá más horas de práctica, diferentes habilidades y distintas maneras de ver las cosas.
Cada uno somos diferentes, únicos e irrepetibles. Ese es el milagro.
8. Me moriré
Otra creencia que nos puede limitar es pensar que al fin y al cabo, un día nos moriremos y que nada de lo que habremos hecho quedará y habrá merecido la pena. Cuando tenemos un sentido vital que transciende nuestra propia persona, podemos estar tranquilos al saber que nuestra existencia tuvo, tiene y tendrá una razón.
La muerte es un paso más en la vida. (Fuente: Carlos Postigo)

jueves, 21 de abril de 2016

10 frases para calmar a un niño ansioso



La ansiedad forma parte del desarrollo normal de los niños. A algunos pequeños les preocupan los cambios,  experimentan una gran ansiedad cuando tiene que empezar a ira ala escuela infantil. Otras veces sus temores son menos concretos o provienen de su fantasía, como el miedo a la oscuridad o a los monstruos. Sin embargo, esos miedos, aunque sean irracionales, también les generan ansiedad. 


Experimentar cierto nivel de ansiedad es normal, pero también es importante ponerle coto para que no se continúe  porque si no  terminaremos criando a niños miedosos y aprehensivos. La estrategia para combatir la ansiedad infantil no consiste en restarle importancia o negarla, sino en validar su existencia y enseñarle al niño a gestionar esas sensaciones. 

¿CÓMO TRANSMITIRLES SEGURIDAD Y SERENIDAD A LOS NIÑOS RÁPIDAMENTE? 

1. “Te amo. Estás a salvo.” La ansiedad nos hace sentir inseguros, en nuestro cerebro se activa inmediatamente una señal de alarma. Por eso, cuando notes los primeros signos de ansiedad en tu hijo, abrázale y hazle saber que está seguro. De esta forma su cerebro se tranquilizará y la ansiedad remitirá. Si es necesario, quédate un rato a su lado. 

2. “¿Qué es lo peor que puede pasar?” La ansiedad es, básicamente, un estado de expectación negativa. La persona cree que pasará algo malo, aunque no puede decir con precisión qué será. Por eso, es conveniente ayudarle al niño a identificar sus peores miedos y pesadillas. Cuando se dé cuenta de que se trata tan solo de una sensación pero en realidad no tiene nada que temer, la ansiedad se disolverá. También puedes ayudarle a buscar una solución en caso de que se verifique el peor escenario posible. Tener un guión estructurado que les permita saber cómo desenvolverse alivia considerablemente la ansiedad. 

3. “Vamos a contar hasta…” Mientras más nos fijamos en las palpitaciones, el nerviosismo o la angustia, más se atenúan estos síntomas. Por eso, una buena estrategia para calmar a los niños ansiosos consiste en desviar su atención de la ansiedad. Para lograrlo, puedes pedirle que cuente el número de personas con relojes que ve pasar si estáis en una consulta o que cuente los árboles si estáis de viaje por carretera. La idea es centrar su atención en cualquier otra cosa que lo mantenga distraído. 

4. “Dibuja cómo te sientes.” Se ha demostrado que dibujar, colorear o simplemente garabatear sobre un papel tiene un increíble efecto calmante. Puedes aprovechar esta actividad como una técnica para calmar la ansiedad de tu hijo. Por otra parte, dibujar es aún más eficaz en los niños pequeños ya que así pueden expresar las emociones que les resulta difícil poner en palabras debido a que aún tienen un vocabulario muy limitado y suinteligencia emocional no está muy desarrollada. 

5. “Somos un equipo inseparable.” En muchos casos los niños pequeños se sienten ansiosos por miedo al abandono, sobre todo cuando sufren lo que se conoce como “ansiedad de separación”. Sin embargo, a medida que crecen y toman conciencia de las expectativas que los padres han puesto sobre ellos, estas también les generan ansiedad. Por eso, es importante que le des seguridad y aproveches cualquier momento para confirmarle que sois un equipo y que siempre puede contar contigo, independientemente de sus errores. Así se sentirá más tranquilo y sabrá que sus padres son un refugio seguro. 

6. “Respira profundamente.” Nunca es demasiado temprano para enseñarle a tu hijo una técnica de respiración. Cuando sufrimos ansiedad nuestro pulso se acelera y la respiración se hace entrecortada, el cerebro capta esos cambios y activa el modo lucha/huída porque cree que estamos en peligro. Respirar profundamente contribuye a que estos cambios fisiológicos vuelvan a la normalidad y el cerebro comprenda que ha sido una falsa alarma y que todo está bien. 

7. “¿Te acuerdas cuando…?” A menudo la ansiedad nubla nuestro raciocinio y borra de un plumazo nuestra memoria porque solo podemos pensar en lo mal que lo estamos pasando. Sin embargo, es probable que en el pasado hayamos pasado por momentos peores. Por eso, es recomendable recordarles esos momentos a los niños ansiosos. Recuérdale, por ejemplo, aquella vez que fue al dentista y lo bien que se portó, o lo bien que lidió con el primer día de colegio, a pesar de su nerviosismo. De esa manera el niño recuperará el control y la seguridad en sí mismo. 

8. “Avísame cuando hayan pasado dos minutos.” La ansiedad se alimenta de la ansiedad. Por eso, una de las estrategias más eficaces para eliminarla consiste en desvirtuar la atención de las sensaciones que estamos experimentando. Pídele a tu hijo que se fije en el movimiento del reloj, hasta que pasen dos minutos. El movimiento de las manecillas del reloj tiene un efecto casi hipnótico que ayuda a relajar la mente. 

9. “A veces las preocupaciones son buenas.” En vez de minimizar los sentimientos de tu hijo, valídalos y explícale que en ocasiones las preocupaciones son buenas, pero que en otros casos simplemente son excesivas. Dile que para evitar sentirse así, lo mejor que puede hacer es buscar soluciones y establecer planes de acción. De esta manera mueves el centro de atención de la preocupación que genera ansiedad a la solución, que brinda seguridad. 

10. “Yo también he pasado por eso.” Cuando experimentamos ansiedad nos sentimos agobiados, saturados por nuestros propios pensamientos, como si estos nos atraparan. Para salir de ese bucle, puedes intentar que el niño se ponga en tu lugar. Cuéntale aquella vez en la que tú también sentiste miedo y ansiedad. De esta forma no solo estás captando su atención para que deje de fijarse en sus síntomas sino que también estarás transmitiéndole la idea de que no está solo y que lo que experimenta es algo normal con lo que todos tenemos que lidiar.